«Cuando vimos asomar la cabeza de Ortega Lara se hizo el silencio absoluto en la nave de Arrasate». DV reconstruye el cautiverio del funcionario de prisiones, a través del relato de uno de los guardias civiles que le liberó
San Sebastián
Sábado, 17 de enero 2026, 20:36
Compartir«Cuando vimos asomar la cabeza de Ortega Lara de aquel zulo, en la nave de Mondragón, se hizo un silencio absoluto. Fue un vuelco brutal en el corazón. Se me hizo un vacío tremendo». Al coronel de la Guardia Civil Francisco Vázquez, responsable de las diligencias del secuestro, no se le borrará nunca de su memoria esa imagen del momento de la liberación de José Antonio Ortega Lara, tras 532 días de cautiverio a manos de ETA. En conversación con este periódico, al cumplirse ayer 30 años del momento del secuestro, el agente relata los largos e incansables meses de investigación que les llevaron año y medio después hasta el edificio Urzu de Arrasate donde la banda terrorista había construido el zulo. Agentes de la Guardia Civil llegaron a estar «semienterrados» frente a la nave junto a unas viviendas, en una zona de césped. «Era habitual que los vecinos saliesen, paseasen perros, pasearan ellos por allí, por lo que los guardias civiles se enterraban en una oquedad y estaban más de 24 horas, entrando a las 3 de la mañana», revela.
José Antonio Ortega Lara fue secuestrado el 17 de enero de 1996. Cuando llegó al garaje de su domicilio en Burgos al regresar de su trabajo en la cárcel de Logroño, se dirigió al maletero a coger su neceser y dos terroristas de ETA le abordaron por la espalda con una pistola. A la voz de 'Quieto o te mato. Somos ladrones, necesitamos tu coche para huir', acabó maniatado en el maletero del vehículo y después trasladado a un camión en el que fue introducido en una voluminosa máquina, un conversor que había sido preparado por ETA a modo de sarcófago con un tubo para respirar. En esa especie de ataúd recorrió los 150 kilómetros que distan hasta el destino final, el zulo que la banda terrorista había construido en el sótano de la nave industrial de Arrasate. Un operativo dirigido por el Servicio de Información de la Guardia Civil de San Sebastián, al que pertenecía el oficial de Operaciones, el entonces teniente Vázquez, logró hallarlo con vida, el 1 de julio de 1997. ETA había asumido la responsabilidad del secuestro el 1 de febrero de 1996 y ponía como condiciones para su liberación que se produjera el reagrupamiento de presos de la banda.
El 17 enero de 1996
Ortega Lara regresaba de su trabajo en Logroño y accedía al garaje de su vivienda en Burgos, donde fue abordado por dos miembros de ETA
Ortega Lara es introducido en el maletero de su propio coche
119km
Marcaba el cuentakilómetros
de su coche, 5 más
que el trayecto desde
la cárcel a su casa
El 17 enero de 1996
Ortega Lara regresaba de su trabajo en Logroño y accedía al garaje de su vivienda en Burgos, donde fue abordado por dos miembros de ETA
Ortega Lara es introducido en el maletero de su propio coche
119km
Marcaba el cuentakilómetros
de su coche, 5 más
que el trayecto desde
la cárcel a su casa
El 17 enero de 1996
Ortega Lara regresaba de su trabajo en Logroño y accedía al garaje de su vivienda en Burgos, donde fue abordado por dos miembros de ETA
119km
Marcaba el cuentakilómetros de su coche, 5 más que el trayecto desde la cárcel a su casa
Ortega Lara es introducido en el maletero de su propio coche
El 17 enero de 1996
Ortega Lara regresaba de su trabajo en Logroño y accedía al garaje de su vivienda en Burgos, donde fue abordado por dos miembros de ETA
119km
Marcaba el cuentakilómetros de su coche, 5 más que el trayecto desde la cárcel a su casa
Ortega Lara es introducido en el maletero de su propio coche
En el interior de aquella máquina, camino del zulo, José Antonio Ortega Lara logró quitarse las esposas, pero de nada le sirvió porque era imposible poder salir de allí. «Tan bien acondicionada estaba que en el camino una patrulla de la Guardia Civil paró el camión a la salida de Burgos, con el secuestrado ya dentro, realizó un control documental y al estar en orden le permitió continuar. En ese momento no había todavía noticia del secuestro, pero demuestra el alto grado de preparación que tenían», relata el coronel de la Guardia Civil. Al llegar a la nave de Arrasate, a Ortega Lara los etarras le dijeron: «¿Sabes quiénes somos? Pues somos ETA y estás 'arrestado'». Le hicieron quitarse su ropa y le entregaron otra para que se la pusiera y lo único que le dejaron fue la alianza. El habitáculo en el que le metieron tenía 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,80 de alto.
Durante meses, desde el momento en que se tuvo conocimiento del secuestro, la Guardia Civil abrió muchísimas líneas de investigación basadas en antecedentes de otros cautiverios, operaciones que estaban activas. Intentaban búsquedas generalistas, desde consumos eléctricos disonantes o el recorrido que pudieron hacer los terroristas para secuestrarlo. «Teníamos muchas operaciones abiertas en Francia en la confianza de que alguna de ellas pudiera dar algún indicio que identificase a los secuestradores. Poco a poco se fue aquilatando y aparecieron anotaciones y documentación incautadas en Francia», rememora. Cuando Ortega Lara ya llevaba muchos meses cautivo, la Guardia Civil abrió una pista nueva de investigación que provenía de papeles incautados a los etarras Juan Luis Agirre Lete, el 27 de noviembre de 1996, y a Julián Atxurra Egurrola, el 23 de julio de 1996. Hallaron una serie de referencias que hacían pensar que podían estar relacionadas con los secuestradores, «la famosa anotación 'BOL 5K'», explica el coronel Vázquez.
Su equipo creyó, en ese momento, que podía haber «una persona o un colectivo que podía tener esa nomenclatura y estar vinculado con el secuestro, ya que se halló la anotación 5K, que hacía referencia a una cantidad de dinero que parecía no concordante, por su volumen, con lo que sería un comando de acción». Empezaron a tirar del hilo y a intentar buscar similitudes. «Se hizo un trabajo analítico de muchos meses, de nombres, de apellidos, de años, de lugares, hasta que llegamos efectivamente a Bolinaga (el etarra Josu Uribetxeberria Bolinaga). Se abrió la línea de investigación 'Pulpo', que permitió la identificación, inicialmente del citado Bolinaga, y posteriormente de los otros miembros del comando: José Miguel Gaztelu Otxandorena, Xabier Ugarte Villar y José Luis Erostegi Bidaguren», repasa.
Ortega Lara fue trasladado oculto en una máquina especialmente preparada dentro de un camión.
El destino era una nave industrial en Arrasate-Mondragón
Arrasate-Mondragón
Burgos
160km
Recorrió el camión por carretera hasta su llegada a la localidad guipuzcoana
Ortega Lara fue trasladado oculto en una máquina especialmente preparada dentro de un camión.
El destino era una nave industrial en Arrasate-Mondragón
Arrasate-Mondragón
Burgos
160km
Recorrió el camión por carretera hasta su llegada a la localidad guipuzcoana
Ortega Lara fue trasladado oculto en una máquina especialmente preparada dentro de un camión.
El destino era una nave industrial en Arrasate-Mondragón
Arrasate-Mondragón
Burgos
160km
Recorrió el camión por carretera hasta su llegada a la localidad guipuzcoana
Ortega Lara fue trasladado oculto en una máquina especialmente preparada dentro de un camión.
El destino era una nave industrial en Arrasate-Mondragón
Arrasate-Mondragón
Burgos
160km
Recorrió el camión por carretera hasta su llegada a la localidad guipuzcoana
Así llegaron a Arrasate y allí abrieron también cientos de líneas de investigación. Iniciaron el control de las actividades de Uribetxebarria Bolinaga, veían con quién se reunía, cuál era su 'modus vivendi' y a qué se dedicaba. «Con la complejidad de la época de la que estamos hablando, para estar viviendo ocultos en un lugar como Mondragón tienes que tener muy buena cobertura, muy buenas capacidades para no llamar la atención, sobre todo porque la preocupación constante era que si éramos descubiertos, podíamos generar algún tipo de sensibilización por parte del comando y podían ejecutarlo o huir y dejarle abandonado». Cuando ya identificaron el entorno de relación de Bolinaga, llegaron a tener la certeza de que podían ser ellos, «por el 'modus' de relación que tenían, por cómo se comportaban, con la tensión de seguridad que mantenían antes y después de verse, lejos de una relación normal entre personas». Además, habían descubierto la existencia de una fábrica «que sí que tenía actividad comercial como tal, pero entraban y salían de una manera muy extraña». «A veces metían comida, barras de pan, pero luego iban a restaurantes, incluso en alguna ocasión, pernoctaban en la fábrica», detalla Vázquez.
Tras reunir muchos indicios llegaron al convencimiento de que podía estar en ese almacén. «Empezamos a estar muy incómodos por la sensibilización propia que teníamos, por llevar varios meses en la zona, y se procedió a proponerle a la autoridad judicial la explotación de las operaciones», relata. La actuación estaba fijada para la 1.30 de la madrugada, pero la actuación simultánea sobre los cuatro domicilios de los etarras se retrasó hasta pasadas las 3 de la mañana «porque algunos de ellos, permanecían despiertos y no permitían la detención por sorpresa».
Oquedades, radares y sensores
Desplegados hasta 300 guardias civiles en toda la operación, el Servicio de Información de San Sebastián, dedicó parte de los efectivos a la entrada por sorpresa en la fábrica. «Llevábamos equipos tecnológicos para intentar buscar en oquedades, llevábamos radares y sensores, teníamos diferentes especialistas en electrónica, en desactivación de explosivos...». Es en ese impás cuando recibieron la noticia de la liberación de Delclaux «y nos descoloca porque se barajaba la hipótesis de que podían estar juntos. También parecía un poco extraño que hubiesen liberado a Cosme Delclaux tan cerca de donde estaba operando el otro comando. Es cierto que por ese motivo reinó un poco de desconcierto, pero finalmente esperamos a que los objetivos se durmiesen, que apagasen las luces y pudiésemos entrar por sorpresa». Sabían que en esas casas iban a encontrar «muy pocas pruebas» y nos trasladamos a la fábrica.
Una pista proviene la agenda incautada a un cabecilla de ETA detenido en Francia. En ella los investigadores deducen que la anotación ‘5k’ significaba 5 kilos (5 millones de pesetas) asignados a un tal ‘BOL’ (Bolinaga) para el secuestro
José Manuel Uribetxeberria Bolinaga
Seguimiento
La Guardia Civil analizó durante meses a Bolinaga y a las otras tres personas. Vigiló las entradas y salidas de la nave industrial de Arrasate. Las entradas con grandes cantidades de comida indicaban que podían estar alimentando a más personas. Tras consolidar indicios, el juez Garzón autorizó el operativo nocturno
Una pista proviene la agenda incautada a un cabecilla de ETA detenido en Francia. En ella los investigadores deducen que la anotación ‘5k’ significaba 5 kilos (5 millones de pesetas) asignados a un tal ‘BOL’ (Bolinaga) para el secuestro
José Manuel Uribetxeberria Bolinaga
Seguimiento
La Guardia Civil analizó durante meses a Bolinaga y a las otras tres personas. Vigiló las entradas y salidas de la nave industrial de Arrasate. Las entradas con grandes cantidades de comida indicaban que podían estar alimentando a más personas. Tras consolidar indicios, el juez Garzón autorizó el operativo nocturno
Una pista proviene la agenda incautada a un cabecilla de ETA detenido en Francia. En ella los investigadores deducen que la anotación ‘5k’ significaba 5 kilos (5 millones de pesetas) asignados a un tal ‘BOL’ (Bolinaga) para el secuestro
José Manuel Uribetxeberria Bolinaga
Seguimiento
La Guardia Civil analizó durante meses a Bolinaga y a las otras tres personas. Vigiló las entradas y salidas de la nave industrial de Arrasate. Las entradas con grandes cantidades de comida indicaban que podían estar alimentando a más personas. Tras consolidar indicios, el juez Garzón autorizó el operativo nocturno
Una pista proviene la agenda incautada a un cabecilla de ETA detenido en Francia. En ella los investigadores deducen que la anotación ‘5k’ significaba 5 kilos (5 millones de pesetas) asignados a un tal ‘BOL’ (Bolinaga) para el secuestro
Seguimiento
La Guardia Civil analizó durante meses a Bolinaga y a las otras tres personas. Vigiló las entradas y salidas de la nave industrial de Arrasate. Las entradas con grandes cantidades de comida indicaban que podían estar alimentando a más personas. Tras consolidar indicios, el juez Garzón autorizó el operativo nocturno
José Manuel Uribetxeberria Bolinaga
Con presencia de la autoridad judicial, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón iniciaron el registro. Al entrar allí, Vázquez recuerda una sensación «de angustia». «Era de noche, estábamos en una nave muy fría, con mucho material, con mucho herraje, mucha maquinaria, totalmente desordenada, sucia... Aquello estaba destartalado y era inmenso», describe.
Vázquez relata que llevaban bastantes minutos registrando los domicilios y los objetivos «aparentemente indicaban una coartada bastante trabajada sobre por qué y cómo iban a la fábrica… Eran personas muy maduras y lo tenían todo muy preparado y estudiado». Reconoce que sintió «vértigo, mucho vértigo». «Pese al frío, la humedad y los nervios, la sensación era de decir 'venga, vamos a ver cómo lo encontramos. Llevamos demasiados meses buscando muchas cosas y haciendo muchas cosas y sabíamos que en ese momento empezaba lo más difícil, que era encontrarlo y encontrarlo con vida, claro».
La búsqueda empezó «por todos los lugares de la nave a la vez. Empezamos a registrar lo visible y lo evidente. Pero poco a poco, empezamos a ver y a meter herramientas tecnológicas, radares y demás, para ver si había alguna oquedad y nada. Fue un poco desconcertante. Registrábamos, veíamos lo que había y no éramos capaces de identificar signos de nada», explica. Habían estudiado la geometría de la fábrica antes de entrar, sabían que había un lado del edificio que daba al río Deba. «Causaba mucha inquietud no saber qué hacer. Además, era una zona muy maciza, un suelo de cemento que no presentaba ningún elemento identificativo», rememora.
-¿Cuál fue el momento más delicado de tantas horas de búsqueda?
-Cuando empiezan a pasar las horas y los minutos y no identificamos el sitio del cautiverio. Bolinaga, presente en el registro, no colabora de ninguna manera. Cuando también el juez dice que, bueno, que va a ir a tomar declaración a Cosme Delclaux. Nosotros queremos seguir y le pedimos continuar con el registro a pesar de que él se vaya. Porque seguíamos teniendo el convencimiento de que estaba allí y, además, no habíamos empezado todavía el registro exhaustivo. Nuestro planteamiento a partir de allí era hacer catas en el suelo y si teníamos que tirar paredes, hacerlo. Pero necesitábamos mucho tiempo. Estábamos convencidos de que no íbamos a sacarlo en dos horas de registro. También sobrevolaba la idea de que a lo mejor no estaba, pero la voluntad colectiva de los más de ciento y pico que estábamos allí dentro era de absoluta seguridad de que sí que podía ser el lugar en el que estaba secuestrado».
Llegó un momento que ya habían «cuadriculado y sectorizado» la fábrica y decidieron registrar de manera exhaustiva por cuadrados. «Había unas máquinas tremendas, ancladas al suelo, y suponía desmontar y remover todo, registrar cada máquina y desmontarlas para ver si internamente tenía algún agujero o habitáculo», repasa. Algo se movió justo en el momento en el que el juez Garzón quería irse a tomar declaración a Delclaux. Estaban organizándose para hacer toda la búsqueda más pormenorizada, cuando un agente de la Unidad de Intervención que ya había empezado a remover alguna de las máquinas que estaba atornillada al suelo, «levantando un brazo articulado, por fuerza bruta, vio que se levanta una especie de trampilla de medio metro de diámetro». Se acercaron, se concentraron todos sobre ese punto y vieron que se podía seguir tirando de la máquina para arriba, como si hubiese una especie de elevador cilíndrico. «Lo dejamos aproximadamente un palmo abierto y Bolinaga, que no había colaborado en ningún momento, se derrumba e incluso nos dice y nos explica cuál es el mecanismo de apertura. La trampilla se abría ejerciendo la acción sucesiva de varios interruptores. Pero no sirvió porque, al haber intentado la apertura por la fuerza, el sistema se había atascado. Y hubo que forzarlo hasta que quedó el espacio suficiente para acceder por el hueco redondo, pequeño y estrecho que daba acceso a la celda subterránea».
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Así llegaron a Mondragón y allí abrieron también cientos de líneas de investigación, iniciaron el control de las actividades de Uribetxebarria Bolinaga, veían con quién se reunía, cuál era su 'modus vivendi' y a qué se dedicaba. «Con la complejidad de la época de la que estamos hablando, para estar viviendo oculto en un lugar como Mondragon tienes que tener muy buena cobertura, muy buenas capacidades para no llamar la atención, sobre todo porque la preocupación constante era que si llamábamos la atención, podríamos generar algún tipo de sensibilización por parte del comando y podían ejecutarlo o huir y dejarle abandonado». Cuando ya identificaron el entorno de relación de Bolinaga, llegaron a tener la certeza de que podían ser ellos, «por el modus de relación que tenían, por cómo se comportaban con la atención de seguridad antes y después de verse, lejos de una relación normal entre personas». Además, habían visto la existencia de una fábrica que sí que tenía actividad comercial como tal, «pero entraban y salían de una manera muy extraña». «A veces metían comidas, barras de pan, incluso sacaban barras de pan, en alguna ocasión, pero no estaban en la fábrica como una jornada laboral.
«Era extraño porque metían y sacaban pan de la fábrica aunque no fuera jornada laboral»
Francisco Vázquez
Coronel de la Guardia Civil e instructor de las diligencias del secuestro
Cuando lograron abrir el cilindro «hubo un gran alboroto». Un guardia civil entró y confirmó que lo habían encontrado y que estaba vivo. Ortega Lara pensó que eran terroristas disfrazados. «Estaba ya en un estado de desquicie brutal y le decía al agente 'mátame ya'». «Asomó la cabeza, vio lo que había afuera y se metió otra vez para adentro, no quería salir. Le dejamos un tiempo para que estuviese preparado para salir y ya se convenció».
60
agentes registraron durante toda la noche la nave de tres plantas y más de 687 m2
Una máquina fijada al suelo llama la atención de un agente. Tras desatornillarla y moverla descubren una entrada
Un agente accede a una estancia usada como cocina por los etarras, previa al zulo
1,80m
2,5m
3 m
El agente tarda en convencer a Ortega Lara de que salga a la superficie debido a su estado psicológico
60
agentes registraron durante toda la noche la nave de tres plantas y más de 687 m2
Una máquina fijada al suelo llama la atención de un agente. Tras desatornillarla y moverla descubren una entrada
Un agente accede a una estancia usada como cocina por los etarras, previa al zulo
1,80m
2,5m
3 m
El agente tarda en convencer a Ortega Lara de que salga a la superficie debido a su estado psicológico
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agentes registraron durante toda la noche la nave de tres plantas y más de 687 m2
agentes registraron durante toda la noche la nave de tres plantas y más de 687 m2
Una máquina fijada al suelo llama la atención de un agente. Tras desatornillarla y moverla descubren una entrada
Un agente accede a una estancia usada como cocina por los etarras, previa al zulo
1,80m
2,5m
3m
El agente tarda en convencer a Ortega Lara de que salga a la superficie debido a su estado psicológico
60
agentes registraron durante toda la noche la nave de tres plantas y más de 687 m2
Una máquina fijada al suelo llama la atención de un agente. Tras desatornillarla y moverla descubren una entrada
Un agente accede a una estancia usada como cocina por los etarras, previa al zulo, donde encuentran a Ortega Lara
1,80m
2,5m
3m
El agente tarda en convencer a Ortega Lara de que salga a la superficie debido a su estado psicológico
-¿Qué sintió usted al verle?
-Fue una sensación de congoja verle en las condiciones que salía. Ese momento no se me olvidará nunca, ni esa imagen, ni luego, al entrar en el zulo, el hedor interno de la humedad, de sensación de claustrofobia, de angustia dentro de cuatro paredes de madera, mohosas, un hedor entre orín y sudor que prácticamente se te quedaba en la garganta. Ese olor me acompañó días y días, no se me quitaba de la garganta.
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Vázquez reconoce que superados los segundos de «impacto brutal, fue una explosión de alegría y de abrazos con mis compañeros. Llevamos muchos meses de mucha tensión, muchas líneas de investigación que veías que no eran, el miedo de las horas previas que habíamos pasado, el vértigo a equivocarte, de saber y ser consciente de que si no lo liberábamos, sabíamos que lo iban a matar o a dejar morir por inanición». Recuerda que también fue consciente «del grado de horror y de maldad de algunas personas, porque Bolinaga, consciente de que en un momento determinado podíamos finalizar el registro sin encontrarlo, no habría mostrado ningún grado de humanidad ni de empatía, pensando que dos metros por debajo había una persona en unas condiciones de salud terribles».
El zulo
Un acceso con ascensor hidráulico daba paso a una antesala donde los etarras vigilaban el habitáculo donde mantuvieron secuestrado a Ortega Lara (@desolvidar/YouTube)
El trabajo dio sus frutos y de la esperanza se pasó a la emoción, la alegría y el alivio. «Cuando logramos abrir el cilindro hubo un gran alboroto, pero luego se hizo el silencio, esperando la noticia de si estaba dentro o no. Cuando Ortega Lara ve entrar al guardia civil piensa que es un terrorista y que le van a matar. Estaba ya en un estado de desquicie brutal. Le dice: «Mátame ya». Estaba muy consumido. Le dejamos un tiempo para que estuviese preparado para salir, y efectivamente, cuando asomó la cabeza y vio lo que había afuera, se metió otra vez para adentro, no quería salir.
532 días después de que los etarras le trasladaran a Arrasate en aquella máquina dentro de un camión, Ortega Lara fue liberado con 23 kilos menos y pérdida de masa muscular y densidad ósea tras soportar el secuestro más largo de ETA.
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El propio Bolinaga fue quien reveló a la Guardia Civil que la máquina compresora en la que le encerraron para transportarlo también estaba en aquella nave. «Si no nos la abre Bolinaga y nos dice que esa es la máquina, no hubiéramos sido capaces de saberlo. En ese momento hizo un ejercicio de total narcisismo y empezó a contar detalles», cuenta el coronel Vázquez, satisfecho de que aquel arduo trabajo acabara con éxito.
Créditos
Narrativa Visual Iñigo Puerta
Fotografías Archivo DV/A3 TV
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