Carles Porta, el conocido investigador experto en crímenes reales, debuta en el terreno de la ficción como productor en una historia basada en la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent, en Lleida, aprovechando un traslado hospitalario en octubre de 2001
Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de '33 días'. (RC) 27/06/2026 a las 00:06h.El tirón del formato «true crime» es incontestable. Un fenómeno imparable que ha encontrado su hábitat ideal en las plataformas en streaming. El periodista ... Carles Porta es un nombre esencial en este campo. Su serie documental adscrita a este género, 'Crims (Crímenes)', popularizada inicialmente en Cataluña, se fue viralizando gracias a Internet, fue programada en otras pantallas y catapultó el trabajo de un investigador inquieto con una metodología clara que intenta innovar a cada paso en su trayectoria audiovisual. Tras 'Luz en la oscuridad', para Movistar Plus+, 'Tor' y otras propuestas en la misma línea (podcasts incluidos), siempre con algún toque de creatividad, se ha estrenado '33 días', la primera incursión del también productor en la ficción pura y dura. La exposición de crímenes reales, sobre todo cuando se explota el dolor de quienes han vivido la tragedia con fines sensacionalistas, no es plato para todos los gustos, la visión es discutible, pero hay títulos que, indudablemente, merecen la pena por su concienzuda labor de investigación, sin artificios, y por su originalidad en la mirada, como es el caso.
33 días duró la fuga, de ahí el titulo de este lanzamiento que abre un nuevo camino en la carrera de Porta, que siempre sabe rodearse de grande profesionales para llevar a cabo sus proyectos. De alguna manera, se inventa un nuevo formato, integrando en la ficción algunas entrevistas a los personajes principales, explorando sus perfiles psicológicos y su extraña relación afectiva. Sobrevivir era su meta. No volver a entrar en la trena. Desaparecer y rehacer sus vidas.
Licencias creativas
'33 días' funciona bajo la etiqueta «basada en hechos reales», con los oportunos cambios en los nombres de los protagonistas y las inevitables licencias creativas para que la historia gane ritmo en pantalla. Brito y Picastoste, aquí Prieto y Calatrava, llevan el peso de la acción, que también se reparte entre algunos agentes que buscan desesperadamente a los convictos fugados. Nausicaa Bonnín ('La infiltrada') y Pau Durà ('La ley del mar') forman parte del cuerpo policial que persigue a los presidiarios, cuya extrema amistad, a priori, aporta más incógnitas que respuestas.
Los proscritos son aparentemente inseparables. Indagar en su relación, de dependencia y protección, es una de las bazas de la justicia para su captura, pero todo se complica a cada paso que dan, precipitándose los giros en el guion, extraídos de la realidad. Completan el reparto Blanca Parés, Xavi Sáez, Alba Pujol, Joan Solé, Esther Noya, Guillem Balart y Guillem Albasanz, entre otros rostros.
Porta, cuyo sello vende, y su equipo consiguen, a lo largo de seis capítulos, ofrecer un «true crime» diferente y, en paralelo, regalar a los seguidores del formato thriller una serie que esquiva topicazos, aunque haberlos haylos. '33 días' disecciona la intimidad de los protagonistas y señala las posibles razones de su comportamiento. No hay conformismo en la exposición de los hechos. Además de la descripción de la gran escapada, hay un claro interés en conocer las razones del comportamiento de una pareja de delincuentes poco usuales que estaban cerca de la libertad. Se han suavizado algunos pasajes, en favor de un realismo necesario, con un montaje que huye de fórmulas manidas, reivindicando una narrativa que tira de fertilización cruzada (con el inserto de algunas imágenes documentales reales, de noticiarios de la época).
Loable el trabajo actoral, especialmente el de Poga y Villagrán, cuya química es uno de los grandes valores del relato, tenso por momentos. Ambos artistas modulan la voz y se adaptan a los modales de los roles reales, explayándose físicamente con acierto, apoyándose en la documentación de la investigación.
Prieto es un tipo duro y desvergonzado, el bestia de la pareja fugada; mientras Calatrava, acusado de delitos menores y ex-adicto, es el débil y dependiente del dueto, con más mundo interior. Ambos acarrean una mochila con serios traumas emocionales, con heridas que parecen incurables. Estamos ante una apuesta que busca llamar la atención de otros públicos, ampliar audiencias y seguir exprimiendo la pasión por los «true crime», dramatizando un caso real que puso en solfa la labor policial y mantuvo en vilo a los ciudadanos del lugar, cuya sensación de peligro e inseguridad fue alimentada por el eco mediático amarillista.
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