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5.000 estudiantes de Stanford le han entregado su vida amorosa a lo que decida un algoritmo. Y está consumiendo a la universidad

5.000 estudiantes de Stanford le han entregado su vida amorosa a lo que decida un algoritmo. Y está consumiendo a la universidad
Artículo Completo 1,317 palabras
Es martes a las 21:00 en Palo Alto y el silencio de los dormitorios de Stanford se rompe por una notificación simultánea: es Date Drop. En segundos, los pasillos se llenan de estudiantes que, según The Wall Street Journal, se "apiñan" sobre sus pantallas con una mezcla de ansiedad y esperanza. Ben Rosenfeld, asistente residencial, describe el fenómeno como una "fuerza que lo consume todo": los alumnos no hablan de otra cosa mientras descubren si su destino esa noche es una cita con bebida gratis en el On Call Café o una queja anónima en el foro Fizz. Lo que comenzó como un simple proyecto de clase ha escalado hasta convertirse en un fenómeno sociológico masivo que ha secuestrado la vida social del campus. Las cifras son contundentes: en una universidad de aproximadamente 7.500 estudiantes de pregrado, más de 5.000 ya han entregado su vida amorosa a las decisiones de este algoritmo. De una tarea de clase a una startup millonaria. El arquitecto de esta obsesión es Henry Weng, un estudiante de posgrado en informática que codificó la plataforma en apenas tres semanas. Según detalla TechCrunch, lo que Weng inició como una herramienta para ayudar a sus compañeros se ha transformado en The Relationship Company, una startup que ya ha levantado 2,1 millones de dólares en capital riesgo.  La lista de inversores incluye pesos pesados de Silicon Valley como Mark Pincus (fundador de Zynga y de los primeros inversores de Facebook), Elad Gil (de los primeros inversores en Airbnb, Stripe y Pinterest) y Andy Chen (exsocio de Coatue). Éxito. La premisa ha sido tan exitosa que ha trascendido los muros de Stanford. El servicio se ha expandido a otras diez universidades de élite, incluidas Columbia, el MIT, Princeton y la Universidad de Pensilvania. Weng, quien curiosamente cursó una asignatura llamada "introducción a payaso" que le enseñó a "deleitarse en el fracaso", parece haber encontrado una fórmula ganadora lejos de fallar. "Nuestras coincidencias se convierten en citas reales a una velocidad diez veces superior a la de Tinder", asegura a TechCrunch. En Xataka Adiós cenita romántica, hola montar muebles de Ikea: las "citas de tareas" son la nueva forma de filtrar a tu futura pareja La optimización del amor en la era de la fatiga. El éxito de Date Drop no es casualidad; es sintomático de una generación agotada y de un entorno obsesionado con la eficiencia. Como señalan en The Wall Street Journal, es una solución muy Stanford para un problema muy Stanford. En un campus donde los estudiantes son high achievers (personas de alto rendimiento) enfocados obsesivamente en el éxito académico y profesional, la interacción social orgánica se ha atrofiado. "La gente tiene dificultades para iniciar conversaciones en general, y mucho más para interacciones románticas", explica la estudiante Alena Zhang al medio. Pero el problema va más allá de Stanford. Un análisis de Forbes revela una crisis generalizada en el mundo de las citas digitales: el 78% de los usuarios reporta agotamiento emocional o mental por el uso de apps tradicionales. El ghosting (sufrido por el 41% de los encuestados) y la sensación de que los perfiles son un catálogo de mentiras han creado una fatiga crónica.  A esto se suma la "Paradoja de la Preparación" (Readiness Paradox). La Generación Z desea encontrar el amor más que cualquier otra generación anterior, pero se siente paralizada por el miedo al "fracaso público". Han sustituido el pedir una cita cara a cara por pedir el Instagram, entrando en un ciclo de "tanteo" infinito. Date Drop parece romper esa parálisis externalizando la decisión: ya no tienes que elegir y arriesgarte al rechazo público; el algoritmo elige por ti. Adiós al Swipe, hola a los datos. La aplicación se aleja radicalmente de la mecánica de Tinder. No hay fotos para deslizar compulsivamente a la izquierda o derecha. El proceso, detallado en la propia web, comienza con un cuestionario de 66 preguntas diseñado para capturar la esencia del usuario. No se trata solo de gustos superficiales, sino de valores profundos y posturas políticas: "¿Es esencial tener hijos para una vida plena?", "¿Cuáles son tus valores fundamentales: ambición, curiosidad, disciplina?". Weng explica que el sistema utiliza "teoría de emparejamiento" económica estándar combinada con una Inteligencia Artificial que se entrena con los comentarios (feedback) de las citas que ocurren. No obstante, la característica más innovadora —y maquiavélica— es el componente social. La plataforma permite a los amigos jugar a ser Cupido. Wilson Adkins, un estudiante de primer año citado por el WSJ, descubrió que sus amigos habían "conspirado" a través de la app para emparejarlo con una chica de su residencia. El algoritmo validó la conspiración con una puntuación de compatibilidad del 99,7%. No todo es perfecto en el paraíso de los datos. A pesar del entusiasmo y los millones de inversión, el camino no está exento de obstáculos. Date Drop no es el primer intento de automatizar el amor en Stanford. En 2017 nació The Marriage Pact, un proyecto similar que ya ha generado 350.000 emparejamientos. Según el WSJ, los creadores de este proyecto original enviaron una carta de "cese y desista" a Weng en noviembre, alegando que el marketing de Date Drop les resultaba demasiado familiar. Además, la tecnología tiene límites frente a la realidad logística. Gabriel Berger, otro estudiante, relata que, aunque tuvo una gran conexión con su match, sus agendas eran incompatibles: él era vicepresidente de su fraternidad y ella tenía ensayos de danza. "No estamos interactuando bien", concluyeron. Por su parte, Mila Wagner-Sanchez, estudiante de primer año entrevistada por Business Insider, añade una nota de realismo: la novedad se desvanece. Tras una primera cita divertida (con un amigo), y un segundo match que nunca le escribió, la presión de los exámenes parciales hizo que la app pasara a un segundo plano. "Estaría abierta a intentarlo de nuevo", dice, pero la vida académica a veces pesa más que la curiosidad algorítmica. Optimizando la soledad. Henry Weng tiene planes ambiciosos. Ve a su empresa como una "Corporación de Beneficio Público" destinada a facilitar no solo el romance, sino "todas las relaciones significativas", incluidas las amistades y las conexiones profesionales. Quizás la mejor síntesis de este fenómeno la ofrece Madhav Abraham-Prakash, un estudiante junior que ayudó a traer la app al campus. Aunque Date Drop no le ha conseguido novia, sí le ha facilitado conexiones en LinkedIn. Su justificación a The Wall Street Journal resume el espíritu de una generación que no quiere dejar nada al azar, ni siquiera el destino: "Estaría triste si mi alma gemela estuviera aquí y no la encontrara. O si mi cofundador estuviera aquí y no lo encontrara, o si mi socio comercial estuviera aquí... Y no lo encontrara". En Stanford, el amor ha dejado de ser un misterio para convertirse en un problema de optimización de datos. Y 5.000 estudiantes están esperando a que el algoritmo les dé la respuesta correcta. Imagen | Freepik Xataka | Tinder ha entendido algo incómodo: los jóvenes están solos y ya no quieren ligar como antes - La noticia 5.000 estudiantes de Stanford le han entregado su vida amorosa a lo que decida un algoritmo. Y está consumiendo a la universidad fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
5.000 estudiantes de Stanford le han entregado su vida amorosa a lo que decida un algoritmo. Y está consumiendo a la universidad
  • Conspiraciones de pasillo y cero fotos: el fin de la tiranía estética de las apps de citas

  • ¿Alma gemela o socio capitalista? El algoritmo que borra la frontera entre el romance y el networking

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Alba Otero

Editora - Energía

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Es martes a las 21:00 en Palo Alto y el silencio de los dormitorios de Stanford se rompe por una notificación simultánea: es Date Drop. En segundos, los pasillos se llenan de estudiantes que, según The Wall Street Journal, se "apiñan" sobre sus pantallas con una mezcla de ansiedad y esperanza. Ben Rosenfeld, asistente residencial, describe el fenómeno como una "fuerza que lo consume todo": los alumnos no hablan de otra cosa mientras descubren si su destino esa noche es una cita con bebida gratis en el On Call Café o una queja anónima en el foro Fizz.

Lo que comenzó como un simple proyecto de clase ha escalado hasta convertirse en un fenómeno sociológico masivo que ha secuestrado la vida social del campus. Las cifras son contundentes: en una universidad de aproximadamente 7.500 estudiantes de pregrado, más de 5.000 ya han entregado su vida amorosa a las decisiones de este algoritmo.

De una tarea de clase a una startup millonaria. El arquitecto de esta obsesión es Henry Weng, un estudiante de posgrado en informática que codificó la plataforma en apenas tres semanas. Según detalla TechCrunch, lo que Weng inició como una herramienta para ayudar a sus compañeros se ha transformado en The Relationship Company, una startup que ya ha levantado 2,1 millones de dólares en capital riesgo. 

La lista de inversores incluye pesos pesados de Silicon Valley como Mark Pincus (fundador de Zynga y de los primeros inversores de Facebook), Elad Gil (de los primeros inversores en Airbnb, Stripe y Pinterest) y Andy Chen (exsocio de Coatue).

Éxito. La premisa ha sido tan exitosa que ha trascendido los muros de Stanford. El servicio se ha expandido a otras diez universidades de élite, incluidas Columbia, el MIT, Princeton y la Universidad de Pensilvania. Weng, quien curiosamente cursó una asignatura llamada "introducción a payaso" que le enseñó a "deleitarse en el fracaso", parece haber encontrado una fórmula ganadora lejos de fallar. "Nuestras coincidencias se convierten en citas reales a una velocidad diez veces superior a la de Tinder", asegura a TechCrunch.

En XatakaAdiós cenita romántica, hola montar muebles de Ikea: las "citas de tareas" son la nueva forma de filtrar a tu futura pareja

La optimización del amor en la era de la fatiga. El éxito de Date Drop no es casualidad; es sintomático de una generación agotada y de un entorno obsesionado con la eficiencia. Como señalan en The Wall Street Journal, es una solución muy Stanford para un problema muy Stanford. En un campus donde los estudiantes son high achievers (personas de alto rendimiento) enfocados obsesivamente en el éxito académico y profesional, la interacción social orgánica se ha atrofiado. "La gente tiene dificultades para iniciar conversaciones en general, y mucho más para interacciones románticas", explica la estudiante Alena Zhang al medio.

Pero el problema va más allá de Stanford. Un análisis de Forbesrevela una crisis generalizada en el mundo de las citas digitales: el 78% de los usuarios reporta agotamiento emocional o mental por el uso de apps tradicionales. El ghosting (sufrido por el 41% de los encuestados) y la sensación de que los perfiles son un catálogo de mentiras han creado una fatiga crónica. 

A esto se suma la "Paradoja de la Preparación" (Readiness Paradox). La Generación Z desea encontrar el amor más que cualquier otra generación anterior, pero se siente paralizada por el miedo al "fracaso público". Han sustituido el pedir una cita cara a cara por pedir el Instagram, entrando en un ciclo de "tanteo" infinito. Date Drop parece romper esa parálisis externalizando la decisión: ya no tienes que elegir y arriesgarte al rechazo público; el algoritmo elige por ti.

Adiós al Swipe, hola a los datos. La aplicación se aleja radicalmente de la mecánica de Tinder. No hay fotos para deslizar compulsivamente a la izquierda o derecha. El proceso, detallado en la propia web, comienza con un cuestionario de 66 preguntas diseñado para capturar la esencia del usuario. No se trata solo de gustos superficiales, sino de valores profundos y posturas políticas: "¿Es esencial tener hijos para una vida plena?", "¿Cuáles son tus valores fundamentales: ambición, curiosidad, disciplina?".

Weng explica que el sistema utiliza "teoría de emparejamiento" económica estándar combinada con una Inteligencia Artificial que se entrena con los comentarios (feedback) de las citas que ocurren. No obstante, la característica más innovadora —y maquiavélica— es el componente social. La plataforma permite a los amigos jugar a ser Cupido. Wilson Adkins, un estudiante de primer año citado por el WSJ, descubrió que sus amigos habían "conspirado" a través de la app para emparejarlo con una chica de su residencia. El algoritmo validó la conspiración con una puntuación de compatibilidad del 99,7%.

No todo es perfecto en el paraíso de los datos. A pesar del entusiasmo y los millones de inversión, el camino no está exento de obstáculos. Date Drop no es el primer intento de automatizar el amor en Stanford. En 2017 nació The Marriage Pact, un proyecto similar que ya ha generado 350.000 emparejamientos. Según el WSJ, los creadores de este proyecto original enviaron una carta de "cese y desista" a Weng en noviembre, alegando que el marketing de Date Drop les resultaba demasiado familiar.

Además, la tecnología tiene límites frente a la realidad logística. Gabriel Berger, otro estudiante, relata que, aunque tuvo una gran conexión con su match, sus agendas eran incompatibles: él era vicepresidente de su fraternidad y ella tenía ensayos de danza. "No estamos interactuando bien", concluyeron. Por su parte, Mila Wagner-Sanchez, estudiante de primer año entrevistada por Business Insider, añade una nota de realismo: la novedad se desvanece. Tras una primera cita divertida (con un amigo), y un segundo match que nunca le escribió, la presión de los exámenes parciales hizo que la app pasara a un segundo plano. "Estaría abierta a intentarlo de nuevo", dice, pero la vida académica a veces pesa más que la curiosidad algorítmica.

Optimizando la soledad. Henry Weng tiene planes ambiciosos. Ve a su empresa como una "Corporación de Beneficio Público" destinada a facilitar no solo el romance, sino "todas las relaciones significativas", incluidas las amistades y las conexiones profesionales.

Quizás la mejor síntesis de este fenómeno la ofrece Madhav Abraham-Prakash, un estudiante junior que ayudó a traer la app al campus. Aunque Date Drop no le ha conseguido novia, sí le ha facilitado conexiones en LinkedIn. Su justificación a The Wall Street Journal resume el espíritu de una generación que no quiere dejar nada al azar, ni siquiera el destino: "Estaría triste si mi alma gemela estuviera aquí y no la encontrara. O si mi cofundador estuviera aquí y no lo encontrara, o si mi socio comercial estuviera aquí... Y no lo encontrara".

En Stanford, el amor ha dejado de ser un misterio para convertirse en un problema de optimización de datos. Y 5.000 estudiantes están esperando a que el algoritmo les dé la respuesta correcta.

Imagen | Freepik

Xataka | Tinder ha entendido algo incómodo: los jóvenes están solos y ya no quieren ligar como antes

Fuente original: Leer en Xataka
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