- CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN
- El buen salvaje y revolucionario en la política latinoamericana
- Religión y libertad en los 250 años de Estados Unidos
Su dictadura fue responsable de miles de desaparecidos y niveles impresionantes de violencia en Argentina durante la década de los 70.
El 24 de marzo de 1976, se produjo un golpe militar en Argentina, y en su interpretación hubo dos errores. Uno fue que el general Videla y sus asociados ocuparon el poder por sorpresa y contra la voluntad del pueblo.
Este error perduró, e integra la propaganda supuestamente progresista que lee solo una parte de la historia, la del mito de un país apacible arrasado por los "milicos". El otro error fue que ese golpe iba a ser uno más de los varios que registraba la historia argentina en el siglo XX, y que se traducían en gobiernos cívico-militares que administraban el país durante un tiempo, sin graves episodios de violencia, y cuyo objetivo era la celebración de nuevas elecciones democráticas.
Carlos Malamud, en su reciente libro Golpe militar y dictadura en Argentina despeja ambos equívocos: "Todo el mundo daba por sentado el golpe, incluidos los terroristas. El líder montonero Mario Firmenich calculaba que iban a morir 1.500 guerrilleros, y que con eso ganarían la guerra. Sus predicciones no se cumplieron, la dictadura se mantuvo y la desprestigiada resistencia armada fue literalmente liquidada, aunque sus decisiones sacrificaron la vida de miles de jóvenes que creyeron en el proyecto".
Recuerdo bien que la reacción de la población fue inicialmente favorable al régimen militar: los que nos opusimos éramos muy pocos. La mayoría de la gente estaba aliviada porque, efectivamente, la Argentina de Perón y de Isabelita era cualquier cosa menos un remanso de paz: cuando Videla llegó a la Casa Rosada de Buenos Aires la dinámica de la violencia era letal, y los medios informaban de que había un asesinato político cada cinco horas y el estallido de un artefacto explosivo cada tres horas.
Esa realidad de los crímenes de las organizaciones terroristas fue durante décadas minimizada o ignorada, sobre todo fuera del país, pero también opacada por la propaganda interna, como apuntó en el diario ABC el escritor argentino, Jorge Fernández Díaz: "La izquierda caviar europea convalidó ese truco dialéctico porque simpatizaba, de lejos y a salvo, con la lucha de clases y romantizaba a aquellos imitadores del Che.
El kirchnerismo institucionalizó desde el poder esta versión interesada: aquellos guerrilleros de entonces eran idealistas y luchaban por la democracia (cuando hacían todo lo contrario) y debían ser recordados con gloria (cuando infligieron muerte y terror).
Durante los años de la democracia, se les entregaron a exmontoneros lugares de poder para que ellos mismos purgaran a las Fuerzas Armadas y ejercieran venganza despidiendo o postergando a oficiales sin mácula, a veces por simple portación de apellido. Fue como si se hubiera otorgado a exetarras la facultad de purgar la Guardia Civil. Los Kirchner adoctrinaron desde las escuelas y los medios públicos con esta narrativa, mientras colonizaban los organismos de derechos humanos y los utilizaban como escudos de sus prácticas políticas más controversiales".
La represión de los militares fue brutal, y recibió el justo nombre de terrorismo de Estado. Hubo miles de desaparecidos que, aunque no llegaran a los treinta mil que reivindica la izquierda, seguramente no fueron menos de ocho mil, una cifra aberrante, pero que de ninguna manera convierte a los guerrilleros en héroes: no por oponerse a una dictadura uno es un demócrata. Los que perdieron la vida a manos de los terroristas son, según Jorge Fernández Díaz, "los muertos que nadie recuerda; hay miles de familias que perdieron a sus padres, maridos e hijos a manos de las guerrillas prohijadas por Perón y Fidel Castro, y que no han recibido ni siquiera un pedido de disculpas".
Hablando de disculpas y condenas, destacados represores y jerarcas militares fueron juzgados y encarcelados. Pero los otros totalitarios no han hecho autocrítica, lamenta Carlos Malamud: "No revisaron el pasado, como Mujica, Dilma Roussef o Petro". Han sido poco frecuentes en Argentina declaraciones como la de José Direceu, que fue ministro con Lula, y que dijo: "La opción de la lucha armada fue una equivocación de nuestra generación".
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