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A bordo del MV Hondius: pelea entre pasajeros, 4 contagiados incluido el médico del barco, 141 confinados con 'recreos' y langosta cada día en la cena

A bordo del MV Hondius: pelea entre pasajeros, 4 contagiados incluido el médico del barco, 141 confinados con 'recreos' y langosta cada día en la cena
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Un brote confirmado de hantavirus con tres fallecidos mantuvo al buque fondeado frente a Cabo Verde. Finalmente, España asume la gestión del brote y dirige el buque hacia Tenerife, donde se aplicará un dispositivo sanitario sin contacto con la población. Más información: Los dos pasajeros del crucero con hantavirus serán evacuados a Países Bajos y un tercer caso sospechoso, a Alemania.
Reportajes EN EL CRUCERO INFECTADO A bordo del MV Hondius: pelea entre pasajeros, 4 contagiados incluido el médico del barco, 141 confinados con 'recreos' y langosta cada día en la cena

Un brote confirmado de hantavirus con tres fallecidos mantuvo al buque fondeado frente a Cabo Verde. Finalmente, España asume la gestión del brote y dirige el buque hacia Tenerife, donde se aplicará un dispositivo sanitario sin contacto con la población.

Más información: Los dos pasajeros del crucero con hantavirus serán evacuados a Países Bajos y un tercer caso sospechoso, a Alemania.

Publicada 6 mayo 2026 02:43h

El vídeo remitido a EL ESPAÑOL empieza con una frase que resume mejor que cualquier comunicado oficial lo que ocurre a bordo: "Ahora mismo estoy en el barco 'infectado' en el que han muerto tres personas por un virus peligroso… La realidad no tiene mucho que ver con lo que se dice"

La pronuncia Kasem Hato desde el interior del MV Hondius, un buque de expedición polar detenido frente a Cabo Verde, sin permiso para atracar, con tres fallecidos, varios enfermos por hantavirus y cerca de 150 personas atrapadas en una espera que no estaba en el itinerario.

Desde la cubierta del buque, la ciudad de Praia se distingue al fondo como una línea de edificios claros sobre la costa africana; demasiado cerca como para no verla, demasiado lejos como para tocarla. Esa distancia —física y también administrativa— es ahora el centro del viaje.

Tres de los pasajeros actualmente a bordo del MV Hondius, días antes de ser confinados. El Español.

La historia que circula fuera habla de un brote especialmente grave. La que se construye dentro, según ha podido reconstruir este periódico a partir de varias personas que se encuentran a bordo, es más lenta, más contradictoria, hecha de rutinas que se repiten para sostener una normalidad que se ha resquebrajado.

"La mayoría de la gente a bordo está tranquila, a diferencia de lo que dicen las noticias", insiste Hato. El relato arranca semanas atrás, en el sur de Argentina, con un plan que no tenía nada de excepcional: cruzar el Atlántico entre islas remotas, observar fauna salvaje, terminar en África.

"Nuestro destino final era el país que tenemos delante. Pero no nos dejan desembarcar", dice ahora, señalando una costa que ya forma, para ellos, parte del paisaje cotidiano.

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Un cadáver a bordo

El primer desajuste llegó con la enfermedad de un pasajero mayor. "Tras llegar a la primera isla, su salud empeoró... falleció unos 12 días después de iniciar el viaje". Durante días, la muerte se interpretó como un episodio aislado.

En estos barcos —donde viajan muchos pasajeros de edad avanzada— no es una anomalía absoluta, explica un tripulante, de origen indio, a cambio de ser anónimo en este reportaje. La naviera, Oceanwide Expeditions, les ha prohibido dar declaraciones a los medios de comunicación.

Varios tripulantes emplazan a este periódico a escribir a la agencia de comunicación encargada de gestionar la crisis. "No tenemos más información adicional a la publicada en los comunicados de nuestra web", dice bruscamente, sin embargo, la jefa de prensa.

Pasajeros del MV Hondius conversan y trabajan en uno de los salones comunes del buque, en una imagen tomada antes de las restricciones de movimiento impuestas tras detectarse el brote sanitario a bordo. El Español.

El cuerpo del primer fallecido permaneció a bordo más tiempo del esperado, envuelto en una discreción que pronto se revelaría insuficiente. "Ese hombre permaneció muerto en el barco durante varios días antes de que llegáramos a Santa Elena", recuerda Ann Lane, turista irlandesa.

Entre los pasajeros nadie pensó que aquello fuera el inicio de algo mayor. Tan sólo dos días después, la esposa del fallecido murió. La secuencia —marido, mujer, otro pasajero enfermo poco después— alteró la percepción de todos.

"El verdadero shock fue cuando murieron las primeras personas, porque simplemente no sabíamos qué estaba pasando ni de qué se trataba esto, dice Lane. A partir de ahí, el viaje dejó de ser una travesía de expedición para convertirse en un espacio bajo observación.

La enfermería de la cubierta 3, un espacio pensado para atender incidencias menores, empezó a concentrar la atención. Camillas ocupadas, personal entrando y saliendo con mascarillas, puertas que se cerraban con más frecuencia de lo habitual. "Ahora el médico del barco... está enfermo", explica Lane. "Había estado atendiendo a todo el mundo día y noche".

El tercer fallecimiento llegó antes de alcanzar Cabo Verde. Para entonces, el patrón ya no admitía lecturas tranquilizadoras. El resultado del pasajero evacuado confirmó la presencia de hantavirus. La palabra se filtró por los pasillos del barco antes de que llegara la comunicación oficial.

"Había otras dos personas a bordo que empezaron a mostrar síntomas", dice Hato. El capitán ordenó acelerar la navegación. El objetivo era llegar cuanto antes a un puerto con capacidad hospitalaria.

El plan se detuvo frente a Praia. Desde entonces, el Hondius flotó en una especie de tiempo suspendido. Las autoridades de Cabo Verde rechazaron el atraque, aunque permitieron la subida de personal sanitario para tomar muestras.

Los resultados, tomados en la mañana de este martes, no han llegado. Tampoco una decisión definitiva. Dentro, el barco ha reorganizado su vida. Los enfermos, que serán trasladados a Países Bajos y Alemania, permanecen aislados en la enfermería de la cubierta 3, bajo supervisión médica.

Personal sanitario de Cabo Verde accede al MV Hondius equipado con trajes de protección para recoger muestras y evaluar el alcance del brote detectado a bordo. El Español.

Rumbo a Tenerife

El giro llegó al anochecer, lejos del barco pero con efectos inmediatos a bordo. La Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Sanidad de España acordaron imponer el traslado del MV Hondius a Tenerife, forzando su atraque en el puerto de Santa Cruz tras dos días fondeado frente a Cabo Verde.

La decisión —adoptada tras la evaluación de epidemiólogos internacionales y en coordinación con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades— obliga a España a asumir la gestión sanitaria del brote y marca un cambio de criterio respecto a las horas previas.

Según Sanidad, al menos uno de los pacientes más graves, el médico del barco, será evacuado en avión medicalizado y tratado en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, mientras otros casos serán trasladados posteriormente bajo un protocolo específico que incluye aislamiento, cribado completo de pasajeros y repatriaciones escalonadas.

La orden, sin embargo, ha generado fricción con el Gobierno de Canarias, que cuestiona tanto la necesidad clínica del atraque como el trasfondo político de la decisión en un momento sensible en Cabo Verde y en el contexto electoral nacional.

Entretanto, el buque sigue a cincuenta millas de Praia, a la espera de iniciar una travesía que, por primera vez desde el inicio del brote, parece tener un destino definido.

Imagen de archivo del interior del buque MV Hondius. Oceanwide Expeditions.

El nuevo "confinamiento"

El resto de los pasajeros no infectados ha sido "confinado"ensuscamarotes —entre comillas, porque tienen una flexibilidad controlada—: tienen salidas escalonadas a cubierta, paseos, aunque se les exige distancia entre unos y otros.

Las zonas comunes, que la tripulación define como "el corazón del buque", por el pequeño espacio que tiene, han perdido densidad. El silencio ha ganado terreno.

A determinadas horas del día, la cubierta se convierte en el único espacio donde la tensión se diluye. Pequeños grupos caminan separados, apoyados en la barandilla, mirando hacia una costa que parece inmóvil. Praia está ahí, constante, como un recordatorio de lo que no pueden hacer.

Algunos hablan en voz baja, otros simplemente observan. No hay escenas de pánico, pero sí una vigilancia constante del propio cuerpo, de cualquier síntoma, de cualquier cambio. "Estamos bien", dice Lane, con una frase que se repite más para fijar una idea que para describir un estado definitivo.

Un tripulante confirma, sin embargo, una pelea entre pasajeros. Jake Rosmarin, un influencer estadounidense, publicó este lunes un vídeo en sus redes sociales expresando molestia. "Todo lo que queremos ahora mismo es sentirnos seguros, tener claridad y volver a casa", dijo en un clip que dio la vuelta al mundo y fue publicado en gran cantidad de medios de comunicación.

Ese habría sido el origen de una disputa entre pasajeros. "¡Eres un llorica!", le espetó un grupo mayoritario de pasajeros, antes de acusarle de crear pánico entre los medios internacionales y también a sus familias. A bordo, 14 españoles. Entre ellos cinco catalanes, tres madrileños, una valenciana y un gallego.

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Langosta y desazón

En ese contexto, la cocina se ha convertido en uno de los pocos espacios donde la lógica original del viaje sigue intacta. El equipo mantiene el ritmo de servicio con una precisión casi obstinada. Panes elaborados a bordo, sopas calientes, platos que combinan producto local con una técnica pensada para viajeros exigentes.

Este lunes el menú incluyó crema de calabaza y jengibre "suave y aromática", según expresa la carta, a la que ha podido acceder EL ESPAÑOL gracias a un tripulante de cocina. El servicio siguió de un "mar y tierra" de langosta de Tristán de Acunha, la isla más remota del mundo y uno de los destinos en los que paró el buque, y solomillo de ternera con una reducción de vino tinto "que une ambos sabores".

Imagen de la langosta y el solomillo servida durante la cena de este lunes. Cedida.

El postre, una panna cotta especiada de zanahoria, cierra una cena que podría pertenecer a cualquier restaurante de alta cocina. Los vinos, franceses e italianos, se sirven con normalidad.

La escena, vista desde fuera, roza lo irreal: un barco asociado a un brote vírico mantiene intacta su liturgia gastronómica. El tripulante, que envía a este periódico una foto de los platos, lo acompaña de una frase: "Nuestros maravillosos pasajeros merecen lo mejor".

"Intentamos mantenernos ocupados leyendo, viendo películas, tomando bebidas calientes", explica Hato. La rutina no elimina la incertidumbre, pero la ordena. El capitán informa cada vez que hay novedades. La naviera transmite mensajes de control. "Todo el mundo en el barco ha sido impecable", dice Lane.

La confianza en la compañía funciona como un anclaje en ausencia de certezas externas. Al mismo tiempo, los pasajeros son conscientes de que su historia ha adquirido una dimensión que ya no controlan. "Las noticias están exagerando el asunto", insiste Hato. Es su manera de devolver el relato a una escala manejable.

Expedición de nivel

El MV Hondius no es un crucero convencional. Es un buque diseñado para operar en zonas remotas, con una estructura que combina exploración y confort, y que ahora se ha convertido en un espacio de gestión sanitaria en medio del océano.

Su situación durante estos días —fondeando, sin permiso para atracar, con un brote en estudio— lo situó en un punto donde convergían la prudencia epidemiológica y la presión logística. Finalmente, la OMS y el Ministerio de Sanidad ordenaron el atraque en Santa Cruz de Tenerife.

Dentro del buque, mientras tanto, la vida continúa en una versión reducida de sí misma. Paseos medidos en cubierta, bandejas que llegan a los camarotes, conversaciones que giran siempre en torno a lo mismo.

"Se trata de aguantar", dice Lane. No era una consigna, sino una descripción exacta de la situación: resistían el paso del tiempo en un lugar donde todo —la enfermedad, la información, la decisión final— dependía de algo que aún no había ocurrido. Ahora, por fin, hay una fecha. En tres días llegarán a Tenerife.

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