Opinión
A pelear el partido hasta el último minutoLa resistencia puede servir para cohesionar a los propios pero difícilmente contribuye a reconstruir la confianza a la ciudadanía que se ha alejado del Gobierno por la corrupción
Regala esta noticia Añádenos en Google Sánchez, junto a Montero y Torró este sábado en Ferraz. (E. P.)Alberto Surio
28/06/2026 a las 00:06h.«No hay quiebras en el PSOE porque, cuanto más arrecian los ataques, más se cierran filas». Eso sostiene Patxi López y, en buena medida, ... tiene razones para decirlo. La presión política y judicial sobre los socialistas ha generado una coraza que apenas deja espacio para la crítica interna. «Todos a una porque salimos a ganar y a gobernar con coraje y determinación», dijo Pedro Sánchez ante los suyos el el Comité Federal de este sábado en un discurso de motivación frente «a la involución de la ultraderecha que se libra en todo el mundo». Cuando la sensación es de asedio permanente, el mecanismo de la defensa «sin tirar la toalla» es un refugio emocional muy natural. Discrepar acaba pareciendo una deslealtad. Más en el actual contexto ideológico.
Zapatero tendrá que ofrecer más explicaciones sobre las acusaciones que le hace la Policía aunque, políticamente, recuperar su credibilidad parece una tarea casi imposible por mucho que en el plano penal salga sin mancha alguna. Solo el episodio de las joyas es una imagen nociva. Pero una cosa es exigir responsabilidades y otra aceptar sin más un goteo constante de filtraciones que invade la intimidad de los investigados y alimenta la sensación de una causa general contra el expresidente hecha a conciencia de los adversarios del PSOE. Que un informe policial atribuya a alguien el liderazgo de una presunta trama delictiva deberá contrastarse ante un juez, con pruebas y bajo el principio de contradicción, esencial en el Derecho. Las fuerzas de seguridad actúan como policía judicial, no como tribunal de la Edad Media. Conviene recordarlo en tiempos en los que, a menudo, el juicio político corre bastante más que el judicial y lanza procesos sumarísimos en la opinión pública.
Ahora bien, la defensa de las garantías, que es un mecanismo inherente a nuestro Estado constitucional, no exime al PSOE de hacer un ejercicio de autocrítica mucho más profundo. No basta con refugiarse en el relato de que «vienen a por nosotros» ni con responder al escándalo mediante un cierre de filas defensivo ni una apuesta por «pelear para mejorar la vida de la gente» frente «a los poderosos» y «las élites». Recurrir a la trinchera con el castillo asediado es una respuesta de consumo interno pero ante el conjunto de la ciudadanía puede ser sencillamente pan para hoy y hambre para mañana aunque se haga desde las banderas del progresismo y del centroizquierda frente «a la involución de la derecha y la ultraderecha». El futuro del PSOE no puede atarse exclusivamente a un liderazgo personal, por zarandeado que esté. No se trata de que los socialistas ofrezcan una réplica convincente a la evidente ansiedad del PP por llegar al poder sino que construyen un relato creíble para una sociedad en buena medida muy decepcionada.
Y es que sigue habiendo muchas preguntas que no tienen respuesta. La pregunta sigue ahí: ¿Qué ha fallado para que estos casos hayan puesto en evidencia el relato de regeneración con el que llegó Sánchez al poder en 2018? Esas dudas no desaparecen porque la derecha más radical haya optado por un lenguaje de confrontación permanente y porque haya sectores instalados en el odio o en la deshumanización de Sánchez. La política consiste precisamente en gestionar las crisis sin esconderlas detrás de la épica.
Por eso eso tampoco basta con pedir al Comité Federal «moral de combate». La resistencia puede servir para cohesionar a los propios, pero difícilmente bastará para reconstruir la confianza de quienes han empezado a dudar. El espacio de la centroizquierda solo se recupera con transparencia, asunción de responsabilidades y voluntad de llegar hasta el fondo de los hechos.
Sánchez afronta, probablemente, el momento más delicado de su trayectoria política. Y, sin embargo, en su entorno sigue instalada la convicción de que aún puede darle la vuelta a la situación como si tuviera poderes mágicos. Quizá sea el último recurso de cualquier liderazgo acorralado: confiar en que todavía queda una jugada decisiva. En política, como en el fútbol, siempre hay quien espera el gol en el descuento. Lo difícil es que llegue. En todo caso, tras el Comité Federal , la campaña electoral está ya servida en bandeja.
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