Tomás Serrano
Columnas NEWSLETTER A Sánchez le sale el tiro por la culata con el 23‑FApúntate y recibe cada miércoles esta newsletter para leerla antes que nadie y no perderte la información más relevante.
Ferrer Molina Publicada 27 febrero 2026 09:43h Actualizada 27 febrero 2026 09:54hA Pedro Sánchez le ha salido el tiro por la culata con el 23‑F.
Con la coartada de "saldar una deuda con la democracia" y hacer un "ejercicio de transparencia", el Gobierno ha desclasificado los papeles del golpe de Estado de 1981.
En realidad, el propósito era otro. Seguir agitando el fantasma de la extrema derecha para presentar a los ultras como una amenaza real. Mantener viva la sensación de que tenemos un riesgo de involución democrática.
El mensaje es útil porque une a la izquierda -"paremos el fascismo"- y porque facilita el propósito de vincular a la derecha convencional con el franquismo y el golpismo.
O sea, el PP sería heredero del peor pasado de España y, por tanto, una opción moralmente deslegitimada para suceder al actual Gobierno.
La escenografía, sin embargo, chirría con los datos.
Sánchez vende transparencia en el 23‑F mientras su Ejecutivo encadena récords de opacidad día a día: el Consejo de Transparencia registró en 2025 el máximo histórico de reclamaciones por ocultar información (1.626 en once meses) y los ministerios acumulan también récord de solicitudes de información denegadas desde que existe el Portal de Transparencia.
Resultado: España ha caído al peor dato en 30 años en el índice de Transparencia Internacional, que penaliza precisamente la falta de mecanismos efectivos para controlar al poder.
Pero la jugada del 23-F no le ha servido a Sánchez ni para marcar la agenda política.
Justo cuando Moncloa quería hablar de Antonio Tejero, Yolanda Díaz anunciaba su decisión de no volver a encabezar la lista de Sumar. Eso ha reabierto el debate sobre el liderazgo a la izquierda del PSOE, un agujero negro que ha engullido la mayor parte de los minutos en las tertulias.
Para más inri, horas después de la desclasificación se conoció la muerte de Tejero. No cabe ironía más cruel.
Y para colmo, el episodio puede volverse contra la propia narrativa oficial del sanchismo sobre la Transición y la Corona. Los documentos conocidos este miércoles refuerzan el papel decisivo de Juan Carlos I a la hora de abortar el golpe y evitar la regresión del país.
Subidos a la ola populista, el PSOE y sus socios llevan años presentando al Emérito como a un villano. Juan Carlos era otro punto de encuentro de Sánchez con sus compañeros de viaje republicanos y, particularmente, con el separatismo catalán, escocido in aeternum con el discurso de Felipe VI que frenó su golpe en 2017.
El PP, por boca de Alberto Núñez Feijóo ya se ha apresurado a pedir el regreso de Juan Carlos I: "Quien contribuyó a sostener nuestra democracia y nuestras libertades en un momento clave debiera pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país".
El socialista Emiliano García‑Page ha insistido en esa línea con otra frase demoledora: "Tejero ha muerto al mismo tiempo que las teorías de la conspiración contra el rey Juan Carlos".
Sin pretenderlo, Sánchez ha contribuido a restañar, al menos en parte, la imagen del Emérito, muy dañada por sus escándalos fiscales y cobro de comisiones. Pero, sobre todo, ha regalado a la oposición un argumento inesperado: el 23‑F como certificado de legitimidad de la monarquía, una institución que sus socios preferirían borrar del relato democrático.