'El mal padre' llega al Festival de San Sebastián para competir por la Concha de Oro con un emotivo retrato familiar sobre las heridas del abandono y el difícil aprendizaje de saber querer
Regala esta noticia Añádenos en Google El realizador Roberto Bueso (d), posa junto a los actores, Adam Jezierski (i), Cristina Plazas (2i), Francesco Carril (3i), Eduard Fernández (3d), y Meritxell Calvo (2d). (Pablo Gómez)Álvaro Guerra
22/09/2026 Actualizado a las 16:43h.Hay familias a las que les cuesta un mundo quererse, pero lo intentan con las pocas herramientas que tienen a mano. «A mí me gusta ... especialmente cuando un personaje mira y nadie le mira. Creo que en esos silencios es por donde se cuela un poco el corazón de la historia», ha afirmado el director y guionista Roberto Bueso durante la rueda de prensa de 'El mal padre', cinta que compite por la Concha de Oro en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. La película reúne a tres hermanos con su padre, un célebre escritor interpretado por Eduard Fernández, años después de que los abandonara por otra mujer. Sin embargo, más allá del conflicto familiar, el equipo ha dejado claro en la comparecencia posterior a la emisión de la cinta que la historia funciona como un espejo sobre la incapacidad de expresar afectos y sobre las cicatrices que arrastramos al hacernos adultos.
El contexto emocional de la película alcanza uno de sus puntos más significativos en la voz de las mujeres. Meritxell Calvo, que hace el papel de Clara, la única voz femenina en este triángulo de hermanos, ha explicado en la comparecencia el «paralelismo» entre la frustración de su personaje y la exigencia hacia su figura paterna. «Ella no puede quedarse embarazada, piensa 'yo no puedo dar amor, mi padre no puede dar amor...'. Hay algo de que la historia se repite. En la película reflexiono sobre que no sabemos querernos, y trabajar este personaje y la no maternidad te hace pensar que a lo mejor esto es lo que me merezco porque no sé si sé querer. Y me paso toda la vida exigiéndole a mi padre que haga algo que yo tampoco sé hacer».
Para hacer llegar semejante dramatismo hacia los espectadores, el equipo confió plenamente en un guion escrito a cuatro manos por Bueso y Óscar Díaz Cruz. «Intentamos que se diga lo justo como para invitar al espectador a que recomponga el relato como quiera y confiar en que rellene lo que falta», ha explicado el director. Una apreciación compartida de lleno por Eduard Fernández, quien no ha dudado en elogiar la labor del cineasta al destacar que la película logra «un equilibrio difícil y bonito entre silencios y palabras, entre humor y tragedia, que se parece mucho a la realidad».
Esa complicidad entre el dolor y la cotidianidad también fue el motor de los actores durante el rodaje en la Comunidad Valenciana. Francesco Carril ha remarcado que el entendimiento entre los tres hermanos nació desde los ensayos y se afianzó en los parones entre toma y toma. «Ahí hubo mucha construcción de hermanos, entender nuestro humor y nuestra manera de estar en el mundo». Meritxell Calvo ha subrayado esa buena sintonía recordando, entre sonrisas, el hecho de compartir edificio durante la producción, salir a cenar o los paseos por la capital valenciana a los que arrastraba a sus compañeros de reparto. Convertían los tiempos muertos en un gran momento para conocerse toda vez era la primera vez que trabajaban juntos.
Trabajo «en comunión»
No obstante, por encima de la interpretación, la rueda de prensa ha dejado claro que el proceso de creación estuvo marcado por una sintonía poco habitual en producciones de esta envergadura. Bueso ha resaltado que todo el equipo estuvo «en comunión», trabajando con seriedad pero disfrutando del camino desde las primeras charlas de preparación. «Si todos estamos de acuerdo en esas conversaciones primeras sobre qué queremos contar y cómo lo queremos contar, y encima compartes el tono, todo fluye», ha indicado el cineasta.
El resultado final es un «retrato íntimo» que utiliza la casa costera de la infancia como «un personaje más» para hablar del paso del tiempo. Como bien ha resumido Eduard Fernández al cierre de la comparecencia, «cuando se estrena una película, cada uno piensa lo que piensa y siente lo que siente según su propia historia, y eso es lo que hace que la película esté viva».
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