Abascal y Sánchez, en una Sesión de Control.
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN A Vox en grito: el radicalismo de Sánchez dispara a la extrema derecha Publicada 16 febrero 2026 01:46hEl sondeo de SocioMétrica que hoy publica EL ESPAÑOL dibuja un escenario de emergencia para el bloque gubernamental.
El PSOE, siguiendo la inercia de los recientes descalabros en Extremadura y Aragón, igualaría también en las elecciones generales sus peores resultados. Con apenas un 25% de los votos, los socialistas caerían por debajo del suelo psicológico de los 100 escaños.
El otro indicador más relevante de nuestra encuesta es el auge de Vox, que excede el ámbito autonómico.
La formación de Santiago Abascal alcanzaría hoy los 66 diputados, con un 18,4% de los sufragios. Se trata de su cénit en toda la serie histórica.
Ambas cifras no reflejan fenómenos aislados, sino vasos comunicantes de una misma realidad política. Gracias a Pedro Sánchez, mientras Vox se coloca en máximos, el PSOE está en mínimos.
Y no sólo el PSOE. La deriva de Sánchez ha llevado a la izquierda nacional a su peor registro en democracia: si hoy se convocaran elecciones, el bloque apenas reuniría 113 escaños entre todas sus siglas.
La estrategia de la polarización, ese "muro" levantado por el presidente para dividir a los españoles en dos bandos irreconciliables, ha terminado demostrándose un bumerán. La realidad es tozuda: Sánchez se hunde y Abascal se dispara.
Y es el presidente quien ha actuado como el principal suministrador de combustible para la hoguera de Vox, y lo ha hecho en dos planos claramente identificables.
El primero, en el plano de las políticas, con una sucesión de cesiones controvertidas que han debilitado la unidad nacional y desprotegido las fronteras.
O sea, que han sublevado los dos principios nucleares de la doctrina de Vox.
La gobernanza de España ha basculado hacia los extremos de la mano de la izquierda populista y el nacionalismo. Y decisiones como la Ley de Amnistía o los pactos estructurales con Bildu sólo han añadido malestar al electorado radical.
A lo cual se suma la impopular regularización masiva de casi un millón de inmigrantes aprobada hace unas semanas.
Como también ha revelado SocioMétrica, esta medida ha generado un rechazo transversal que llega incluso a los más jóvenes, quienes asocian la falta de control fronterizo con la precariedad laboral y el acceso a la vivienda.
Igualmente incendiaria ha sido la política de Sánchez en su dimensión discursiva.
El sanchismo ha reducido la comunicación gubernamental a una crispación paroxística, con ministros groseros dados a la gresca como María Jesús Montero u Óscar Puente.
O como Óscar López, que con sus lamentables ataques a Javier Lambán ha soliviantado también al equipo de Emiliano García-Page. Y ha cavado aún más hondo en la zanja que separa al PSOE sanchista tanto de los sectores moderados del PSOE actual como de los históricos del partido.
Y a esta espiral de radicalización han contribuido singularmente los socios de Sánchez, como Gabriel Rufián o Irene Montero.
Las recientes declaraciones de esta última sobre el "gran reemplazo", deseando que los inmigrantes "barran" a quienes ella etiqueta como "fachas", propician el caldo de cultivo ideal para que la narrativa de Vox parezca, ante ojos de muchos, una profecía autocumplida.
Irónicamente, al insuflar oxígeno al discurso de los extremos y cebar la hoguera de la división, Pedro Sánchez se ha convertido en el mejor aliado de Santiago Abascal.
Quien se presenta ante la opinión pública como el único cortafuegos capaz de detener a la "ultraderecha" es, en realidad, el pirómano que más está contribuyendo a atizar el incendio.