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Abascal ante el dilema de Albert Rivera: Vox baja sus expectativas en Andalucía y asume que será "difícil" crecer en escaños

Abascal ante el dilema de Albert Rivera: Vox baja sus expectativas en Andalucía y asume que será "difícil" crecer en escaños
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Fuentes del partido de Abascal admiten que el bloqueo de los pactos en Extremadura y Aragón puede haber frenado sus opciones en las urnas. En cambio, descartan que la crisis interna y las purgas les pasen factura: "Esas telenovelas no nos quitan ni un voto". Más información: Vox acusa a Feijóo de "ataque mafioso" en una carta a sus afiliados y el PP responde que su "adversario" es Sánchez

Ignacio Garriga, secretario general de Vox; Santiago Abascal, presidente del partido; y Manuel Gavira, candidato de Vox a la Junta de Andalucía, este jueves en Málaga. Efe

Política Abascal ante el dilema de Albert Rivera: Vox baja sus expectativas en Andalucía y asume que será "difícil" crecer en escaños

Fuentes del partido de Abascal admiten que el bloqueo de los pactos en Extremadura y Aragón puede haber frenado sus opciones en las urnas.

En cambio, descartan que la crisis interna y las purgas les pasen factura: "Esas telenovelas no nos quitan ni un voto".

Más información:Vox acusa a Feijóo de "ataque mafioso" en una carta a sus afiliados y el PP responde que su "adversario" es Sánchez

Publicada 12 abril 2026 02:22h

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Si un partido pacta y entra en un Gobierno, puede ser percibido como útil a corto plazo, pero a menudo lo hace a costa de diluir su perfil ideológico frente a un socio más grande.

En cambio, si se niega a pactar para preservar su pureza, el electorado puede concluir que votar a esa formación carece de sentido práctico.

Este dilema tiene nombre propio en política, y en España su ejemplo más cercano se llama Albert Rivera.

Ciudadanos obtuvo 57 escaños en abril de 2019, pero se negó a pactar con el PSOE para competir por la hegemonía en el bloque de la derecha.

El resultado fue catastrófico: en noviembre de ese mismo año perdió 47 de sus 57 diputados y pasó de ser la tercera fuerza a la sexta. La renuncia a ser útil destruyó la razón de ser del partido.

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Ahora Santiago Abascal afronta su propia versión de ese dilema. Aunque la lógica es diferente —porque Cs podía pactar con socialistas o populares, y Vox solo puede hacerlo con el PP— la mecánica es la misma.

Si los electores perciben que su partido bloquea en lugar de construir, corre el riesgo de acabar en la irrelevancia.

Con ese precedente en la cabeza, Vox llega a Andalucía bajando el listón.

Ahora parece decidido a vacunarse contra la frustración que dejó su experiencia en las elecciones de Castilla y León.

Allí, el partido de Santiago Abascal mejoró y firmó su mejor resultado, pero se quedó por debajo de sus propias expectativas.

Y eso dejó un regusto agridulce, que aunque nunca se verbalizó en público, ahora no se quiere repetir en Andalucía.

En una carta interna a la militancia enviada el 1 de abril, a la que ha accedido EL ESPAÑOL, Ignacio Garriga admite que Vox afronta "el difícil reto de aumentar nuestra representación en una región donde la mafia bipartidista es extremadamente fuerte y subvencionada".

Es la misma misiva en la que la dirección de Vox carga contra el PP y acusa directamente a la cúpula de AlbertoNúñezFeijóo de estar detrás de un "brutal ataque, calumnioso y miserable" contra su partido.

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El problema de gestionar las expectativas no es nuevo para Vox. Algo similar ocurrió en 2022, cuando el desembarco de Macarena Olona en Andalucía tras su paso por el Congreso terminó en sensación de frenazo.

En realidad, en esos comicios Vox creció y pasó de los 12 a los 14 diputados, pero el resultado supo a poco. Durante la campaña, Olona llegó a referirse a Juanma Moreno como "su vicepresidente" en un debate electoral.

Los últimos sondeos confirman ahora esa visión realista que tiene Vox. Porque aunque podría mejorar ligeramente sus resultados de 2022, el PP de Moreno sigue manteniendo la mayoría absoluta.

Dicho de otra manera, incluso si Vox sube uno o dos escaños, su peso sería irrelevante, pues el PP no necesitaría de sus votos para mantenerse en el poder.

El socio minoritario, vampirizado

Además de presentarse como un proyecto útil políticamente, se abre otro debate.

Porque cuando se pone en marcha un gobierno de coalición, el socio minoritario corre el riesgo de ser vampirizado: el mayoritario se queda con los logros, mientras el pequeño carga con los costes de las políticas más impopulares.

Es lo que le ocurrió en Reino Unido a los liberal-demócratas de Nick Clegg. Pactaron con David Cameron, Clegg fue nombrado viceprimer ministro y, cinco años después, el partido quedó prácticamente borrado del mapa mientras los tories de Cameron ganaban la mayoría absoluta.

En España es precisamente lo que le está ocurriendo a Sumar. Entró en el Gobierno en 2023 y las encuestas llevan meses vaticinando un batacazo para la formación de Yolanda Díaz: los sondeos muestran un partido desdibujado, absorbido por el PSOE.

Por eso, para muchos partidos es más fácil y cómodo hacer oposición desde fuera que gobernar.

De ahí el debate que se abrió en Vox sobre si debía o no entrar en los gobiernos autonómicos en Extremadura, Aragón o Castilla y León. Un debate que Abascal zanjó públicamente al fijar que si se pactaba con el PP, sería para gobernar.

¿Tocar techo?

En las pasadas elecciones autonómicas de Castilla y León, Vox obtuvo el mejor resultado de su historia, con un 18,9% de los votos y 14 procuradores.

Pero se quedó por debajo del 20% que el propio partido manejaba como objetivo durante la campaña y que algunas encuestas también llegaron a anticipar.

En cualquier caso, el resultado final fue mejor que el cosechado en Extremadura (16,9%) o Aragón (17,9%).

Sin embargo, en estas dos comunidades autónomas los de Abascal se presentaron como los ganadores morales porque duplicaron su representación.

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La misma noche electoral, Abascal reivindicaba que "Vox no tiene techo". Trataba de mostrarse triunfalista, aunque el resultado estaba por debajo de sus propios cálculos.

Juan García-Gallardo, exvicepresidente de la Junta de Castilla y León, lo resumía con ironía en un tuit: "Abascal diciendo que baten récords con cara de funeral".

Fuentes de Vox reconocían en privado que el resultado fue "sin duda" menos de lo deseado.

¿Qué pudo fallar para no llegar a ese 20%? Un dirigente del partido reconocía a EL ESPAÑOL que el bloqueo en Extremadura y Aragón, donde Vox es necesario para que el PP gobierne, podía acabar pesando electoralmente.

Y que quizá fue eso, más que cualquier otro factor, lo que acabó inclinando la balanza.

Más incluso que las crisis internas que están sacudido a la formación, con la expulsión de Javier Ortega Smith y la salida de José Ángel Antelo. "Esas telenovelas no nos quitan ni un voto", se jactaban fuentes de Vox.

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