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¿Abejas en tu sombrilla? No es por el calor, se llama enjambrazón

¿Abejas en tu sombrilla? No es por el calor, se llama enjambrazón
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Lo que parece una invasión anómala es, en realidad, un fascinante proceso biológico de multiplicación en un momento en el que «no son nada agresivas»
¿Abejas en tu sombrilla? No es por el calor, se llama enjambrazón

Lo que parece una invasión anómala es, en realidad, un fascinante proceso biológico de multiplicación en un momento en el que «no son nada agresivas»

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Julio Arrieta

22/07/2026 Actualizado a las 19:49h.

Las sombrillas de playa, los carritos de bebé o los toldos de las casas no suelen figurar entre los lugares donde uno espera encontrar un ... enjambre de abejas. Sin embargo, últimamente esos escenarios se han convertido en refugio de estos insectos y han alimentado una sospecha inmediata: ¿está el calor extremo detrás de estas apariciones? La respuesta real es no, o no necesariamente. Los enjambres posados en lugares insólitos no son un síntoma directo de la ola de calor, sino un comportamiento natural de reproducción y supervivencia. Lo que sí puede hacer el calor, matizan los expertos, es alterar la vida de la colmena.

Ese momento de pausa es el que las lleva a posarse en lugares que nos resultan sorprendentes. «Del mismo modo que nosotros nos paramos a descansar y, lógicamente, lo hacemos a la sombra o en un sitio resguardado, ellas también lo hacen», comenta por su parte Eva Miquel, de la Fundación de Amigos de las Abejas. «Que se metan en un parasol o bajo un toldo no es excepcional», añade.

¿Qué tenemos que hacer si eso nos pasa a nosotros? Lo primero, «no alarmarse ni asustarse. Porque en ese momento de tránsito las abejas son inofensivas». Cuando están de mudanza, antes de salir de la colmena se preparan para el viaje: «Cuando tienen el buche lleno de miel es cuando son menos peligrosas», explica Miquel. Zubeldia coincide en que, «en principio, no son nada agresivas, piensa que en esta situación están en su momento de mayor indefensión».

Tampoco hay que tratar de ahuyentarlas o molestarlas porque, recuerda Miquel, «en España la abeja melífera es considerada ganado y está protegida, por lo que su manejo debe ser siempre realizado por profesionales autorizados». La recomendación es clara: despejar el sitio, acordonarlo y avisar a los servicios especializados. «Así que, primero, no las molestes. Después, llama al 112» para que intervengan los bomberos, que suelen estar preparados para ello o que recurren a la red de apicultores de la zona, aconseja Zubeldia.

Hay un matiz importante: un enjambre en tránsito, recién salido de la colmena, no es lo mismo que una colonia ya asentada. «Es más complicado cuando ya se han instalado, por ejemplo, en una oquedad en un árbol, en una caja de persiana...». En ese caso, ya hay cría, comida y defensa territorial y la situación exige más cautela. Si el enjambre está de paso, la retirada es relativamente sencilla; si ya ha echado raíces, es más complicado. «Pero ambas situaciones las ha de manejar un especialista», coinciden ambos expertos.

Colmenas estresadas

Aunque el calor no es la causa directa de estas apariciones de enjambres, sí afecta a la vida diaria de la colmena, pues para ellas la temperatura es muy importante. Las abejas son maestras de la termorregulación y necesitan mantener el interior de su hogar entre 37 y 39 grados. Para lograrlo, utilizan un sistema de aire acondicionado natural: «Tienen que ir a por agua para depositarla como microgotitas encima de los cuadros y ventilar». Zubeldia describe una imagen habitual en días sofocantes: «Se ponen en la piquera –la abertura de la colmena por la que entran y salen– ventilando con las alas».

El problema llega cuando el calor se prolonga y se combina con sequedad y falta de floración, que es lo que pasó a finales del mes pasado. Entonces puede escasear el alimento. «Con los calores que ha hecho, las flores se han marchitado, el campo se ha puesto marrón y ya no ha habido flores. Han coincidido muchas abejas en poco tiempo y con poco trabajo para recoger el néctar. Esto sí ha hecho que las colmenas hayan estado un poco estresadas». A pesar de estas dificultades ambientales, los apicultores subrayan la asombrosa capacidad de resistencia de estos insectos: «Ellas lo que intentan es ventilar, ventilar y ventilar. Son como el capitán de un barco, que no lo abandona. Que se vayan por el calor es muy raro», concluye Miquel.

Por qué se divide una colmena

Una colmena no 'se enfada' por el calor y sale disparada en busca de nuestra sombrilla para fastidiarnos el día de playa. Lo que ocurre es que, cuando confluyen ciertas condiciones, la reina vieja abandona la colmena original llevándose consigo a cerca del 60% de las obreras para formar un nuevo nido y dejando atrás una nueva reina que continuará con la colonia original. La colmena debe entenderse como un solo individuo, un «organismo colectivo» que llega a un punto de madurez en el que necesita dividirse para generar uno nuevo, para reproducirse. Para que una colmena decida repartirse, deben darse condiciones como falta de espacio, comida abundante y un clima favorable que garantice que el nuevo enjambre podrá sobrevivir por su cuenta.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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