El candidato ultra Abelardo de la Espriella durante un mitin de campaña. César Quiroz Reuters
América Abelardo de la Espriella, 'El Tigre' que defendió a narcos y paramilitares y que aspira a ser el Trump de ColombiaEl candidato ultra promete 'mano dura' contra el crimen, megacárceles y fumigar 300.000 hectáreas de coca mediante un plan financiado por Israel y EEUU. Llegó a decir que "destriparía" a los izquierdistas.
Más información:El ultraderechista Abelardo de la Espriella será el nuevo presidente de Colombia
Álvaro Escalonilla Publicada 22 junio 2026 06:21h Las clavesLas claves Generado con IA
Abelardo de la Espriella (Bogotá, 47 años), abogado penalista y empresario de éxito, ajeno a la política institucional, se convertirá con toda probabilidad en el próximo presidente de Colombia tras vencer en la segunda vuelta de las elecciones, poniendo fin a la era del errático Gustavo Petro.
El aspirante de ultraderecha ganó en primera vuelta con el 43,7% de los votos, un porcentaje traducido en 10,3 millones de votantes. Barrió a la candidata del expresidente Álvaro Uribe Vélez, Paloma Valencia, su rival conservadora, que obtuvo menos del 7%, y superó con holgura al senador izquierdista Iván Cepeda, el candidato del presidente Petro, que pasó a la segunda vuelta con el 40%.
Ahora, cuando le separan menos de medio punto -más de 250.000 votos-, De la Espriella ha lanzado un mensaje de unidad y reconciliación pidiendo a los seguidores del partido rival, Pacto Histórico, que acaten "democráticamente" el resultado. Un tono muy diferente al que ha mantenido hasta el momento en campaña.
El Congreso suspende a Gustavo Petro como presidente de Colombia hasta que se celebre la segunda vuelta electoralDe la Espriella, quien gusta de llamarse a sí mismo El Tigre, defendió en los tribunales a paramilitares, políticos acusados de corrupción y capos de la droga. Su cliente más conocido es Alex Saab, el presunto testaferro de Nicolás Maduro, extraditado a Estados Unidos por Delcy Rodríguez. De la Espriella le definió en su día como un "amigo personal" a quien profesaba un "profundo aprecio". En esa época sacaba a relucir su antichavismo.
"Aunque De la Espriella ha insistido en que se distanció de Saab por diferencias ideológicas, el expresidente Juan Manuel Santos lo vinculó, junto con su firma, a una presunta advertencia a Saab sobre su inminente captura en Colombia", recuerda por correo Laura Lizarazo, directora asociada para la región andina de la consultora Control Risks.
Otro de sus defendidos más mediáticos es David Murcia Guzmán, condenado por organizar la mayor estafa piramidal de la historia de Colombia, que concedió una entrevista al periodista Daniel Coronell para que la gente fuera "consciente" de lo que le hizo. "Fue un abogado que me defendió mal, abusó de mi confianza y se quedó con el dinero", lamentó. "Si así va a defender a Colombia, Dios nos libre".
"De la Espriella también asesoró a las Autodefensas Unidas de Colombia [AUC, por sus siglas, la mayor coalición de grupos paramilitares de ultraderecha en el país] durante las negociaciones de paz con el Gobierno de Álvaro Uribe entre 2005 y 2006", añade Lizarazo.
La analista aclara que el candidato ultra "no fue negociador oficial de los acuerdos de desmovilización, sino un actor civil visible vinculado a la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), que participó en actividades de apoyo, difusión y logística para facilitar los diálogos".
De la Espriella explicó a la revista Semana que sólo aceptaba casos que le despertaran interés y vértigo. "La obligación del abogado es defender las causas, independientemente de consideraciones éticas", se justificó. "La parapolítica es un excelente nicho de trabajo, y sentí que no quería quedarme por fuera del proceso más importante de Colombia".
El aspirante ultra, dueño de un emporio dedicado a sectores como el vino, el ron, el textil o los bienes raíces, nunca ha ocupado un cargo electo. Se presenta como un outsider y hace bandera de su hostilidad contra el establishment. Es su principal activo electoral, así canibalizó a la derecha tradicional del Centro Democrático y a su candidata Paloma Valencia.
Y, sin embargo, De la Espriella convive a la perfección con el uribismo. Conoce bien a Uribe, y la propia Valencia, que le acusó de "abrazarse con bandidos", acabó cerrando filas con su campaña y pidiendo el voto para él. Les une su temor a la continuidad del petrismo, encarnado en la figura de Cepeda. No en vano, De la Espriella llegó a decir en público que "destriparía" a los izquierdistas.
Seguidores de Abelardo De La Espriella, tras conocer los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Barranquilla. Sergio Acero Reuters
"Desde el punto de vista ideológico, Abelardo es una mezcla entre una derecha institucionalista, que centra sus valores en el concepto de la familia y las buenas maneras como principio, y la nueva derecha latinoamericana de corte popular y populista donde se soportan las decisiones en la voluntad del pueblo y en beneficio del mismo", explica el analista Gonzalo Araújo.
El consultor recuerda, en este sentido, que "De la Espriella estuvo plegado durante años a la derecha que representa el Centro Democrático y, en especial, el expresidente Álvaro Uribe, pero optó por una derecha más radical acercándose a Salvación Nacional [el partido que acogió su candidatura]".
Su coalición política es cada vez más amplia, y abarca, según Araújo, "desde el Partido Liberal de origen neoliberal liderado por César y Simón Gaviria hasta la derecha más cristiana del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA, por sus siglas) y de Salvación Nacional".
"Los votantes de Abelardo se concentran en el interior del país, especialmente en Antioquia, la región andina central y los Llanos Orientales, y en áreas urbanas de clase media y media alta, donde obtuvo mayor respaldo en los sectores de mayores ingresos", apunta Lizarazo.
"Se trata, en gran medida, de habitantes de los principales centros económicos y políticos, caracterizados por mayores capacidades productivas y una presencia estatal relativamente sólida".
"En términos ideológicos —añade la especialista—, su electorado es mayoritariamente conservador, ubicado en la derecha y extrema derecha, y está movilizado por preocupaciones de seguridad, orden público, valores tradicionales y rechazo a agendas progresistas tanto en el ámbito económico como social".
Su leitmotiv: "Acá está tu tigre, que ruge y muerde". Su eslogan: "Firmes por la patria". En los mítines, De la Espriella realiza el saludo militar. Y eso que nunca sirvió en las Fuerzas Armadas. Suele portar chaleco antibalas, y pronuncia sus discursos tras un cristal blindado. Una imagen habitual en un país que sufre la lacra de la violencia política.
El hombre de Trump
De la Espriella es el hombre de Donald Trump. El inquilino de la Casa Blanca le dedicó hasta tres mensajes de apoyo en Truth Social, lo que le convierte en su gran aliado en Colombia. Y eso que siquiera reside allí a tiempo completo. Presume de vivir a medio camino entre Italia y Miami. De hecho, tiene la nacionalidad estadounidense y votó a Trump en las elecciones de noviembre de 2024.
Pero el programa electoral de De la Espriella no sólo encuentra inspiración en el trumpismo; recoge también las recetas más características del presidente salvadoreño Nayib Bukele y del argentino Javier Milei, a las que añade alguna idea de cosecha propia. Es el cóctel perfecto del populismo de extrema derecha latinoamericano.
El 'tenor' De la Espriella, la sorpresa de las elecciones colombianas: grabó dos discos en italiano y versionó 'Volare'Propone 'mano dura' contra el crimen, construir diez megacárceles, sacar a Colombia de la ONU, imponer educación religiosa en los colegios, fumigar 300.000 hectáreas de coca mediante un Plan Colombia 2.0 financiado por Israel y Estados Unidos, y achicar el tamaño del Estado con el despido de más de 600.000 contratistas y funcionarios.
De Bukele también plagió la estética. Barba teñida y siempre bien perfilada, relojes de lujo, gafas de sol de diseñador y trajes a medida. Además, utiliza como arma política la camiseta de la selección de fútbol de Colombia. Otro recurso prestado. En este caso, del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, condenado por golpismo.
Oportunismo o convicción, De la Espriella ha protagonizado cambios drásticos de opinión. Encontró la fe religiosa justo antes de lanzarse a la contienda electoral, y pasó de defender el proceso de paz a denunciar sus consecuencias. "En mi Gobierno no habrá procesos de paz", declaró. "Todo bandido que no se entregue será dado de baja, como lo establece la ley".
"Pasó de participar activamente en un proceso de diálogo político para el desarme y desmovilización de un actor armado hace 20 años —en ese caso, un grupo paramilitar de extrema derecha—, a oponerse radicalmente a la posibilidad de reconciliación y desarme que abrió el Acuerdo Final de Paz con las FARC —una guerrilla insurgente de izquierda— en 2016", apunta Lizarazu.
A la especialista de Control Risks le llama la atención "que este apoyo selectivo a la negociación política como alternativa para desescalar el conflicto se pueda deber a preferencias ideológicas personales y no a una visión integral, amplia del país, sus heridas y desafíos".
Si gana, De la Espriella estará en minoría. Sólo tiene cuatro senadores de Salvación Nacional, por lo que tendrá que tejer alianzas con el Centro Democrático de Uribe y otros espacios para sacar adelante su agenda.
Araújo considera que "existe un riesgo de bloqueo si gobierna sólo con la derecha, porque una estrategia de confrontación podría volver inestable la relación con la Cámara".
Lizarazu, en cambio, anticipa que "tendrá un fuerte impulso inicial, marcado por una buena favorabilidad y expectativas elevadas frente a su estilo de liderazgo novedoso y su enfoque pragmático orientado a resultados rápidos".
"También se expone a un aumento de la violencia tras el fin de la Paz Total y un giro hacia la militarización, protestas sociales frente a cambios en la política social y una mayor polarización política derivada de choques constantes con la oposición", señala Lizarazu.
Percibe "un riesgo serio" por el impacto de "su lenguaje y postura inflamatoria al tildar a la izquierda democrática de su 'único enemigo' y expresar una intención de 'destripar' a ese bloque político".
"En un país con la historia de violencia política que tiene Colombia, alimentar discursos de esa naturaleza desde posiciones de poder no solo es desafortunado sino peligroso", advierte.