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Adamuz, el pueblo que puso calor a la noche más fría

Adamuz, el pueblo que puso calor a la noche más fría
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Los vecinos del lugar de la tragedia se volcaron con las víctimas del accidente ferroviario. «Estoy orgulloso y agradecido», dice su alcalde

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El alcalde de Adamuz, Rafael Moreno, en la caseta municipal, donde aún se pueden ver las mantas donadas por los vecinos. Óscar Chamorro. Adamuz, el pueblo que puso calor a la noche más fría

Los vecinos del lugar de la tragedia se volcaron con las víctimas del accidente ferroviario. «Estoy orgulloso y agradecido», dice su alcalde

José Antonio Guerrero y Óscar Chamorro

Enviado especial a Adamuz

Lunes, 19 de enero 2026, 21:02 | Actualizado 21:18h.

... frío y apenas quedaban parroquianos a quienes servirles un cerveza. Justo cuando se disponía a apagar las luces, recibió una llamada de Rafael, el alcalde. «Antonio, ha habido un accidente de trenes. Vete calentando el local porque vamos a llevar allí a los familiares de las víctimas para que estén lo mejor posible».

Recuerda especialmente a un hombre de 60 años que sobre las tres de la madrugada le pidió un café muy caliente y algo de comer. «Cuando me dijo de pagar, le respondí que no se debía nada. Entonces rompió a llorar, me dijo que Dios le tenía muy castigado, que le habían diagnosticado un cáncer y que cuatro familiares suyos habían sacado entradas para ver al Madrid y, en el camino de vuelta, se habían quedado entre los amasijos del tren. Estaba desolado. Esto ya no lo olvidaré jamás», relata Antonio, que lleva 27 horas despierto.

«No me pesa el cansancio, me pesa el dolor», dice con enorme tristeza pero con la pequeña e íntima satisfacción de haber ayudado «en todo lo que he podido», y el sincero orgullo de haber visto volcarse a su pueblo (unos cuatro mil vecinos) ante la catástrofe.

«No me pesa el cansancio, me pesa el dolor»

Antonio

Encargado del hogar del pensionista

Esa solidaridad quedó al descubierto tras el grave accidente ferroviario ocurrido el domingo por la noche. En cuestión de minutos, el pueblo entero se desvivió con los heridos y las familias que llegaban angustiadas. Durante la larga y fría madrugada, en la que los termómetros bajaron hasta rozar los 0º, Adamuz dejó de dormir. Vecinos de todas las edades salieron de sus casas con mantas, ropa de abrigo, termos de café y bocadillos, ofreciendo todo lo que tenían, incluidos sus vehículos para trasladar a los heridos.

No hubo preguntas innecesarias: solo manos tendidas, palabras de consuelo y miradas cargadas de empatía. Los hogares se abrieron, los bares, como el del hogar del pensionista de Antonio, improvisaron refugios y el calor humano suplió la dureza de la noche.

En medio del dolor y la incertidumbre, Adamuz demostró que la grandeza de un pueblo no se mide por su tamaño, sino por la capacidad de su gente para unirse y cuidar de unos desconocidos cuando más falta hace. A ningún familiar de los heridos les faltó un plato caliente, un techo y un hombro en el que llorar gracias a los buenos samaritanos de esta localidad enclavada entre olivares y dehesas.

Gonzalo y su quad

«Lo que ha hecho este pueblo es lo más de lo más. En cuestión de minutos, todos los vecinos se habían desplegado con mantas, agua, comida y también apoyo psicológico, aunque no fueran psicólogos», cuenta Gonzalo Sánchez, el vendedor de cupones de la ONCE de Adamuz, que con movilidad reducida se desplaza en un quad que lo ha convertido en uno de los héroes de la tragedia.

Gonzalo fue de los primeros en llegar al Alvia accidentado, localizado a un kilómetro de distancia del Iryo, en un lugar inhóspito al que sólo se podía acceder con vehículos preparados para terrenos muy abruptos. Mientras se abría paso entre el espanto de cuerpos desmembrados tuvo que hacer de tripas corazón para colaborar en las tareas de rescate.

«Todos han ofrecido apoyo psicológico, aunque no fueran psicólogos»

Gonzalo Sánchez

Vendedor de la ONCE

Con su quad pudo evacuar a una docena de heridos, al tiempo que aprovechaba los viajes de vuelta para trasladar hasta el Alvia a personal sanitario y guardias civiles que no podían llegar por la dificultad del terreno. «Llegó un momento en que íbamos hasta seis en la moto». Gonzalo ni sabe los viajes que hizo con el quad, pero sí recuerda el frío y el horror vividos. «Lo mismo que el Titanic, pero en tierra adentro», acierta a describir.

Antonio Ruiz, jefe de la Policía Local de Adamuz, también fue uno de los primeros en llegar a la zona cero del siniestro. En la plantilla son solo tres agentes, por lo que en cuanto recibió la llamada del 112, «a las ocho y ocho», reclutó a compañeros de municipios cercanos como Bujalance o Montoro, que se desplazaron inmediatamente.

Ruiz, de 51 años, lleva sin dormir desde el domingo por la mañana, y apenas ha probado bocado. «No tengo hambre», confiesa. Cuenta que, en medio de una oscuridad total y bajo temperaturas gélidas, a los heridos que sacaban del Alvia los trasladaban en parihuelas hasta la zona del Iryo, a donde sí podían llegar las ambulancias y las Uvis móviles.

Y se le engrasan los ojos cuando recuerda a Amalia, una joven con la clavícula rota que le decía que tenía mucho frío y que por favor le diera la mano mientras la llevaba en una camilla. «Yo le agarraba la mano y le intentaba darle calor», rememora roto por la emoción el policía local. «Pienso en ella constantemente y me pregunto cómo estará. Espero que se encuentre bien», confía.

El agente ofrece su testimonio en la caseta municipal, el emplazamiento habilitado el domingo por la noche para atender a los heridos antes de su traslado a los distintos hospitales. En este lugar, una especie de pabellón ferial ya vacío, todavía quedan amontonadas cientos de mantas proporcionadas por los vecinos, así como estufas y restos de alimentos y bebidas. «Es impresionante cómo se ha volcado la gente de Adamuz», relata orgulloso el policía.

«No me importa si lo que hemos dado vale 300, 500 o mil euros porque bien dado está»

Miguel

Dueño del supermercado Aloa

Y es que en cuanto corrió la voz del accidente por los grupos de wasapp, los adamuceños respondieron con la generosidad que siempre han llevado a gala. «Somos gente muy acogedora, tenemos esa virtud con todo el mundo, desde el nuevo párroco que acaba de llegar, a los inmigrantes que vienen a la campaña de la aceituna. Aquí abrazamos a todos», apunta Miguel, de 69 años y dueño, junto a su mujer Rafaela, del supermercado Aloa, que abrió la noche del domingo para ponerse al servicio de los afectados.

«Estábamos viendo el partido del Barcelona en televisión cuando sonó el teléfono fijo de casa, nos llamaban de la asociación Padre Jesús Nazareno, que es una ONG solidaria de aquí para contarnos lo del accidente y si podíamos darles agua embotellada para los viajeros. Bajamos enseguida y abrimos el súper. Les dimos agua, todos los paquetes de tila que teníamos y todos los embutido: salchichón, chorizo, chóped... No me importa si lo que hemos dado vale 300, 500 o mil euros porque bien dado está. Ojalá pudiéramos dar más porque lo que ha pasado es un desastre y todo el pueblo ha estado al pie del cañón para ayudar durante la madrugada llevando mantas, alimentos, y lo más importante calor humano», narra Miguel, aún conmovido por una niña pequeña, que estaba sola y custodiada por un guardia civil. «Le dimos un paquete de galletas y un plátano, pero nos dijo que solo quería una de las dos cosas, que lo otro se lo diésemos a otra persona que lo necesitara más».

También Pedro Jesús Galán, de 77 años, y dueño de una de las boticas de Adamuz, abrió su farmacia para entregar material de cura y medicamentos a los heridos. «Los viajeros que venían de los trenes preguntándose si era verdad o habían vivido una pesadilla. Pero yo creo que se han sentido muy reconfortados por los vecinos», explica. «Este pueblo es muy generoso. Nos pueden faltar muchas cosas, pero de solidaridad andamos sobrados».

«Solo puedo decir que me siento muy orgulloso y agradecido a cada uno de mis vecinos»

Rafael Moreno

Alcalde de Adamuz

Pero quien más orgullos está de la respuesta de sus paisanos es el alcalde de Adamuz, Rafael Moreno, un ingeniero de obras públicas de 39 años que desde 2021 preside el Ayuntamiento. «Todo el pueblo se ha volcado; cada uno con lo que ha podido; muchos han estado toda la noche atendiendo a los familiares de los heridos, incluso les han abierto las puertas de sus casas».

24 horas después de la tragedia, Rafael sigue atendiendo con paciencia a las decenas de medios desplazados a su pueblo, incluidos un buen puñado de periodistas extranjeros, entre otros, italianos, británicos, alemanes y también del New York Times. «Hay que atender a todo el mundo; esto que ha pasado es una tragedia, pero el derroche de solidaridad de mis vecinos ha sido tan grande que solo puedo decir que me siento muy orgulloso y agradecido a cada uno de ellos», apostilla.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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