Miércoles, 14 de enero de 2026 Mié 14/01/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Advertencia para quienes dejan de hablar a sus hijos cuando hay una bronca...

Advertencia para quienes dejan de hablar a sus hijos cuando hay una bronca...
Artículo Completo 917 palabras
La ley de hielo en la crianza no es inocua y su efecto se extiende a largo plazo, alertan

Ampliar

Advertencia para quienes dejan de hablar a sus hijos cuando hay una bronca...

La ley de hielo en la crianza no es inocua y su efecto se extiende a largo plazo, alertan

Jesús J. Hernández

Miércoles, 14 de enero 2026, 00:32

Escucha la noticia

4 min.

Tener gente tóxica cerca es una garantía de infelicidad. Van pudriendo todo lo que tocan, complicando lo sencillo, agriando la fiesta y rebozando en el ... lodo las cosas grandes de la vida. Da igual que sea un ex, un amigo o una madre. La única opción para proteger la salud mental es mantenerlos, para siempre, bien alejados. Pero eso no es posible en algunos casos extremos como cuando tienes la desgracia de que sea tu progenitor, pongamos. La ley del hielo es una de sus armas más afiladas y recurrentes. Una forma de imponerse propia de adultos inmaduros, faltos de recursos y profundamente carentes de empatía. ¿Qué efectos puede tener en un niño? Demoledores.

«No es simplemente quedarse callado. Es hacer como si el niño no existiera, negarle la posibilidad de expresarse y de pedir disculpas, e incluso de entender qué ha hecho mal», define la experta de la UOC. Insiste en ello porque «no todo silencio es dañino». La clave es explicar que se trata de un límite y por qué se hace y que su duración sea muy limitada. Ahí lo que vemos es un padre o madre dejando pasar la tormenta para responder desde la calma. «Ahora mismo no puedo hablar contigo, estoy muy enfadado. En un rato lo hablamos». Eso sí es sano.

«El hielo duele porque niega el afecto al niño, le hace sentir que no vale nada y además le confunde, porque nadie le explica nada. Las hipótesis que hace el pequeño para entender por qué le ignoran son muchas, y todas le hacen daño», concreta la psicopedagoga. «Es no existir. Es parecido al 'ghosting', pero en el ámbito familiar. Y eso genera una angustia tremenda. Es una manera de castigar sin permitir al niño ni disculparse ni comprender. Lo que recibe es rechazo, puro y duro», añade. Todo esto «afecta a su bienestar emocional, daña la autoestima y puede tener repercusiones a largo plazo en la adolescencia y en la vida adulta».

Puede heredarse

La también profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC avanza que «los niños que crecen en este tipo de hogares pueden convertirse en adultos inseguros, con tendencia a buscar la aprobación constante de los demás, con dificultades para expresarse y con una visión confusa de lo que está bien o mal. El niño acaba creyendo que no se le castiga por lo que ha hecho, sino por lo que es. Se le castiga a todo él, no su conducta. Y eso es muy perjudicial para su desarrollo emocional».

Un estudio realizado en Estados Unidos concretó que provoca en los hijos «menor satisfacción relacional y menor sensación de control» y se asocia a «una baja autoestima». Y algo más, se hereda. Hay muchas veces una transmisión intergeneracional de la conducta porque los hijos replican el patrón parental. Sylvie Pérez recalca que «todo lo que hacemos deja huella, pero no es determinante». No siempre seguirá bajando escalones de generación en generación. Cuanto antes lo trabajemos, antes se detendrá.

¿Qué padre o madre puede hacer la ley del hielo a sus hijos? La lógica nos pide decir que uno que no les quiera -esto quizá sea más cierto en las relaciones sentimentales- pero es inexacto con los hijos. «Esos padres suelen ser personas que no saben gestionar sus propias emociones, que no toleran la frustración ni son capaces de sostener una discusión y que recurren al silencio para imponerse, sin tener que pasar por la comunicación, la educación ni el afecto», señala Sylvie Pérez.

La ley del hielo genera, además, «sentimientos de culpa, rechazo e incomprensión», que es precisamente lo que quieren provocar quienes la utilizan en las relaciones sentimentales. La usan para forzar cambios de actitud que la otra persona no quiere y lo hacen a través de esta forma de abuso y manipulación, que suelen alternar con una falsa cara amable. Provoca, recalca Pérez, «una angustia terrible». Los adultos pueden identificar este comportamiento en personas cercanas y protegerse y prevenirlo -con un trabajo constante de psicoterapia- pero en el caso de los menores se da el agravante de que «no tienen todavía las herramientas emocionales» para enfrentarse a algo así.

La psicopedagoga recomienda «poner palabras al enfado, definir bien los límites y evitar debates interminables: cuando el conflicto está activo, es preferible limitar las explicaciones y centrarse en dibujar bien las líneas rojas».

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Iniciar sesión Más información

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión

Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir