Negociaciones finales de vértigo, detalles por resolver, un posible peaje en Ormuz y las cautelas de Israel, así se ha terminado de construir el memorando de entendimiento que Washington y Teherán firmarán el día 19
Regala esta noticia Añádenos en Google Una mujer iraní pasa por delante de un mural que representa el poder de la Guardia Revolucionaria sobre Ormuz. (EFE)Miguel Pérez
15/06/2026 Actualizado a las 12:52h.Por paradójico que resulte, no ha sido Estados Unidos sino Irán el actor de la guerra que ha dado credibilidad a un acuerdo para abordar ... el fin del enfrentamiento en Oriente Medio. El presidente de EE UU lanzó este domingo el eufórico mensaje de que «corra el petróleo» en su red social, pero apenas logró contagiar ese optimismo desbordado a los gobiernos, los mercados o los analistas mundiales. Se cumplió la leyenda de Pedro y el lobo. Donald Trump había anunciado ya 40 veces la existencia de un pacto inminente con su adversario desde el 28 de febrero, cuando se produjeron los primeros bombardeos sobre Teherán, que la incredulidad se ha enraizado firmemente en la comunidad internacional.
No ha sido fácil llegar a él. Los dos países y sus principales mediadores, Qatar y Pakistán, han vivido días de vértigo desde que el pasado jueves el inquilino del Despacho Oval ya adelantara que había un pacto en marcha y los negociadores de Oriente Medio confirmaran los avances. Fue la primera jornada en bastante tiempo que los mercados dieron muestras de alegría, aunque persistía la incertidumbre sobre la credibilidad de los anuncios surgidos de la Casa Blanca. En especial, porque poco antes Trump había amenazado con bombardear posiciones iraníes en el estrecho de Ormuz y al día siguiente, viernes, mostró su enojo con el régimen de los ayatolás por filtrar datos de su memorando de entendimiento.
El bálsamo llegó cuando Pakistán hizo el mismo viernes una declaración totalmente inusual resaltando que se estaba «más cerca que nunca de la paz», a la que siguió el domingo una nueva regañina del presidente estadounidense al primer ministro israelí por su último ataque a Líbano. En medios hebreos se afirma que este toque de atención causó una profunda sorpresa en el gabinete de Benjamín Netanyahu.
Cambios de humor
El humor cambiante del líder republicano y las diferencias internas en el sistema clerical persa, dividido entre el sector proclive a un acuerdo y la intransigencia de los dirigentes de línea dura, han sido factores clave en la desconfianza mutua y el alargamiento de las negociaciones. De hecho, Trump ha revelado que sus enviados especiales han tratado hasta con tres equipos negociadores distintos enviados por Teherán; el último de ellos encabezado por el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, «es el más racional de todos», dijo el presidente estadounidense en una entrevista reciente, en la que aprovechó a precisar que su objetivo no es derrocar el régimen islámico, sino conseguir un Gobierno flexible.
Ninguno confía en el contrario, pero este sentimiento es todavía mayor en el caso de los ayatolás, quienes argumentan que han sido traicionado reiteradamente por EE UU. De hecho, nadie pareció respirar tranquilo hasta que el viernes el núcleo más radical del Gobierno islámico terminó de revisar el memorando. El sector colonizado por la Guardia Revolucionaria lo calificó de «ambiguo», pero aún así ha salido adelante. Algunos de sus líderes consideran que habrá tiempo de volver a la presión y el enfrentamiento si el diálogo posterior va en contra de los intereses de Irán.
Otro tercer elemento disruptivo ha sido la multiplicidad de propuestas y contrapropuestas de los dos bandos. Medios conocedores de estas reuniones han explicado que en algunos momentos hubo tal cúmulo de condiciones y compromisos verbales que no terminaban de cuajar que resultó una tarea titánica llegar a un memorando lógico sobre el que trabajar.
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