En febrero de 2022, un helicóptero Black Hawk despegó, navegó y aterrizó completamente solo durante media hora sin que hubiera nadie a bordo. Lo que entonces parecía una demostración futurista ahora se está convirtiendo rápidamente en una nueva categoría de aeronaves militares.
El fin de una era y el comienzo de otra. Europa lleva años persiguiendo el sueño de un gran caza de sexta generación capaz de competir con los programas estadounidenses y chinos, pero el bloqueo del FCAS ha vuelto a poner de manifiesto las enormes dificultades políticas, industriales y presupuestarias que acompañan a este tipo de proyectos.
Mientras el futuro del avión de combate europeo se difumina entre disputas por la propiedad intelectual, el reparto del trabajo y los costes crecientes, Airbus ha aprovechado el salón aeronáutico de Berlín para presentar una propuesta mucho más alineada con las tendencias reales que están transformando los campos de batalla actuales: una aeronave autónoma, sin cabina y diseñada para operar junto a drones. El contraste resulta llamativo porque mientras el gran símbolo del poder aéreo europeo parece estancado, la compañía está apostando por tecnologías que ya están demostrando su valor en conflictos como el de Ucrania.
Un helicóptero sin pilotos ni cabina. El nuevo U145 toma como base el exitoso helicóptero H145, una plataforma con más de 1.800 ejemplares en servicio y más de 8,5 millones de horas de vuelo acumuladas en todo el mundo. Sin embargo, Airbus ha eliminado completamente la cabina, de modo que la aeronave no podrá ser pilotada por humanos bajo ninguna circunstancia. En su lugar incorpora sistemas autónomos, inteligencia artificial y un conjunto de sensores que gestionarán el vuelo de forma independiente.
La empresa prevé realizar un primer vuelo con piloto de seguridad antes de finales de 2026 y comenzar su entrada en servicio a principios de la próxima década. La filosofía es sencilla: aprovechar una plataforma ya probada, con una cadena logística consolidada y costes de mantenimiento conocidos, para acelerar el salto hacia las operaciones autónomas sin tener que desarrollar una aeronave completamente nueva desde cero.
De helicóptero de transporte a camión aéreo autónomo. El U145 ha sido concebido principalmente como una plataforma logística capaz de operar en entornos peligrosos donde enviar tripulaciones humanas supone un riesgo creciente. Con un peso máximo al despegue de 3.800 kilogramos y una capacidad de carga cercana a 1.200 kilogramos, incorpora una gran puerta frontal abatible, una plataforma plegable de carga y un suelo reforzado para facilitar el transporte de suministros.
Airbus lo imagina abasteciendo unidades avanzadas, realizando misiones de emergencia, apoyando operaciones en zonas remotas o actuando en escenarios donde la amenaza de drones, misiles o guerra electrónica hace cada vez más difícil el empleo de helicópteros convencionales. Es una visión que encaja con las conclusiones que muchas fuerzas armadas están extrayendo de Ucrania: la logística se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios del campo de batalla moderno.
La verdadera apuesta: nave nodriza. Sin embargo, la característica más reveladora del proyecto no es su autonomía ni su capacidad de carga, sino la función que Airbus reserva para él en el futuro. El U145 está siendo desarrollado para actuar como plataforma nodriza capaz de transportar y lanzar drones de reconocimiento, vigilancia, ataque o municiones merodeadoras. Airbus ya trabaja en este concepto junto a MBDA, uno de los principales fabricantes europeos de misiles, dentro del ecosistema de los llamados "launched effects".
La idea consiste en utilizar aeronaves relativamente baratas y prescindibles para desplegar enjambres de sistemas autónomos sobre el campo de batalla. En otras palabras, mientras Europa discute cómo construir un sofisticado caza de sexta generación, Airbus está apostando por una arquitectura donde una parte creciente del combate será realizada por drones lanzados desde plataformas autónomas que ni siquiera necesitan pilotos.
Ucrania como laboratorio. La aparición del U145 no puede entenderse sin observar lo que está ocurriendo en Ucrania. Allí los drones han transformado completamente la forma de combatir, desde las misiones de reconocimiento hasta la destrucción de vehículos blindados, sistemas antiaéreos y centros logísticos. El conflicto ha demostrado que plataformas relativamente económicas pueden generar efectos estratégicos desproporcionados y que la supervivencia de los pilotos en entornos altamente contestados es cada vez más complicada.
Airbus, de hecho, no es la única empresa que ha llegado a esta conclusión. En Estados Unidos aparecen proyectos similares como el MQ-72C derivado del Lakota, el U-Hawk basado en el Black Hawk o los planes de Boeing para evolucionar el Chinook hacia configuraciones autónomas. La diferencia es que Europa parecía concentrada en perseguir el próximo gran avión de combate mientras el resto del mundo exploraba nuevas formas de automatizar la guerra.
En Xataka
Airbus acaba de hacer volar el avión comercial con más autonomía del mundo. Su objetivo: 22 horas seguidas sin escala
La autonomía estratégica europea toma otro camino. Qué duda cabe, aunque Airbus insiste en que el U145 no responde a ningún programa nacional concreto, su aparición coincide con un momento en el que Europa busca reducir su dependencia tecnológica y militar de Estados Unidos. El helicóptero autónomo encaja perfectamente en esa estrategia porque aprovecha una plataforma europea, se integra en un ecosistema industrial europeo y permite desarrollar capacidades propias en uno de los sectores más prometedores de la defensa actual.
El mensaje implícito es difícil de ignorar: puede que el gran caza europeo se encuentre cada vez más lejos de materializarse, pero la industria continental sigue buscando formas de mantener su relevancia militar. Y mientras los proyectos de sexta generación se consumen en negociaciones interminables, Airbus parece haber identificado un camino alternativo mucho más cercano a la realidad de los conflictos futuros: aeronaves autónomas, sin cabina, conectadas en red y capaces de desplegar drones de combate allí donde enviar un piloto ya no tenga sentido.
Imagen | Airbus
En Xataka | El futuro caza europeo en el que participa España ha recibido la peor noticia. Y llega directamente desde Francia
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La noticia
Ahora que Europa se ha quedado sin caza, un plan B surge de la guerra de Ucrania: un insólito dron nodriza para lanzar a sus “pequeños”
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Ahora que Europa se ha quedado sin caza, un plan B surge de la guerra de Ucrania: un insólito dron nodriza para lanzar a sus “pequeños”
Puede que el gran caza se encuentre cada vez más lejos de materializarse, pero la industria continental sigue buscando formas de mantener su relevancia militar
En febrero de 2022, un helicóptero Black Hawk despegó, navegó y aterrizó completamente solo durante media hora sin que hubiera nadie a bordo. Lo que entonces parecía una demostración futurista ahora se está convirtiendo rápidamente en una nueva categoría de aeronaves militares.
El fin de una era y el comienzo de otra. Europa lleva años persiguiendo el sueño de un gran caza de sexta generación capaz de competir con los programas estadounidenses y chinos, pero el bloqueo del FCAS ha vuelto a poner de manifiesto las enormes dificultades políticas, industriales y presupuestarias que acompañan a este tipo de proyectos.
Mientras el futuro del avión de combate europeo se difumina entre disputas por la propiedad intelectual, el reparto del trabajo y los costes crecientes, Airbus ha aprovechado el salón aeronáutico de Berlín para presentar una propuesta mucho más alineada con las tendencias reales que están transformando los campos de batalla actuales: una aeronave autónoma, sin cabina y diseñada para operar junto a drones. El contraste resulta llamativo porque mientras el gran símbolo del poder aéreo europeo parece estancado, la compañía está apostando por tecnologías que ya están demostrando su valor en conflictos como el de Ucrania.
Un helicóptero sin pilotos ni cabina. El nuevo U145 toma como base el exitoso helicóptero H145, una plataforma con más de 1.800 ejemplares en servicio y más de 8,5 millones de horas de vuelo acumuladas en todo el mundo. Sin embargo, Airbus ha eliminado completamente la cabina, de modo que la aeronave no podrá ser pilotada por humanos bajo ninguna circunstancia. En su lugar incorpora sistemas autónomos, inteligencia artificial y un conjunto de sensores que gestionarán el vuelo de forma independiente.
La empresa prevé realizar un primer vuelo con piloto de seguridad antes de finales de 2026 y comenzar su entrada en servicio a principios de la próxima década. La filosofía es sencilla: aprovechar una plataforma ya probada, con una cadena logística consolidada y costes de mantenimiento conocidos, para acelerar el salto hacia las operaciones autónomas sin tener que desarrollar una aeronave completamente nueva desde cero.
De helicóptero de transporte a camión aéreo autónomo. El U145 ha sido concebido principalmente como una plataforma logística capaz de operar en entornos peligrosos donde enviar tripulaciones humanas supone un riesgo creciente. Con un peso máximo al despegue de 3.800 kilogramos y una capacidad de carga cercana a 1.200 kilogramos, incorpora una gran puerta frontal abatible, una plataforma plegable de carga y un suelo reforzado para facilitar el transporte de suministros.
Airbus lo imagina abasteciendo unidades avanzadas, realizando misiones de emergencia, apoyando operaciones en zonas remotas o actuando en escenarios donde la amenaza de drones, misiles o guerra electrónica hace cada vez más difícil el empleo de helicópteros convencionales. Es una visión que encaja con las conclusiones que muchas fuerzas armadas están extrayendo de Ucrania: la logística se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios del campo de batalla moderno.
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La verdadera apuesta: nave nodriza. Sin embargo, la característica más reveladora del proyecto no es su autonomía ni su capacidad de carga, sino la función que Airbus reserva para él en el futuro. El U145 está siendo desarrollado para actuar como plataforma nodriza capaz de transportar y lanzar drones de reconocimiento, vigilancia, ataque o municiones merodeadoras. Airbus ya trabaja en este concepto junto a MBDA, uno de los principales fabricantes europeos de misiles, dentro del ecosistema de los llamados "launched effects".
La idea consiste en utilizar aeronaves relativamente baratas y prescindibles para desplegar enjambres de sistemas autónomos sobre el campo de batalla. En otras palabras, mientras Europa discute cómo construir un sofisticado caza de sexta generación, Airbus está apostando por una arquitectura donde una parte creciente del combate será realizada por drones lanzados desde plataformas autónomas que ni siquiera necesitan pilotos.
Ucrania como laboratorio. La aparición del U145 no puede entenderse sin observar lo que está ocurriendo en Ucrania. Allí los drones han transformado completamente la forma de combatir, desde las misiones de reconocimiento hasta la destrucción de vehículos blindados, sistemas antiaéreos y centros logísticos. El conflicto ha demostrado que plataformas relativamente económicas pueden generar efectos estratégicos desproporcionados y que la supervivencia de los pilotos en entornos altamente contestados es cada vez más complicada.
Airbus, de hecho, no es la única empresa que ha llegado a esta conclusión. En Estados Unidos aparecen proyectos similares como el MQ-72C derivado del Lakota, el U-Hawk basado en el Black Hawk o los planes de Boeing para evolucionar el Chinook hacia configuraciones autónomas. La diferencia es que Europa parecía concentrada en perseguir el próximo gran avión de combate mientras el resto del mundo exploraba nuevas formas de automatizar la guerra.
La autonomía estratégica europea toma otro camino. Qué duda cabe, aunque Airbus insiste en que el U145 no responde a ningún programa nacional concreto, su aparición coincide con un momento en el que Europa busca reducir su dependencia tecnológica y militar de Estados Unidos. El helicóptero autónomo encaja perfectamente en esa estrategia porque aprovecha una plataforma europea, se integra en un ecosistema industrial europeo y permite desarrollar capacidades propias en uno de los sectores más prometedores de la defensa actual.
El mensaje implícito es difícil de ignorar: puede que el gran caza europeo se encuentre cada vez más lejos de materializarse, pero la industria continental sigue buscando formas de mantener su relevancia militar. Y mientras los proyectos de sexta generación se consumen en negociaciones interminables, Airbus parece haber identificado un camino alternativo mucho más cercano a la realidad de los conflictos futuros: aeronaves autónomas, sin cabina, conectadas en red y capaces de desplegar drones de combate allí donde enviar un piloto ya no tenga sentido.