Aitor Esteban Bravo (Bilbao, 1962) cumplirá 64 años el próximo mes de junio con la mirada puesta en los más jóvenes. Son su obsesión. Y no lo esconde. A ellos se dirigió el 26 de marzo de 2025 en el Congreso cuando, después de 21 años de parlamentario, se despidió ovacionado. Los jóvenes -citando algunos por su nombre- formaron parte de su largo discurso cuando, el 30 de marzo del año pasado, en un abarrotado frontón Atano III, asumió la Presidencia del PNV, en la que hoy cumple un año. Anteayer dijo a sus cuadros treintañeros que eran «imprescindibles», mientras portaba un pañuelo blanco en la fiesta anual de Euzko Gaztedi Indarra.
Esteban, que extiende a su partido el adjetivo personal de «confiable», sabe que juega a contrapié ante la ya cercana batalla electoral de 2027 con Bildu. Casi la mitad de los votantes nacionalistas superan los 65 años, mientras la coalición de Arnaldo Otegi se mantiene como un imán para los menores de 30 años.
Al cumplirse su primer año al frente del centenario partido vasco (130 años), Esteban afronta al trantrán la imprescindible renovación en sus filas. Formalmente, ha cumplido con su compromiso de remozar los estatutos, tiene la oportunidad de rejuvenecer las candidaturas en 2027 y ondea ante EH Bildu la bandera de la «centralidad» en el País Vasco.
«Hay que ponerse en forma para ganar el próximo tanto», advirtió Esteban en su primera intervención como presidente del PNV. Ese «tanto» en forma de urnas deberá jugarlo, como muy tarde, en mayo de 2027. Y los 22.000 afiliados del PNV temen que EH Bildu confirme su fallido sorpasso de las autonómicas de 2024. Según el Focus de EiTB con datos de septiembre de 2025, EH Bildu ganaría unas hipotéticas elecciones generales (27,1%) al PNV (24,2%). Pero para el Sociómetro, elaborado en noviembre del año pasado por la Presidencia del Gobierno vasco, el PNV es quien aún lideraba la intención de voto (36,3%) ante Bildu (31,7%) en un escenario de elecciones autonómicas.
El empate en las encuestas le obliga a refrescar candidaturas
Con la izquierda abertzale ya como amenaza electoral permanente, Esteban descarta el abrazo del oso que Arnaldo Otegi saca como señuelo de su chistera con la propuesta de una lista abertzale para concurrir juntos en las futuras elecciones generales. Pero Esteban asumió el regalo envenenado de su predecesor Andoni Ortuzar para culminar la negociación de un «nuevo estatus» con EH Bildu y con el PSOE vasco. Esteban anunció «avances» en diciembre de 2025 y auguró que en enero o febrero se concretaría la posibilidad de cerrar un acuerdo o abandonar las negociaciones. Fuentes oficiales del PNV justifican la demora en el retraso a la hora de abordar las reivindicaciones soberanistas que enfrentan al PSE-EE con EH Bildu.
El líder del PNV deberá decantarse en las próximas semanas por el PSOE vasco o por Bildu para salir de la trampa en la que cayó cuando la coalición de Otegi registró en junio de 2025 una reforma legal para exigir el euskera en todos los puestos de la administración vasca. La imposición ilegal sistemática del euskera ha quedado demostrada por casi un centenar de sentencias y Esteban, presionado por el PNV de Guipúzcoa, buscaba un punto de encuentro con los socialistas vascos cuando estalló el veto de la Korrika -la carrera popular en favor del euskera- contra Comisiones Obreras. El líder nacionalista ha evitado, hasta la finalización ayer de la carrera, posicionarse sobre la presencia de etarras en la marcha en San Sebastián y la multiplicación de mensajes de apoyo a los presos de la banda durante todo el recorrido.
Su 'socio' Eneko Andueza ha cuestionado su liderazgo interno
Casi sin previo aviso, el PNV recurrió ayer al lehendakari Imanol Pradales para recuperar protagonismo en la promoción del euskera, blindado por decenas de ikurriñas de su guardia pretoriana para tapar las pancartas por la amnistía que le acompañaron durante casi un kilómetro.
«¿Quién manda en el PNV?», se ha preguntado en varias ocasiones durante los últimos 12 meses el secretario general del PSE-EE, Eneko Andueza. Un interrogante que ha aflorado en varias controversias: sobre el euskera; en el caso del palacete de Getxo, con tres concejales investigados; el relevo en la BBK o la decisión de la Fundación Kutxa -controlada por el PNV guipuzcoano- de no participar en la compra de Ayesa Tecnológica pese a la intervención del propio Esteban.
«Nuestra principal tarea es dedicarnos todos los días a hacer país», exigió Esteban a sus fieles hace un año. Una apuesta por el «autogobierno» expansivo que tiene en Pedro Sánchez a su gran aliado. Para disimular su mutua dependencia, Esteban tendió primero la mano a Alberto Núñez Feijóo en febrero y forzó la foto del 4 de marzo en el hotel Ercilla de Bilbao.