“Los Javis son España y son un orgullo nacional, como Rafa Nadal” | Alberto conejero en 'UHCL'
Opinión UNA HORA CON LORENA Alberto Conejero, dramaturgo y coguionista de 'La bola negra': “Los Javis son España y son un orgullo nacional, como Rafa Nadal”"¿Cómo no va a importar que Lorca fuera homosexual? Uno de sus asesinos se jactaba de haberle pegado dos tiros en el culo por maricón".
"Fui un niño disléxico, con el ojo vago, de familia migrante, trasplantado con cierta violencia la sur de Madrid, a un lugar de barracas. Soy un hijo de la educación pública".
“Amo Madrid, y como la amo mucho y soy muy moderno, me gustaría que la ciudad perteneciera a los ciudadanos y no a los fondos buitres".
Lorena G. Maldonado Publicada 24 septiembre 2026 14:06h Síguenos5/06/2026
Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)
Alberto Conejero es joya nacional: uno de nuestros dramaturgos de cabecera.
Alberto Conejero escribe como los ángeles, pero como los ángeles caídos (los seres alados que más me interesan).
No le conocía en persona hasta hoy y da gusto estar con él: es como encontrar un propósito. Al menos en la conversación, al menos en la tarde que resbala sobre el set. El vocabulario importa. El vocabulario quizá sea todo lo que tenemos. Es un genio humanista y generoso, plácido, compasivo. En su discurso caben todos los hombres, todas las mujeres, todos los niños que fuimos. En él y en sus textos la condición humana coge cuerpo, sale a flote. Cuenta que no se dedica a atender aquello que no ama.
Alberto Conejero visita nuestro set. Cristina Villarino.
Es poeta, director de escena y doctor en Ciencias de las Religiones, por aquello de que su oficio y su mirada van hacia lo ritual, hacia lo trascendente. Me dice Conejero que “no hemos venido a este mundo sólo para ser fuerza de producción y de consumo” y a mí me parece hermoso. Tendrá que haber algo más.
Le pregunto si habla con dios y si dios contesta y él sonríe con un poco de amargura. Me intereso también acerca de qué le preguntaría él al Papa, en fin, al mánager de dios en la tierra, y me dice que quizá no le preguntaría nada, pero que le rogaría que se acordase más de los vulnerables: “Esté usted más en este mundo”.
Escuchando a Alberto Conejero. Cristina Villarino.
Premio Nacional de Literatura Dramática, Premio MAX. Premio a la palabra que pincha y sangra. Premio a la frase que hace costra y regenera la piel, el carácter y el mundo.
Todo lo que sabe y mastica lo lleva a escena. Sus últimas delicatessen, Tres noches en Ítaca (sobre el duelo de una madre, esa mujer que uno siempre da un poco por supuesta pero verdaderamente no conoce del todo) o Leonora (sobre la Carrington, nuestra surrealista de guardia).
Traduce y adapta de Homero y Ovidio a Shakespeare y viene a recalar en su lengua madre amasando a Valle Inclán o a Lorca. A Alberto le debemos La piedra oscura, la dramaturgia que explora la relación entre Federico y su último gran compañero y amor, Rafael Rodríguez Rapún. ¡Ay, el amor maduro! Ay, el amor sombrío. A él le dedicó sus Sonetos del amor oscuro, por cierto. Aquello de “tengo miedo de perder la maravilla de tus ojos de estatua...”. Hoy Alberto me los recita.
Alberto. Cristina Villarino.
Y servidora. Cristina Villarino.
Ha coguionizado con Los JavisLa bola negra, que viene de hacer gentes en San Sebastián, en Toronto y en Cannes, que se estrena esta semana y nos lleva de la manita a los Oscar, prometiéndonos gloria y memoria. Está inspirada en su pieza teatral.
Le pregunto a Conejero si Lorca, como dice la derecha, es de todos. Él dice que sí, pero anota que en una de sus últimas entrevistas antes de ser asesinado, dijo: “¿Verdad que te estoy hablando en socialista puro?”.
Hablamos de la palabra amigo, de la palabra novio, de la palabra compañero.
Hablamos de si faltan en castellano palabras para definir con precisión cómo nos queremos.
Hablamos de por qué importa que Lorca fuera homosexual. “Uno de sus asesinos se jactaba de haberle pegado dos tiros en el culo por maricón”, apunta.
Hablamos de Dalí y de su romance raro con Federico, hablamos de por qué Marca España siempre es Rafa Nadal y nunca Almodóvar, hablamos de qué tipo de niño raro fue Alberto Conejero. “Disléxico”, sonríe él. “Y con el ojo vago, y con familia migrante. Trasplantado con cierta violencia al sur de Madrid. Esto no lo he contado, pero a un lugar de barracas”.
Hablamos de lo consciente que es el dramaturgo de “lo que significa no tener lenguaje”, a cuento de que su honorable abuelo no pudo escribir nunca su nombre. Él piensa tanto, tanto en él, y en que no haya podido asistir a su reconocimiento como escritor, como literato... eso es una injusticia poética.
Hablamos de ser hijos de la educación pública, de amar Madrid, de ser muy modernos, de tocar un poco el testiculario de los malos con los textos, con la dramaturgia. Hablamos de la cultura que escuece, de los políticos que van al teatro y de los que no van.
No se lo pierdan. Con ustedes, Alberto Conejero.
Alberto Conejero y yo. Cristina Villarino.
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