LA TRIBUNA
Alemania en la ola de la cresta ultraderechista Regala esta noticia Añádenos en GoogleDIEGO NÚÑEZ. CATEDRÁTICO JUBILADO DE FILOSOFÍA
21/09/2026 a las 02:00h.Como es sabido, en las elecciones celebradas el 6 de setiembre pasado en el Land alemán de Sajonia-Anhalt, la AfD (la ultraderecha) sacó el ... 43,8 de los votos. Los partidos tradicionales, como la CDU (democracia cristiana) y la SPD (socialdemocracia), salieron muy mal parados. Se han escrito numerosos comentarios sobre este suceso, como, por ejemplo, que Alemania se suma así a la ola ultraderechista que se extiende por Europa, pero en rigor no se ha realizado un análisis mínimamente profundo de las causas de este fenómeno. Para entender la actual situación alemana es imprescindible remontarse al 26 de setiembre de 2022, fecha en la que aconteció la voladura de los gaseoductos Nordstream 1 y 2. Este verdadero acto de guerra no solo tiene una dimensión económica, sino también geopolítica. Desde el siglo XVIII, Inglaterra primero, y luego también los Estados Unidos, pusieron especial empeño en impedir la unión del continente euroasiático. Ambos países son potencias marítimas, y saben muy bien que con un bloque continental unido no hubieran podido dominar el mundo como lo han hecho. Ya en el siglo XIX, a medida que Alemania emergía como una gran potencia, el objetivo primordial de estas fuerzas atlantistas era socavar a toda costa la alianza del país germano con Rusia.
A menudo la microhistoria tiene un gran interés para comprender la macrohistoria. Ésta se suele mover al cobijo de grandes generalidades y estadísticas, pero no suele convertir en objeto historiable la realidad cotidiana de los pueblos. Yo vivo en mis estancias en Alemania en una población de 15.000 habitantes, ubicada a 30 kilómetros de la entrada norte de la Selva Negra y que lleva por nombre Oberderdingen. El impacto aquí de las consecuencias de la destrucción de los mencionados gaseoductos se puede palpar cada día. Por poner algunos ejemplos, baste decir que antes de 2022, había cuatro panaderías, ahora quedan dos; de las tres fábricas de embutidos, ha sobrevivido una; han cerrado dos talleres, que daban trabajo a 250 empleados, uno de utensilios de cocina, y otro de cerámica, y así podíamos seguir. El motivo de estos quebrantos aparece siempre escrito en grandes carteles en los escaparates de estos comercios: «Cerramos por el alto coste de la energía». Pero lo que está generando más indignación es la reducción del gasto en la atención sanitaria. Solo hay tres médicos en el pueblo, lo que haciendo un simple cálculo toca un médico para 5.000 habitantes. Han quitado el servicio de urgencias en el hospital de la ciudad más próxima (Bretten), y las listas de espera cada vez engordan más. Árboles y farolas en las calles del pueblo están decorados con pegatinas que contienen la siguiente leyenda: «Hay dinero para la guerra, pero no para la sanidad». Eso lo dice todo.
Para entender la actual situación es imprescindible remontarse a 2022, cuando se produjo la voladura de los gaseoductos Nordstream 1 y 2
Lo de la guerra es una alusión directa al actual canciller Friedrich Merz. Si la mayoría de los dirigentes europeos no destaca por su brillantez, éste es especialmente insulso y carente de visión política. De entrada, dados sus antecedentes, muchos alemanes se preguntan si está colocando los intereses de multinacionales extranjeras por encima de los intereses propios nacionales. Antes de dedicarse a la política se hizo millonario ejerciendo de director de Black Rock en Europa. Nunca gozó de la estima de la ciudadanía, incluso de la de sectores de su propio partido. Fue el primer canciller en la Historia del Parlamento alemán que necesitó de una segunda votación para salir investido como canciller; un grupo de jóvenes de la CDU no le votó -el voto era secreto-, y no tuvieron más remedio que acudir a los Verdes para que les sacaran de semejante atolladero. Mas lo que más daño le está haciendo es su progresivo distanciamiento de las auténticas necesidades de los ciudadanos. A medida que pierde popularidad (en la última encuesta rondaba el 11%), se refugia en un belicismo descarado. Necesita a toda costa fomentar la amenaza rusa para justificar el inmenso gasto militar, a la par que para beneficiar a sus amigos. No se puede olvidar que la principal industria militar germana, Rheinmetall, está participada en gran medida por los fondos de inversión norteamericanos, entre ellos Black Rock. Ante el creciente descontento social, Merz carece de la mínima habilidad para conectar con la opinión de la gente corriente. El Ministerio de Defensa cursó hace un año 300.000 invitaciones para reclutar soldados de manera voluntaria, y solo ha recibido 500 respuestas positivas. En vista de ello, el canciller ha amenazado con implantar el servicio militar obligatorio, pero su partido le ha dicho que eso es ya lo que le faltaba a la CDU para la bancarrota total.
Espero que con estos datos sobre la mesa se entienda el por qué de esa victoria de la AfD en las elecciones de Sajonia-Anhalt. No quiero ser pesimista, pero si los dirigentes europeos siguen por ese camino de hacer política al margen de los problemas reales de los ciudadanos, pronto veremos en Europa una entente Giorgia Meloni, Marine Le Pen y Alice Weidel, la líder de la AfD.
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