Ampliar
El niño que no quería actuar está a punto de cumplir 50 años. Europa Press Alexander Skarsgard, el segundo de a bordoPerfil ·
El hijo de Stellan Skarsgard compite con su padre por ser el mejor de una extensa familia de intérpretesSábado, 11 de abril 2026, 18:04
... a Chris Hemsworth. Si hubiera sido elegido, este actor sueco hoy formaría parte de la exigua elite de intérpretes que encarnan superhéroes, una clase bien remunerada, pero escasamente dúctil. Aquel fracaso le libró del previsible encasillamiento y ha permitido el crecimiento de alguien, a priori, condicionado por su gran atractivo físico. El papel que lo ha puesto de actualidad es el de miembro dominante de una relación sadomasoquista gay en la película 'Pillion', una condición que resultaría muy inusual para cualquier personaje de comic con poderes fantásticos.Esta fama le incomodó y decidió llevar a cabo su primer quiebro voluntario y radical. Dejó el oficio de actuar y, tras finalizar los estudios de Secundaria, comenzó la carrera de Ciencias Políticas en Gran Bretaña. Pero el inquieto y espigado Alexander, de 1,94 metros de altura, no encontraba su lugar en el mundo y se alistó en la Armada sueca dentro de la unidad de Antiterrorismo. Una vez más, la aventura no prosperó y retomó su primera vocación. Con ese fin decidió formarse en el Marymount Manhattan College, uno de los centros más importantes de Norteamérica en el ámbito de la enseñanza teatral. Permaneció en la escuela durante unos seis meses.
Volvió a casa, pero no para quedarse definitivamente. El nómada Alexander acumuló puntos en programas de viajero frecuente a lo largo de la década de los noventa. Durante ese periodo, el actor asumía pequeños papeles en producciones nativas y, gracias a esos emolumentos, se desplazaba a Londres, Nueva York o Los Ángeles para participar en castings. La primera película en la que participó fue 'Zoolander', la famosa comedia de Ben Stiller de 2001, aunque el primer contrato consistente fue el que lo condujo hasta la serie bélica 'Generation kill'.
El éxito, siquiera relativo, se lo debe al terror y la música. En 2008 se sumó al reparto de 'True Blood', la última entrega de cierto subgénero que suele mezclar sexo, amor y vampiros de apariencia sexy y melancólica, mezcla infalible para conquistar audiencias adolescentes. Además, participó en el videoclip de la canción 'Paparazzi' de Lady Gaga. Tres minutos después de convertirse en el amante de ficción de la cantante, el muy alto y rubio actor ya era una celebridad menor e integraba los rankings de actores particularmente guapos, tan habituales en las redes sociales. Incluso ha sido profeta en su tierra. El intérprete ha sido considerado el hombre más atractivo de Suecia a lo largo de cinco años consecutivos.
A partir de esta situación de privilegio, ha intentado combinar producciones ambiciosas, como 'La leyenda de Tarzán' o 'El hombre del norte', en las que mostraba sus dotes atléticas y extraordinaria fotogenia, con proyectos independientes más modestos. El actor, asimismo, ha intercalado participaciones en producciones estadounidenses con otras europeas minoritarias, a la manera de otros antecesores escandinavos, como es el caso de Max von Sydow o su propio padre, con quien coincidió en 'Melancolía', una de las películas mejor valoradas de Lars Von Trier.
Una carrera arriesgada
No era el único en su familia que pretendía seguir la tradición interpretativa. Sus siete hermanos también se dedican a la misma tarea, aunque carecen de tanta proyección mediática. Tampoco han obtenido el reconocimiento de la crítica que concita Alexander, ganador de un Emmy y un Globo de Oro por su interpretación en la serie 'Big Little Lies', en la que coincidió con Nicole Kidman.
La suerte le ha sido especialmente propicia a lo largo de pasado año, quizás por esa pretensión de arriesgar, de apostar por guiones inusuales y directores noveles. Además de grabar para televisión la desopilante 'Murderbot', proyecto de ciencia ficción en el que aparece como un robot adicto a las telenovelas, rodó la ya mencionada 'Pillion', dirigida por el debutante Harry Lighton y merecedora del premio al mejor guión en el pasado Festival de Cannes. Su habitual hieratismo escandinavo resulta sumamente eficaz para encarnar a un individuo frío y dominante, con grandes problemas para amoldarse a los requisitos de una relación sentimental.
A punto de cumplir la cincuentena, el actor accede al estatus de los galanes maduros, capaces aún de arrollar al crimen organizado y enamorar a su 'partenaire', tal y como sucede con Pedro Pascal o Idris Elba. El siguiente paso debería conducirlo hasta los grandes premios y, tal vez, convertirse definitivamente en el Skarsgard mejor valorado por Hollywood. El niño que no quería actuar, que aspiraba a una vida normal y un padre ejecutivo, embutido en un traje sastre, se ha dejado seducir por el arte de actuar, ese veneno inoculado, al parecer, por vía genética.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión