Eran seis en total (mujeres entre la adolescencia y la edad adulta, un lactante y un niño), y según los análisis morfológicos y estructurales, combinados con algunas simulaciones, se trataba de una población frágil y pequeña. Según los autores, la población no era aleatoria desde el punto de vista demográfico, y quizá resultado de algún tipo de selección. Esto, combinado con los indicios de canibalismo, sugiere prácticas de exocanibalismo: es decir, canibalismo dirigido hacia miembros externos del grupo, que tendía a afectar a individuos más vulnerables, señala el artículo.
Este comportamiento podría deberse a la presencia de conflictos o a un intento de reducir la competencia entre grupos distintos de neandertales eliminando a los recién nacidos o a las mujeres, prosiguen los autores. Tal vez bajo la presión indirecta del Homo sapiens.
"El caso de Goyet representa la evidencia más convincente hasta la fecha de la competencia intergrupal entre las poblaciones neandertales del Pleistoceno tardío. Con la llegada gradual de nuevos grupos de Homo sapiens, que aparentemente no interactuaban con los neandertales locales, la presión demográfica y la competencia entre grupos podrían haber aumentado en la región", afirma el artículo.
Homo sapiens. Sin embargo, en estos casos, los estudios de campo y el análisis de los restos sugieren que el canibalismo podría haber sido una práctica funeraria o ritual, y no un comportamiento motivado por necesidad nutricional.En el caso de Homo sapiens, los huesos de sus congéneres también eran en ocasiones trabajados y utilizados para crear objetos, como copas elaboradas a partir de cráneos, cuenta Silvia Bello, antropóloga del Museo de Historia Natural de Londres. Bello señala cómo, en otras épocas, en otros lugares y en contextos completamente diferentes, la práctica del canibalismo podía incluso haber representado un acto de respeto hacia el difunto.
Artículo publicado originalmente enWIRED.Adaptado por Alondra Flores.