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Alicia Giménez Bartlett: 30 años de Petra Delicado, de pionera a gran clásica

Alicia Giménez Bartlett: 30 años de Petra Delicado, de pionera a gran clásica
Artículo Completo 1,813 palabras
Aunque hoy pueda parecer mentira, hubo un tiempo en el que escribir novela negra en España era casi una quimera. A mediados de la década de 1990, superada la eclosión que en la época de la Transición protagonizaron Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o Juan Madrid, el género estaba prácticamente ausente de los catálogos editoriales y todavía sufría las miradas prejuiciosas de parte de la crítica y la academia. En ese contexto, tres autores comenzaron sus respectivas sagas policiacas, todavía activas y en plena forma: Lorenzo Silva , Eugenio Fuentes y Alicia Giménez Bartlett. Su labor resultó fundamental para revitalizar una forma narrativa que, pese a no gozar de una larga tradición en nuestra literatura, cuenta con una ingente masa de lectores y con una cada vez mayor presencia social, manifestada, entre otras cosas, en la continua realización de festivales por todo el país.Pese a coincidir en su importancia renovadora, las obras de los tres escritores mantienen notables diferencias. En la serie narrativa de Giménez Bartlett , iniciada en 1996, el principal rasgo distintivo fue la novedad que entonces representaba otorgar el protagonismo a una mujer , algo que solo autoras como Lourdes Ortiz o María Antònia Oliver habían hecho hasta ese momento. Petra Delicado trabajaba en un mundo casi exclusivamente masculino –en esto también han cambiado mucho las cosas en las últimas décadas–, viéndose obligada a bregar con los prejuicios de sus compañeros, que tendían a no tomarla en consideración, sobreprotegerla e incluso ridiculizarla. De hecho, las primeras novelas subrayaban insistentemente el impacto que suponía presentar a una mujer con un cargo de responsabilidad en el cuerpo de policía, lo que implicaba cambiar los roles convencionales al situarla jerárquicamente por encima de muchos hombres –entre otros, su subordinado y fiel compañero Fermín Garzón–, algo que la autora aprovechó no solo para incluir cierto tono reivindicador , sino también para generar humor a partir de la sorpresa y la ruptura de expectativas .Sin llegar nunca a ser descrita físicamente, Petra Delicado aparece como una mujer culta, con estudios de Derecho, que permanece destinada en el servicio de documentación de la Policía hasta que una serie de circunstancias sobrevenidas le llevan a ocuparse de un caso de violencia en 'Ritos de muerte'. En aquella primera novela, que marcaría el inicio de su carrera como investigadora, la protagonista y narradora ya se lamentaba de su posición de subalternidad en la estructura policial, en la que todos le consideraban «una intelectual» a la que solo le faltaba «la etnia negra o gitana para completar el cuadro de marginalidad».Las novelas de Petra Delicado se caracterizan también por su mirada a la realidad circundante, más cercana al costumbrismo que a la crítica socialEl propio nombre del personaje, con el oxímoron que implica la combinación de la referencia pétrea con la de la delicadeza, evidencia su condición de mujer que ha de hacerse valer en un mundo de hombres gracias al equilibrio con el que desarrolla comportamientos tradicionalmente asociados a la masculinidad –su lenguaje soez o su rol activo en los ámbitos personal y profesional– con otros vinculados a la feminidad –su sensibilidad o su intuición para resolver las investigaciones–.Más allá del protagonismo femenino, que en la actualidad se observa con normalidad, como el lógico reflejo literario de la incorporación de la mujer a la actividad policial, las novelas de Petra Delicado se caracterizan también por su mirada a la realidad circundante, más cercana al costumbrismo que a la crítica social. Aunque abordan problemáticas como la corrupción, la desigualdad, la inmigración o la violencia de género , lo hacen siempre desde una óptica humanista , provocando así que el retrato de la actualidad que transmitan muestre, más que los problemas estructurales de la sociedad, las consecuencias que generan en los ciudadanos.El éxito de las novelas conllevó una no especialmente bien lograda adaptación televisiva protagonizada por Ana Belén y Santiago SeguraEl éxito de las novelas conllevó una no especialmente bien lograda adaptación televisiva protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura a la que tiempo después se sumó otra producción audiovisual en Italia –donde Petra Delicado es todo un fenómeno–, así como la estabilidad de la trayectoria de Giménez Bartlett, que ha seguido aportando de manera regular nuevas entregas de la serie mientras por otras de sus obras recibía premios de indudable eco mediático como el Planeta o el Nadal .La evolución de la saga literaria permitió hacer crecer al personaje, del que cada vez se iban conociendo más datos personales y biográficos, y mostrar el desarrollo de su relación con Garzón, que de los recelos iniciales pasó a una firme camaradería a pesar de sus diferentes formas de ser y ver el mundo. Sus diálogos, llenos de humor y réplicas descacharrantes , constituyen uno de los grandes valores de las novelas, que se leen siempre con una sonrisa en los labios pese a partir de tramas en las que hay cabida para la sordidez y la violencia. Alejada de cualquier solemnidad y de cualquier tentación pontificadora, la literatura de Giménez Bartlett demuestra cómo la mejor manera de tomarse en serio las cosas –y la autora lo hace, como evidencian la pulcritud de su estilo y el rigor con el que construye sus argumentos– es aparentar no hacerlo bajo esa pátina de liviandad que siempre aporta el humor.La última entregaLa última entrega de la serie, 'Bajo el cielo infernal' (Destino), confirma todos los valores que han aupado a la autora a la cima de la novela negra contemporánea . Salvo la muy mejorable cubierta, todo es recomendable en una obra sumamente entretenida que demuestra cómo, después de quince entregas a lo largo de treinta años y a pesar de caer en algunos tópicos recurrentes, una serie narrativa puede seguir resultando fresca sin perder sus más reconocibles señas de identidad.La novela comienza, y así se explicita en su primera frase, con la recién estrenada condición de viuda de Delicado , después del fallecimiento de su tercer marido en un accidente de tráfico. Lejos de resultar baladí, este hecho resulta fundamental en el devenir de la trama, puesto que todo está condicionado por la situación anímica de la protagonista, sacudida por la pérdida, enfadada con quienes le rodean e incapaz de adaptarse a su nueva vida. «Estaba jodida y jodidamente me comportaba», reconoce ella misma al reflexionar sobre su duelo. Sin tirar de recursos comunes ni caer en el sentimentalismo, Giménez Bartlett –que deja intuir en la dedicatoria de la novela el poso autobiográfico de lo que narra– expone de forma magistral cómo la pena, la rabia y la incredulidad que acompañan a la muerte de los seres queridos se ven acompañadas de un sentimiento extraño y agridulce, nacido de la constatación de que el mundo sigue girando ajeno a nuestra tragedia.Y de eso precisamente, de que la vida sigue pese a todo y así debe seguir siendo, trata la novela, que presenta a Delicado y a Garzón enfrascados en la investigación del asesinato de un jesuita que llevaba a cabo actividades de acción social en el barrio barcelonés de La Mina. Las pesquisas que han de llevar cabo los dos agentes se ven condicionadas por el hermetismo de la institución eclesiástica, que pone de manifiesto el tópico cervantino de que «con la Iglesia hemos topado», y por las particularidades del escenario del crimen, una zona conflictiva y desfavorecida.Resulta admirable el modo en el que está construida la trama criminal, que da comienzo sin que lectores y personajes sepan nada más que la identidad del muerto y la saña con la que fue apuñalado. De forma progresiva, y con una excelente diseminación de informaciones basada en sorprendentes hallazgos y revelaciones que provocan que en ningún momento decaiga la atención lectora, se van abriendo nuevas vías y proponiéndose diversas hipótesis para la resolución del caso, que termina por resolverse de forma verosímil sin trampas ni efectismos, aunque, quizá, forzando demasiado algunas casualidades para que todas las piezas puedan encajar.Una clásica contemporáneaA pesar del innegable interés del argumento, y del estupendo catálogo de personajes que va desfilando por la novela, a los que Petra Delicado se enfrenta en los interrogatorios con la sagacidad y la ironía que la caracterizan, lo más interesante no es saber quién es el asesino, sino observar el proceso que lleva a los protagonistas a descubrirlo. Hay en las páginas de la obra diálogos memorables, reflexiones lúcidas, escenas hilarantes, descripciones sociales… y, lo que resulta más valioso, toda una sincera reivindicación vitalista que no se basa en proclamas vacuas como esas que animan a seguir adelante con frases hechas, sino en la fidelidad a uno mismo, en el disfrute hedonista y en el compromiso con los demás como remedios para aferrarse a la vida cuando todo parece perdido.La publicación de 'Bajo el cielo infernal', que ha coincidido con la reedición de buena parte de las novelas de Petra Delicado en el catálogo de la editorial Destino, permite reencontrarse con una autora en plenitud de condiciones, dueña de un estilo ágil y directo que provoca que el ritmo narrativo avance con naturalidad al tiempo que proporciona una visión del mundo tan inteligente como irónica. Con esta nueva entrega, Alicia Giménez Bartlett demuestra su excepcional lucidez como escritora, que le ha llevado a convertirse, con todo merecimiento, en uno de los referentes de la novela negra europea contemporánea.

Aunque hoy pueda parecer mentira, hubo un tiempo en el que escribir novela negra en España era casi una quimera. A mediados de la década de 1990, superada la eclosión que en la época de la Transición protagonizaron Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o ... Juan Madrid, el género estaba prácticamente ausente de los catálogos editoriales y todavía sufría las miradas prejuiciosas de parte de la crítica y la academia.

En ese contexto, tres autores comenzaron sus respectivas sagas policiacas, todavía activas y en plena forma: Lorenzo Silva, Eugenio Fuentes y Alicia Giménez Bartlett. Su labor resultó fundamental para revitalizar una forma narrativa que, pese a no gozar de una larga tradición en nuestra literatura, cuenta con una ingente masa de lectores y con una cada vez mayor presencia social, manifestada, entre otras cosas, en la continua realización de festivales por todo el país.

Pese a coincidir en su importancia renovadora, las obras de los tres escritores mantienen notables diferencias. En la serie narrativa de Giménez Bartlett, iniciada en 1996, el principal rasgo distintivo fue la novedad que entonces representaba otorgar el protagonismo a una mujer, algo que solo autoras como Lourdes Ortiz o María Antònia Oliver habían hecho hasta ese momento.

Novela negra europea, el crimen como la mejor radiografía social

Petra Delicado trabajaba en un mundo casi exclusivamente masculino –en esto también han cambiado mucho las cosas en las últimas décadas–, viéndose obligada a bregar con los prejuicios de sus compañeros, que tendían a no tomarla en consideración, sobreprotegerla e incluso ridiculizarla. De hecho, las primeras novelas subrayaban insistentemente el impacto que suponía presentar a una mujer con un cargo de responsabilidad en el cuerpo de policía, lo que implicaba cambiar los roles convencionales al situarla jerárquicamente por encima de muchos hombres –entre otros, su subordinado y fiel compañero Fermín Garzón–, algo que la autora aprovechó no solo para incluir cierto tono reivindicador, sino también para generar humor a partir de la sorpresa y la ruptura de expectativas.

Sin llegar nunca a ser descrita físicamente, Petra Delicado aparece como una mujer culta, con estudios de Derecho, que permanece destinada en el servicio de documentación de la Policía hasta que una serie de circunstancias sobrevenidas le llevan a ocuparse de un caso de violencia en 'Ritos de muerte'. En aquella primera novela, que marcaría el inicio de su carrera como investigadora, la protagonista y narradora ya se lamentaba de su posición de subalternidad en la estructura policial, en la que todos le consideraban «una intelectual» a la que solo le faltaba «la etnia negra o gitana para completar el cuadro de marginalidad».

Las novelas de Petra Delicado se caracterizan también por su mirada a la realidad circundante, más cercana al costumbrismo que a la crítica social

El propio nombre del personaje, con el oxímoron que implica la combinación de la referencia pétrea con la de la delicadeza, evidencia su condición de mujer que ha de hacerse valer en un mundo de hombres gracias al equilibrio con el que desarrolla comportamientos tradicionalmente asociados a la masculinidad –su lenguaje soez o su rol activo en los ámbitos personal y profesional– con otros vinculados a la feminidad –su sensibilidad o su intuición para resolver las investigaciones–.

Más allá del protagonismo femenino, que en la actualidad se observa con normalidad, como el lógico reflejo literario de la incorporación de la mujer a la actividad policial, las novelas de Petra Delicado se caracterizan también por su mirada a la realidad circundante, más cercana al costumbrismo que a la crítica social. Aunque abordan problemáticas como la corrupción, la desigualdad, la inmigración o la violencia de género, lo hacen siempre desde una óptica humanista, provocando así que el retrato de la actualidad que transmitan muestre, más que los problemas estructurales de la sociedad, las consecuencias que generan en los ciudadanos.

El éxito de las novelas conllevó una no especialmente bien lograda adaptación televisiva protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura

El éxito de las novelas conllevó una no especialmente bien lograda adaptación televisiva protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura a la que tiempo después se sumó otra producción audiovisual en Italia –donde Petra Delicado es todo un fenómeno–, así como la estabilidad de la trayectoria de Giménez Bartlett, que ha seguido aportando de manera regular nuevas entregas de la serie mientras por otras de sus obras recibía premios de indudable eco mediático como el Planeta o el Nadal.

La evolución de la saga literaria permitió hacer crecer al personaje, del que cada vez se iban conociendo más datos personales y biográficos, y mostrar el desarrollo de su relación con Garzón, que de los recelos iniciales pasó a una firme camaradería a pesar de sus diferentes formas de ser y ver el mundo. Sus diálogos, llenos de humor y réplicas descacharrantes, constituyen uno de los grandes valores de las novelas, que se leen siempre con una sonrisa en los labios pese a partir de tramas en las que hay cabida para la sordidez y la violencia. Alejada de cualquier solemnidad y de cualquier tentación pontificadora, la literatura de Giménez Bartlett demuestra cómo la mejor manera de tomarse en serio las cosas –y la autora lo hace, como evidencian la pulcritud de su estilo y el rigor con el que construye sus argumentos– es aparentar no hacerlo bajo esa pátina de liviandad que siempre aporta el humor.

La última entrega de la serie, 'Bajo el cielo infernal' (Destino), confirma todos los valores que han aupado a la autora a la cima de la novela negra contemporánea. Salvo la muy mejorable cubierta, todo es recomendable en una obra sumamente entretenida que demuestra cómo, después de quince entregas a lo largo de treinta años y a pesar de caer en algunos tópicos recurrentes, una serie narrativa puede seguir resultando fresca sin perder sus más reconocibles señas de identidad.

La novela comienza, y así se explicita en su primera frase, con la recién estrenada condición de viuda de Delicado, después del fallecimiento de su tercer marido en un accidente de tráfico. Lejos de resultar baladí, este hecho resulta fundamental en el devenir de la trama, puesto que todo está condicionado por la situación anímica de la protagonista, sacudida por la pérdida, enfadada con quienes le rodean e incapaz de adaptarse a su nueva vida. «Estaba jodida y jodidamente me comportaba», reconoce ella misma al reflexionar sobre su duelo. Sin tirar de recursos comunes ni caer en el sentimentalismo, Giménez Bartlett –que deja intuir en la dedicatoria de la novela el poso autobiográfico de lo que narra– expone de forma magistral cómo la pena, la rabia y la incredulidad que acompañan a la muerte de los seres queridos se ven acompañadas de un sentimiento extraño y agridulce, nacido de la constatación de que el mundo sigue girando ajeno a nuestra tragedia.

Y de eso precisamente, de que la vida sigue pese a todo y así debe seguir siendo, trata la novela, que presenta a Delicado y a Garzón enfrascados en la investigación del asesinato de un jesuita que llevaba a cabo actividades de acción social en el barrio barcelonés de La Mina. Las pesquisas que han de llevar cabo los dos agentes se ven condicionadas por el hermetismo de la institución eclesiástica, que pone de manifiesto el tópico cervantino de que «con la Iglesia hemos topado», y por las particularidades del escenario del crimen, una zona conflictiva y desfavorecida.

Resulta admirable el modo en el que está construida la trama criminal, que da comienzo sin que lectores y personajes sepan nada más que la identidad del muerto y la saña con la que fue apuñalado. De forma progresiva, y con una excelente diseminación de informaciones basada en sorprendentes hallazgos y revelaciones que provocan que en ningún momento decaiga la atención lectora, se van abriendo nuevas vías y proponiéndose diversas hipótesis para la resolución del caso, que termina por resolverse de forma verosímil sin trampas ni efectismos, aunque, quizá, forzando demasiado algunas casualidades para que todas las piezas puedan encajar.

A pesar del innegable interés del argumento, y del estupendo catálogo de personajes que va desfilando por la novela, a los que Petra Delicado se enfrenta en los interrogatorios con la sagacidad y la ironía que la caracterizan, lo más interesante no es saber quién es el asesino, sino observar el proceso que lleva a los protagonistas a descubrirlo. Hay en las páginas de la obra diálogos memorables, reflexiones lúcidas, escenas hilarantes, descripciones sociales… y, lo que resulta más valioso, toda una sincera reivindicación vitalista que no se basa en proclamas vacuas como esas que animan a seguir adelante con frases hechas, sino en la fidelidad a uno mismo, en el disfrute hedonista y en el compromiso con los demás como remedios para aferrarse a la vida cuando todo parece perdido.

La publicación de 'Bajo el cielo infernal', que ha coincidido con la reedición de buena parte de las novelas de Petra Delicado en el catálogo de la editorial Destino, permite reencontrarse con una autora en plenitud de condiciones, dueña de un estilo ágil y directo que provoca que el ritmo narrativo avance con naturalidad al tiempo que proporciona una visión del mundo tan inteligente como irónica. Con esta nueva entrega, Alicia Giménez Bartlett demuestra su excepcional lucidez como escritora, que le ha llevado a convertirse, con todo merecimiento, en uno de los referentes de la novela negra europea contemporánea.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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