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El Williams de Carlos Sainz, durante la carrera en Australia. EP Análisis Alonso no es el único que sufre; Sainz atraviesa por su particular calvarioEl nefasto desarrollo de la precampaña en Williams ha hecho que tanto el español como Albon apenas opten a puntuar en este comienzo de temporada
David Sánchez de Castro
Lunes, 9 de marzo 2026, 19:04
... resultado que lograron los pilotos en Melbourne. Por ejemplo, Arvid Lindblad debutó en Fórmula 1 con un meritorio octavo puesto al volante de su Racing Bulls. O Gabriel Bortoleto le dio a Audi los primeros dos puntos de su historia como equipo, acabando así con más de 40 años de especulaciones con que jamás se iba a ver a un fabricante del grupo VAG en el gran circo. Fernando Alonso y a Lance Stroll fueron solo en parte culpa del motorista. El desarrollo del AMR26 es tan nefasto que no es solo responsabilidad de los nipones que hayan caído en la situación que atraviesan. Vistas las ínfimas expectativas que había en la actuación de Alonso y Stroll en Melbourne, que pudieran completar más de 20 vueltas en el caso del español y más de 40 en el del canadiense se puede considerar todo un hito.Alonso no es el único que está sufriendo solo. Si su enfado es difícilmente disimulable -tampoco le preocupa mucho-, el del otro español en la parrilla no lo es menos. Y es que Sainz se ha encontrado con que WIlliams le ha dado un monoplaza que ha dado cuatro pasos atrás con el cambio de normativa.
El madrileño fue el penúltimo en entrar en meta en el circuito 'aussie'. No tuvo una salida brillante, y cuando se vio en situación de pelear, se topó con que no funcionaba el alerón delantero que debería desplegar esa aerodinámica activa que tanto cacarean desde los despachos de la FIA. «Este problema no es nuevo y tenemos que centrarnos en solucionar rápido estos problemas si queremos mejorar a corto plazo. Tenemos deberes por hacer», se lamentaba después de la cita inaugural del año, consciente de que está en una situación crítica. Reengancharse rápido a la pelea por los puntos es clave si quieren optar a sumar de manera regular, y cada gran premio que tarden es una nueva ocasión que pierden.
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En Williams no han estado a la altura. James Vowles, jefe del equipo, es consciente de que han decepcionado de manera notable ya no solo a sus pilotos o a sus fans, sino a los patrocinadores presentes y potenciales que vieron en el salto de calidad de finales de 2025 una oportunidad para encontrar su hueco en esa hipotética y potencial subida a la gloria. Williams es de esos equipos que cuenta con dos pilotos brillantes -no excepcionales- que les pueden dar alegrías, si hay un monoplaza que les permita estar ahí.
La fiabilidad, además de una pésima competitividad, es el gran talón de Aquiles de Williams. Prueba de ello es que Sainz no acabó dos de los tres entrenamientos libres y que en clasificación ni siquiera salió. No son las sensaciones que desea tener ningún piloto.
Un coche a mediohacer
Los problemas de Williams no son exclusivos. Todos los equipos, excepto los sospechosos Mercedes, han atravesado durante el primer fin de semana de este cambio normativo su particular cenagal. Si no es por la gestión energética, que privó a Max Verstappen de pelear con Lando Norris por el quinto puesto, fue por la degradación súbita de los neumáticos o bien por el comportamiento en sí de los coches.
Sainz, que antes de comenzar el año prefería contemporizar sus críticas, se ha unido a la ola unánime contra las decisiones de la FIA. «La sensación es mala. La salida ha sido peligrosa con muchos coches teniendo problemas y en la primera vuelta con la aerodinámica activa en las vueltas y con el rebufo era muy peligroso. No me ha encantado. La seguridad siempre tiene que primar y no ha sido la primera vuelta más segura», se lamentaba el madrileño en declaraciones al diario AS, donde también apuntaba a una rectificación rápida.
Y la clave está en la electrificación que han impuesto: «La fórmula que han creído que era buena para la Fórmula 1 no es la adecuada y hay que cambiarla. Lo del 50-50 -mitad de potencia de combustión, mitad de motor eléctrico- para hacer carreras de F1 no parece que esté funcionando ni que nadie esté contento», señalaba. No es el único que lo critica, pero es evidente que su realidad no es la misma que la de George Russell: posiblemente el británico esté dispuesto a sacrificarse en la situación de dominio que atraviesa.
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