Amaia Montero en su primer concierto en Madrid tras su vuelta a La Oreja de Van Gogh. Europa Press
Columnas LATERALIA Amaia Montero y su regreso triunfal a Madrid: una noche de terapia colectivaLa vocalista no está en su mejor momento pero el público desde luego no es idiota. Sólo vibra y cuida de sus ídolos, especialmente cuando abrazan la vulnerabilidad.
Ana Núñez-Milara Publicada 29 mayo 2026 12:16h Actualizada 29 mayo 2026 12:44hEl primer concierto de Amaia Montero en Madrid constató la rendición del público a la artista que definió con sus letras el sentir de los años más jóvenes. Aquellos tiempos en los que no existía internet y la cursilería, afortunadamente, estaba permitida.
Había expectación en el Movistar Arena mucho antes de que se apagaran las luces. A la cita acudieron 15.000 seguidores, de treintañeros para arriba en su mayoría, dispuestos a arropar a la vocalista en su vuelta a los escenarios tras haber tocado “el mismísimo infierno”, como reconoció en el primer concierto en Bilbao con La Oreja de Van Gogh el pasado 9 de mayo.
Pero Amaia salió de él. Emergió desde una plataforma al ritmo de los primeros acordes de su tema 20 de enero: “Pensé que era un buen momento”… Y no hizo falta terminar la frase porque el público la completó por ella, como ocurriría durante el resto de la noche con la euforia desatada y con la conciencia de que la artista necesita ir ganando confianza.
La nostalgia vence al escándalo en el regreso de La Oreja de Van Gogh en MadridAmaia quería volver a Madrid y Madrid esperaba su regreso. Y la acogió sin prejuicios y con la garganta preparada para seguir sus letras y corear su nombre. No la dejó sola ni un solo momento, ni siquiera cuando los problemas técnicos interrumpieron momentáneamente el encuentro. La capital será, de hecho, la ciudad donde más conciertos ofrecerá dentro de su gira Tantas cosas que contar.
Dulce locura, Geografía, París, Cuéntame al oído… Son los himnos de una generación que venera el pop y cuida a sus ídolos, especialmente cuando estos abrazan la vulnerabilidad. “No tenéis ni idea de las veces que hemos soñado con este instante. La historia de la Oreja de Van Gogh no se explica sin Madrid. Qué regalo tan maravilloso es estar aquí con todos vosotros", agradecía la cantante en las poquísimas intervenciones que tuvo con el micrófono.
Amaia Montero representa mucho más que una voz, es el símbolo de esas almas que han crecido con la vibra de las letras que han cantado en el asiento trasero del coche o entre lección y lección de historia. Sus temas siguen sonando en la radio y uno se descubre cantándolos de memoria sin haberlo pretendido. Aunque uno no sea seguidor, me atrevería a apostar a que sabría continuar esta estrofa: y paseé por mi mente y…
Asistentes al concierto de La Oreja de Van Gogh en el Movistar Arena. Europa Press
Más allá de la música, el concierto fue un espejo del paso del tiempo. Amaia Montero no es la misma que abandonó los escenarios hace años, ni la misma que lideraba La Oreja de Van Gogh en el momento de mayor éxito de la banda. Después de tocar fondo y atravesar graves problemas de salud mental, trabajó para reconstruirse lejos de la exposición pública y regresar hoy con una fragilidad visible y, precisamente por eso, más cercana y más querida.
Pero es que el público que la sigue tampoco es el mismo. Los que coreaban No sé si aún me recuerdas en el año 2000 hoy peinan canas, tienen hijos, pagan hipotecas y han pasado probablemente por unas cuantas rupturas y decepciones más complicadas de lo que podían imaginar cuando cantaban con los vaqueros apretados. También han perdido cosas por el camino y saben lo que es romperse. La gran diferencia es que la inmensa mayoría lo ha hecho en silencio y alejado de la exposición mediática.
Desde luego, un concierto son muchos elementos al mismo tiempo: una puesta en escena, una acústica, una calidad vocal o dirección artística. Pero el de ayer trasciende cualquier examen técnico. Los asistentes no acudían al Movistar Arena libreta en mano esperando puntuar de cero a diez las cualidades de esta cita como si fuera un examen de gimnasia deportiva, sino que buscaban rencontrarse con todas esas emociones que han sobrevivido al tiempo.
Amaia Montero, en su regreso a La Oreja de Van Gogh: "Bajé al mismísimo infierno, pero aquí estoy con mis cicatrices"Durante casi dos horas, el evento se convirtió en una especie de terapia colectiva, una catarsis compartida entre la artista que regresa con miedos y un público que ha aprendido también, a su manera, que las vulnerabilidades no son jamás una derrota.
El espectáculo y la artista tienen mucho por madurar. Falta más seguridad sobre el escenario, entrenamiento vocal, mejorar el aplomo de la escenografía o un mayor control sobre los tiempos entre canción y canción, que en ocasiones llegaba a desconcertar por lo largos que se hacían.
Amaia no está en su mejor momento pero el público desde luego no es idiota, como insinúan algunos. Sólo es gente que mira por encima del ruido, que busca vibrar, que quiere a sus ídolos y, lo más importante, no los abandona.
Ya habrá tiempo para evolucionar, fortalecer la voz o afinar el espectáculo. Pero lo que está claro es que la gente anoche concedió el beneplácito de la esperanza a la artista, coreando su nombre en varias ocasiones y tronando el pegadizo “Amaia, Montero, te quiere el mundo entero”.
Amaia Montero sobre el escenario de Madrid. Europa Press
Y este cariño se extendía también al resto de la banda: Xabi San Martín, Haritz Garde, Álvaro Fuentes y el guitarrista Imanol Goikoetxea, que ha asumido el relevo tras el paso atrás de Pablo Benegas. La Oreja de Van Gogh inicia un nuevo capítulo tras la salida forzada de Leire Martínez en 2024, la vocalista que mantuvo vivo al grupo durante casi 18 años.
Suerte la mía haber asistido a este evento junto a mi hermana, una rara avis que permanece al margen de las redes sociales y que no había escuchado una sola palabra sobre los conciertos previos ni las falsas polémicas que han levantado algunos lumbreras. Acudió a la cita virgen, sin prejuicios ni relatos prefabricados, dispuesta a escuchar a su artista favorita desde la más pura inocencia.
Por eso su reacción fue una de las más honestas y reveladoras. Saltaba con cada canción, siguió e interpretó todas las letras, coreó su nombre y santificó cada tema. Nunca mencionó la afinación o las torpezas de escenografía, simplemente, se elevó sobre el fenómeno Montero.
La noche terminó con el abrazo de toda la banda sobre el escenario, rosas arrojadas a la pista y con una contundente declaración de Amaia: “Madrid, muero por ti”. La capital se rindió ante la 'reina del pop'.