La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, aseguró sin aportar pruebas que la operación había causado la muerte de civiles.
Más información: Trump captura a Maduro y da por terminado el ataque pero el chavismo mantiene el control militar de Venezuela
Antonio Lugo (Caracas) Publicada 3 enero 2026 13:31hLas claves nuevo Generado con IA
Aviones estadounidenses bombardearon varias instalaciones militares y estratégicas en Caracas, incluyendo el aeropuerto de Higuerote, Fuerte Tiuna y el puerto de La Guaira.
La ofensiva buscaba capturar a Nicolás Maduro y provocó intensos momentos de temor y confusión entre los habitantes de la capital venezolana.
Vecinos reportaron explosiones, columnas de humo y la militarización de las calles, así como un toque de queda impuesto por el régimen chavista.
La población se enfrenta a la desinformación y la escasez, mientras familias se resguardan y buscan víveres ante el agravamiento de la crisis económica.
Juanjo* puede ver desde su ventana la urbanización donde está el aeropuerto de Higuerote, detrás del centro comercial Flamingo. Su edificio acompaña a los demás que se encuentran en la entrada de la ciudad turística, conocida por sus playas pero hoy es famosa por los ataques sobre su aeropuerto por parte de aviones estadounidenses, el punto culminante de la ofensiva del país norteamericano sobre el régimen de Venezuela.
La primera deflagración encontró a Juanjo dormido. "Escuché dos explosiones que hicieron retumbar mi habitación”, afirma. En un estado entre el sueño y la vigilia, se incorporó para enfrentar el ruido y la iluminación que entraba por su puerta. ”Y cuando entraron mis sobrinos a verme, a preguntarme qué había pasado, hubo dos detonaciones más y entró toda la luz de los fogonazos".
Cuando se asomó hacia afuera, vio que el aeropuerto estaba "encendido". Una columna de humo y llamas ascendía entre la oscuridad del amanecer.
Sánchez pide "desescalar" la crisis de Venezuela y ofrece "sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada"Los vecinos salieron apurados para reunirse en el parqueadero, "alborotados", en palabras de Juanjo, "y cada uno con su propia historia". "Unos decidieron irse con sus niños, sus morrales y un botellón de agua, pero otros nos recomendaron quedarnos en casa.
Entonces volvimos al apartamento e hicimos café, pero a las tres de la mañana sentimos el sobrevuelo de aviones que pasaban, disparos. Entonces supimos que venía la explosión y eso nos dio más miedo". Fue entonces cuando decidió sacar a su familia, que estaba demasiado cerca de los impactos, para resguardarse en otra casa. Desde ahí esperaron, nerviosos y cansados, a que llegara.
La madrugada del tercer día del año llegó con el temblor de los misiles. La aviación de los Estados Unidos, comandada por la Administración del presidente Donald Trump, atacó numerosas instalaciones militares y estratégicas en la capital de Venezuela, Caracas. Al otro lado del Ávila, la montaña que corona el valle capitalino, bombardeaban el puerto de La Guaira y el círculo militar de Mamo, ambos en la ciudad costera de Vargas.
Mientras tanto, Caracas despierta con un frenesí que va más allá de las esperanzas y decepciones acostumbradas a lo largo de dos décadas de chavismo. Fran, que vive frente a la autopista Francisco Fajardo, de las principales de la capital, describió la caravana de tanquetas y coches de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) que se dirigían al este de Caracas, hacia la base aérea de la Carlota.
Otros puestos atacados incluyen Fuerte Tiuna, donde tiene su sede el Ministerio de Defensa venezolano, y el centro de comunicaciones en el monte El Volcán, en El Hatillo.
La familia de Fran ha dedicado las primeras horas del día a recoger víveres, alimentos, agua, preparándose para el agravamiento de la profunda crisis económica y la posibilidad de escasez de productos de primera necesidad.
"Pero ahora estamos en toque de queda y ya no pasa nadie por las calles", dice. Varias calles están vacías, gracias al estado de emergencia convocado por el régimen chavista, aunque se reportan detenciones y la circulación de cuerpos paramilitares leales al Estado.
Pero la militarización es un fenómeno discontinuo en el país, que ve cómo las calles se inflan de cuerpos de seguridad que no aparecen el resto de la semana. Más bien, varios policías y militares aprovechaban la temporada de fiestas para “matraquear” a los ciudadanos, amenazándoles con multas y penalizaciones si no ofrecen un soborno monetario.
Las horas en las que falta la información oficial son otra fuente de ansiedad para quienes acaban de vivir el ataque más violento sobre la capital desde el golpe de Estado dirigido por Hugo Chávez en 1992.
En casa de Fran, todos sus familiares se encuentran "pegados al teléfono" desde la madrugada. "Puse un canal de Youtube para intentar filtrar las 'fake news', pero nos hace falta calma", dice, recordando el golpe de Estado del 2002. "Ahí también pensábamos que se había acabado, pero a los tres días reapareció Chávez", dice.
Más cerca del Fuerte Tiuna está la casa de la madre de Kleiber, que la visitaba para acompañarla en su tratamiento de quimioterapia. "Ya estamos agotados, todo el día en la clínica, pero qué susto nos pegamos, el apartamento se estremeció tanto que pensamos que era un terremoto", dice.
Kleiber habla de la angustia y la histeria que a su vez se agravan gracias a las noticias falsas, un fenómeno que se ha vuelto parte habitual del ecosistema informativo. Varias noticias hablan de la muerte de figuras clave del chavismo y de invasiones terrestres por parte de los militares estadounidenses, falsedades que se multiplican por las diferentes redes sociales y opacan una situación que .
"Es algo que genera esperanza, miedo y agotamiento", dice Kleiber. Ahora le toca, como a todos, esperar a que se aclare el panorama para averiguar con qué país se encontrará.
*Los nombres han sido modificados a petición de los entrevistados para proteger sus identidades