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Amelia Valcárcel, feminista del PSOE: "El 'no a la guerra' es como decir 'no al cáncer'. El problema es qué haces si la guerra existe"

Amelia Valcárcel, feminista del PSOE: "El 'no a la guerra' es como decir 'no al cáncer'. El problema es qué haces si la guerra existe"
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"Ana Redondo es tan mala ministra como Irene Montero. Esta es más calmadita; la otra era una histérica de narices". "Aplicar hormonas a menores es la barbarie del siglo XXI, pasará a la historia de la Medicina como las lobotomías".

Amelia Valcárcel atiende a El Español en una sala del Congreso de los Diputados. Nieves Díaz

Política Amelia Valcárcel, feminista del PSOE: "El 'no a la guerra' es como decir 'no al cáncer'. El problema es qué haces si la guerra existe"

"Ana Redondo es tan mala ministra como Irene Montero. Esta es más calmadita; la otra era una histérica de narices".

"Aplicar hormonas a menores es la barbarie del siglo XXI, pasará a la historia de la Medicina como las lobotomías".

Publicada 8 marzo 2026 02:29h

Las claves nuevo Generado con IA

Hasta hace unos años, Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) parecía vivir en tránsito, entre aviones y pasillos de la T-4.

Ese aeropuerto era, de algún modo, su segundo hogar, un punto intermedio entre la casa familiar en Oviedo y el Consejo de Estado, donde pasó dieciséis años dejando huella como una de las consejeras más activas.

Antes, su camino había sido también político: consejera de Educación del Gobierno del Principado de Asturias entre 1993 y 1995.

Pero si hay algo que define a Amelia Valcárcel es su pasión por pensar y por nombrar el mundo. En conferencias y en libros, ha tejido un entramado donde convergen la filosofía, el feminismo y la historia de las ideas. Desde Sexo y filosofía (1991) hasta Feminismo en un mundo global (2008) y, más recientemente, La civilización feminista (2023).

Militante histórica del PSOE, no rehúye la crítica a los suyos. Fue, por ejemplo, una de las voces más firmes al cuestionar la Ley Trans.

Tres años después de dejar el Consejo de Estado, la encontramos en una de las salas del Congreso de los Diputados, en medio de un ciclo de conferencias con motivo del 8-M. Lo que más le mueve ese día es poder escuchar a la feminista iraní Masih Alinejad, que también visita la Cámara Baja.

En sus estudios usted habla de tres olas del feminismo, que arrancan en la Ilustración y desembocan en la etapa contemporánea, con una conquista paulatina de derechos. Pero tras el resurgir de la pasada década, el movimiento atraviesa una crisis, dividido entre una posición 'clásica' y otra 'queer'. ¿A dónde cree que se dirige el feminismo?

La cronología norteamericana suele hablar siempre de dos grandes olas feministas, porque evita cualquier referencia a la Ilustración. Yo creo que, como europeos o europeas, tenemos que tener en cuenta el feminismo ilustrado, porque la Ilustración es la cuna matriz de nuestro mundo.

Estamos, en efecto, en la tercera ola del feminismo, y su pregunta implica lo siguiente: que para usted existe continuidad entre el feminismo y la consecución de derechos por parte de la doctrina queer. Y eso es lo que yo voy a negar absolutamente.

¿Por qué?

La doctrina queer es una consecuencia no pretendida de las victorias de las agendas feministas. Nace de la ruptura de las estrictas normas de género que el feminismo produce. Y como movimiento pertenece a lo que Celia Amorós, mi muy querida maestra, llamaba una "alianza ruinosa". El feminismo a veces establece alianzas ruinosas.

La agenda de ese delirio es completamente contraria a la agenda actual del feminismo. El delirio queer ha operado como un caballo de Troya.

Si uno dice, por ejemplo, que a la prostitución hay que dejarla en paz porque, como todo el mundo sabe, es "creativa", está muy bien y forma parte de la libertad, y se llama "trabajo sexual".

Si además se aceptan los vientres de alquiler como si fueran algo estupendo para que quien no tiene hijos pueda adquirirlos de otras personas con dinero, de personas que lo que no tienen es precisamente dinero, presentándolo como un intercambio económico normal que no existía desde la sociedad esclavista...

O si seguimos así y decimos que la pornografía es pura imaginación y que no tiene nada que ver con que luego aumente la incidencia de la violencia contra las mujeres…

"El delirio queer ha operado como un caballo de Troya en el feminismo"

Si se pretende intervenir en la salud de niñas y niños mediante envenenamiento hormonal y cirugías aberrantes...

Si se sostiene todo ello —que es lo que plantea la doctrina queer—, hay que retirar la alfombrilla. Eso no es feminismo. Es otra cosa. Una que, además, no solo pervierte el feminismo, sino que pretende suplantarlo.

Y eso no lo vamos a permitir. No hay un feminismo clásico y otro queer. No. Hay un feminismo que es bastante estable como teoría y como práctica, y hay gente que está confundiendo el 8 de Marzo con el Día del Orgullo. Y no son lo mismo.

Amelia Valcárcel, posa tras la entrevista para EL ESPAÑOL. Nieves Díaz

Una de las grandes diferencias está en cómo la doctrina 'queer' trata la transexualidad frente a las otras feministas.

Mire, me he pasado media vida luchando para que la homosexualidad dejara de ser un delito.

Me refiero a la transexualidad, no a la homosexualidad.

La transexualidad en el sentido que hoy se aplica, implica que alguien diga ser de otro sexo y lo respalde con intervenciones físicas extremas: hormonas, cirugías complejas, incluso aplicadas sobre menores.

Esa es la barbarie del siglo XXI. No puede ser tolerada y pasará a la historia de la medicina como pasaron las lobotomías. Es una atrocidad.

Pero, ¿cómo se trata la disforia de género, que sí es clínica?

La disforia de género no es un asunto clínico real. Es un concepto de John Money, un sexólogo que no tiene demasiado reconocimiento ni en Psicología ni en disciplinas afines.

La disforia de género, en realidad, dice: "Alguien no se siente a gusto". Pues entonces, todas las feministas somos disfóricas de género: no nos sentimos cómodas con el papel que se nos asignó y hemos hecho todo lo posible por romperlo. Y lo hemos logrado.

Esto que llevo puesto se llama pantalón. En los años 70, si una mujer se lo ponía, todavía le llamaban cosas poco agradables en plena calle. ¿Eso era ir contra un estereotipo de género? Claro que sí. Ahora ni siquiera es un rasgo notable. Ni nos fijamos.

Pero, ¿cuántas personas sufren alteraciones cromosómicas tan raras que aparecen en uno de cada 80.000 a 400.000 nacimientos?

El delirio queer hace hipérbole de un problema más que minoritario, pero porque sólo los usa. A esas personas se les debe reconocer lo que haga falta, pero eso no es lo que promueve la doctrina queer.

Ha pasado de la convicción feminista de que el sexo no debe de importar ni excluir en la mayor parte de las áreas de conducta, a que el sexo no existe. Pero luego eligen. Eligen socavar el feminismo y borrar a las mujeres.

En los últimos años han surgido posturas críticas. Por ejemplo, el otro día Gaspar Llamazares aseguraba…

Me encanta. Es alguien por quien siento un desprecio infinito.

Bueno, decía en una entrevista en 'El País' que la izquierda se ha "pasado de frenada" dando carnets de feminismo...

Él se pasó de frenada muchas veces haciendo otras cosas, que podría enumerar, pero no voy a cansar a los lectores.

Coincidí con él en mis años de gobierno. Me importa un rábano lo que opine alguien cuya ética es tan frágil.

Uno de los retos del feminismo parece ser conectar con los más jóvenes.

No, eso no es un reto del feminismo. Es un reto para los jóvenes: o se hacen feministas o verán qué hacen.

A diferencia de las generaciones anteriores, los jóvenes ahora se están volviendo más conservadores.

Siempre hay un valle entre generaciones, si usamos los conceptos de la teoría de generaciones del siglo XX. Entre victorias y consecuencias, aparece un valle.

Después de lograr algo con esfuerzo, es natural que haya un periodo de estabilidad que luego decae un poco. Es esperable.

"Antes o después, nuestra civilización será feminista"

No hay nada que temer: de cada victoria hay que hacerse cargo. Goethe lo dijo muy bien: lo que tus padres te dejan en herencia, tú tienes que conquistarlo. Eso a mí no me preocupa. Antes o después, nuestra civilización será feminista. Se hará. Mientras tanto, unos cuantos incels se quejan en redes sociales. Pues se les pasará.

Una encuesta reciente de la Fundación FAD concluye que, de 15 a 29 años, más de la mitad de los jóvenes considera al feminismo como una herramienta de manipulación política.

La imagen que tienen es la del queerismo imperante, que es lo que están tomando como feminismo, y piensan que es una manipulación.

Yo también. Los más jóvenes han asistido a los dos últimos Ministerios de Igualdad que han manipulado absolutamente lo que es el feminismo.

Los dos últimos ministerios. Lo ocupó Irene Montero y ahora Ana Redondo ¿Qué le parece la última?

Es igual, son gemelos.

¿Cree que siguen los mismos postulados?

Bueno, no los ha cambiado. Como ve, yo pelos en la lengua no tengo. No encuentro mayor diferencia entre una y otra. Bueno, sí: esta es más calmadita, mientras que la otra era una histérica de narices.

¿Recuerda aquella expresión de Pedro Sánchez cuando aseguró que tenía amigos de 40 y 50 años que se sentían "incómodos" con el feminismo?

Tiene unos amigos muy raros. Leí mucho sobre eso. No quiero hablar más.

Usted fue muy crítica con la Ley Trans. Dijo que es "sumamente peligrosa para las criaturas, para las mujeres, para la sociedad y la libertad de expresión". Se cumplen tres años ya. ¿Lo mantiene?

Barbarie pura y dura. Hormonar a criaturas de 7, 8, 14 o 16 años. Perseguir con demandas la libertad de expresión. Multiplicar chiringuitos. Tergiversar las escasas leyes que protegen la libertad de las mujeres …

El otro día escuché a Bibi Andersen. Me quedé impresionada cuando dijo que ya no podía seguir luchando contra su cuerpo. Y me pareció algo admirable. Absolutamente admirable. Esta persona siempre ha sido admirable por muchas cosas.

En el momento de la aprobación de la Ley Trans, usted estaba en el Consejo de Estado y denunció que, por primera vez en 16 años, una ley que afectaba a varias leyes orgánicas y a preceptos constitucionales no pasaba por el Pleno por decisión de la presidenta…

María Teresa Fernández de la Vega decidió que esa ley no pasaría a Pleno sino que sería vista por la Permanente. Asombroso. Se le pidió, yo lo hice y guardo mensajes, que fuera a Pleno y se le recordó que afectaba a leyes orgánicas. Ni caso.

Convocó a la Permanente a las 09:30 de la mañana de cierto miércoles para que se estudiara.

Y a las 07:30 de esa misma mañana, es decir, dos horas antes de que la Permanente se reuniera, la ministra Montero adelantó cuál iba a ser el resultado: el Consejo de Estado iba a dictaminar que era una ley estupenda. Lo dijo en un tuit. En el mismo le daba a Fernández de la Vega las más expresivas gracias.

¿El respeto por las instituciones no debería existir? ¿No podría haber esperado hasta las 12 para tuitear? No, no podía. Estaba demasiado contenta.

Amelia Valcárcel, en la sala Lázaro Dou en el Congreso de los Diputados. Nieves Díaz

Y poco tiempo después se la cesa a usted.

Sí. Me llamó la entonces presidenta, Magdalena Valerio. Estaba muy turbada, la verdad. Me explicó que había que rejuvenecer el órgano. Me hizo bastante gracia. Naturalmente, le respondí que a ella le pasaría lo mismo en breve. Y así fue.

Después hablé con los compañeros que salieron conmigo. Recuerdo que Juan José Laborda [expresidente del Senado] comentó —estábamos en plena Semana Santa— que, siendo las cosas como son, es lógico que a Jesucristo lo acompañen un par más.

Por cierto, el Consejo de Estado avaló la ley del 'sólo sí es sí'. Se centraron en lo que era o no era consentimiento, pero no entraron en lo que luego posibilitaría la reducción de penas.

La ley del solo sí es sí es una ley lamentable, aunque trata un asunto importantísimo y muy difícil: ¿Qué es el consentimiento?

Las peores consecuencias de esa ley fueron evitadas gracias a la seriedad del PP en este caso. Es decir, que el Partido Popular pudo perfectamente haber dejado que el PSOE siguiera hundiéndose bajo la avalancha diaria de exoneraciones o reducciones de pena, y no lo hizo. Decidió intervenir y apoyar al PSOE, y eso se pagaría.

Yo agradecí esto en su día a Feijóo. Le dije: "Tú has demostrado que puedes, a veces, hacer política feminista seria. Lo has hecho en este caso, impidiendo que esa terrible ley siguiera adelante".

Ahora desearía que se implicaran un poco más. No olvido que el Partido Popular tiene una enorme cantidad de gobiernos autonómicos en los cuales sus leyes trans siguen vigentes.

¿Mantiene el respaldo a Feijóo?

Yo no puedo mantener un respaldo a la política del PP porque soy del PSOE, socialdemócrata sin fisuras.

Pero tengo que reconocer y agradecer lo que está bien hecho. Y eso, en este caso, estuvo bien hecho. PSOE y PP deberían cultivar el campo enorme que como demócratas comparten.

A raíz del consentimiento, se ha pasado a otra situación: la de las condenas mediáticas. Pienso en el último caso, Julio Iglesias. Ahora, el cantante ha decidido querellarse contra los que le han acusado sin sentencia judicial y ha comenzado por Yolanda Díaz.

La verdad es que ni seguí a don Julio cuando cantaba ni lo sigo cuando actúa, y de esto no sé absolutamente nada. Lo que sí puedo decir es que se dirimirá en los tribunales, y punto.

Estamos en una época de MeToo porque lo que no va a ocurrir es que las mujeres toleren durante un tiempo infinito no ser dueñas del espacio en el que trabajan, y tener que soportar constantes abusos, presencias indeseadas, comunicaciones no pedidas...

El último 'MeToo', por cierto, afecta al Partido Socialista…

Sí, y también al Partido Popular, a Vox, y cuando pasemos al mundo de la empresa será aún más interesante. ¿Por qué? Porque, para muchos hombres, la idea de que el espacio propio de una mujer no es un lugar donde puedan intervenir constantemente les resulta muy difícil. Tienden a no entenderlo.

O sea, hay muchos hombres que todavía no distinguen entre coqueteo y la invasión del espacio ajeno. Yo no creo que las mujeres estén en contra del coqueteo, pero sí rechazan la invasión de su espacio mediante malas formas.

El poder es algo muy notable, y hay gente a la que le hace perder el sentido común de lo que está bien. Cree que puede hacer cualquier cosa…

Pero incidiendo en el PSOE, que es su partido, ¿cree que falló el canal interno de denuncias?

Hombre, el canal de denuncias: ¡cinco meses sin hacer caso de una! Más allá de que yo creo que, en estos casos, lo mejor es ir directamente al juzgado. Sin más. Esto es un asunto de juzgado. Se va uno al juzgado porque la lealtad es una virtud, pero es inferior a la virtud de la Justicia.

Una polémica que marcó al movimiento feminista fue el caso de Juana Rivas, la madre de Granada que retuvo a sus hijos para no entregarlos a su padre, Francesco Arcuri, al que acusaba de malos tratos. ¿Por qué no quiso manifestarse en su momento?

No quise manifestarme en su día y sigo sin querer hacerlo, porque estas situaciones deben resolverse en sede judicial.

Puedes tener tu opinión sobre lo que está pasando, y lo que quieres es que, en todo caso, la dignidad de esa persona y la de sus hijos, así como la protección frente a una posible violencia, estén aseguradas. Considero a nuestra sociedad capaz de hacer justicia y no creo que tengamos que hacerla nosotros por polarización y en la calle.

Sí decidí intervenir en el asunto de La Manada. ¿Por qué? Porque leí aquella sentencia y era totalmente impropia. Provocó un escándalo. Y el escándalo es una prueba de que algo va mal. Todo eso fue rectificado.

En el caso de Juana Rivas, en cambio, no he dicho ni pío ni lo pienso hacer, porque no tengo todos los elementos de juicio para opinar con certeza.

Otra cuestión controvertida en los últimos días ha sido el uso o no del velo integral. Vox presentó una iniciativa contra el burka en el Congreso y el PP la respaldó.

Me da igual quién lo presente. El rechazo se basa en la exposición de motivos que tiene partes que son malas. Pero hay que distinguir entre la exposición de motivos de una ley y la ley en sí.

Lo importante es la ley, no la exposición de motivos, que no tiene carácter legal. Ningún cubrimiento femenino es un “derecho religioso”.

"Es preocupante que haya gente en el Congreso diciendo que existe un derecho religioso a llevar burka".


Más claro: no existen los llamados “derechos religiosos”. Afirmar que existe un “derecho religioso” es lo mismo que decir que un texto religioso está por encima de la ley, que es superior a la ley.

Lo que existe en democracia es tolerancia hacia las religiones, siempre que su práctica no altere la paz civil. Es preocupante que haya gente, incluso en esta casa [el Congreso de los Diputados], diciendo que existe un derecho religioso a llevar burka.

Amelia Valcárcel, charlando con EL ESPAÑOL. Nieves Díaz

Incluso Patxi López y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, han hablado de libertad religiosa en este contexto.

La libertad religiosa es la que concede el Estado a un culto, siempre que no altere la paz civil. Ese principio ya estaba declarado en Holanda y Zelanda en el siglo XVII. Todo lo demás son intentos de inventar conceptos jurídicos oscuros para normalizar conductas que no tienen defensa legal.

Hay un problema colateral que no se puede ignorar: las personas que se visten así suelen ser fundamentalistas extremas.

¿Qué queremos normalizar? ¿Que el fundamentalismo, que las yihadistas, puedan hacer su propia propaganda dentro de nuestra sociedad y, además, mediante su conducta, impresionar y atraer a otras personas, muchas de las cuales quieren huir de la radicalización que observan en sus propios barrios?

Hace más de 20 años dio varias conferencias sobre la cuestión de la mujer y el Islam en Europa, bajo el título "Ni putas, ni sumisas", que era el prólogo de un libro de Fadela Amara.

Sí. Yo escribí el prólogo en español para Fadela Amara, musulmana, francesa y feminista. Más tarde fue nombrada secretaria de Estado y nombrada para asuntos para las banlieu [suburbios], justamente donde existía más ese problema.

Su libro fue muy importante, pero Francia tiene un problema considerable.

Nosotros, como somos mucho más listos que los franceses, ¿verdad?, como es evidente a lo largo de nuestra producción en todo, pensamos: "No vamos a tener ese problema". Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que Montesquieu, Descartes y todos los demás son de Castilla la Vieja.

En una de aquellas conferencias aseguró: "Quizás estamos escondiendo la cabeza debajo del ala cuando estamos soportando que desde ciertos reductos falsamente autoconcebidos como progresistas se nos diga que el multiculturalismo es una buena ley democrática, y que lo que hay que hacer es un esfuerzo de comprensión". Suena premonitorio.

Veinte años después... creo que individualmente siempre hay que hacer un esfuerzo de comprensión. Siempre tienes que intentar entender a la persona que tienes delante y por qué obra como obra. Incluso si consideramos que obra mal.

A veces me fijo en ejemplos concretos. ¿Recuerda el terrible atentado de Barcelona? Una de las personas que perdió a un hijo se presentó ante la prensa y dijo: "Necesito abrazar a un musulmán". Y lo hizo. Me pareció asombroso. Son cosas que enmudecen.

No podemos decir que todos los musulmanes son de una determinada manera, pero el fundamentalismo sí se repite de la misma forma siempre... No pertenece a nuestra tradición y, por lo tanto, no merece el beneficio de la duda.

"No podemos decir que todos los musulmanes son de una determinada manera, pero el fundamentalismo sí se repite de la misma forma siempre".

Ese es un gran reto: ¿cómo conseguimos integrar a estas personas?

Alguna gente sí. Alguna gente. Piense en España, como mi amiga Najat El Hachmi. Una feminista magnífica, buena novelista y ensayista.

Es que estamos recibiendo personas que vienen de niveles sociales y culturales muy diferentes, y eso marca a veces el cómo se adaptan. Lo malo viene cuando tu red de ayuda te fanatiza.

Ahora estamos viendo una intervención militar en Irán, con un régimen atroz con las mujeres.

Sí, y no solo con las mujeres, también con los homosexuales. En Irán hay, digamos, dos grupos. A los homosexuales que insisten en ser hombres y no trans, a esos los cuelgan. A los que dicen que tienen alma de mujer, los castran y los catalogan como mujeres.

Con las mujeres hacen cosas todavía peores. Por ejemplo, si una mujer es virgen y la condenan a muerte, primero la violan.

¿Dónde queda el derecho internacional cuando un país viola de manera sistemática los derechos humanos?

No tenemos una verdadera organización internacional; tenemos lo que tenemos. Esta es la segunda que tenemos. La primera idea fue la de Kant, la "paz perpetua": tiene que existir un gobierno de gobiernos.

La segunda fue la Sociedad de Naciones, creada después de la Primera Guerra Mundial. La Sociedad de Naciones colapsó en el momento en que las potencias del Eje la abandonaron.

Lo que tenemos ahora son las Naciones Unidas, fruto de la gran acción de Eleanor Roosevelt y de otras personas magníficas que hicieron la Declaración Universal de Derechos Humanos y contribuyeron enormemente a que apareciera ese "tercer gobierno".

Ha servido para garantizar la paz en muchos lugares, pero en este momento está muy debilitada. Tal como está ahora, no sirve, no tiene fuerza.

Hay tres imperios [EEUU, China y Rusia] y un solo Golfo Pérsico. Si nosotros nos damos cuenta... puede que ellos también.

Usted es favorable a abolir la prostitución, pero hay una división más que ideológica, casi territorial. Por ejemplo, partidos nacionales como PSOE o Izquierda Unida se declaran abolicionistas.

Eso dicen.

Pero luego están los partidos catalanes o también Bildu, con posiciones más regulacionistas —sobre todo ERC o los Comunes—, lo que ha generado división.

La división de momento no es tan grande. Yo me conformaría con que esos partidos se pusieran de acuerdo al menos en una cosa: acabar con la trata. Porque si no hay trata, hoy por hoy no hay prostitución.

El Ministerio de Igualdad quiere sacar una ley de trata.

Una ley de trata… Ya tenemos algo que se le parece y no parece estar surtiendo demasiado efecto.

La trata goza de buena salud en nuestro país. Y estamos hablando de uno de los mercados más indignos que existen: se mercadea directamente con la debilidad y el hambre de la gente. Eso no puede ser.

Este miércoles se hizo el acto institucional del 8-M, pero el debate del feminismo quedó algo eclipsado por el discurso de "no a la guerra" del presidente del Gobierno y de la ministra de Igualdad.

Decir "no a la guerra" cuando uno no la está haciendo es fácil. ¿A alguien le gusta la guerra? Yo no conozco ni siquiera a personas del estamento militar que digan que les gusta. Decir "no a la guerra" es algo así como decir "no al cáncer de próstata".

El problema es otro: qué haces cuando la guerra existe. ¿Qué haces con el derecho internacional cuando alguien como Putin se lo pone por montera e invade Ucrania?

Paradójicamente, ese discurso pacifista evitó que el Gobierno hiciera balance de un año complicado, con casos de acoso en los partidos, y otros sonados como el del DAO. Según las encuestas, esto ha provocado que la izquierda pierda voto femenino.

Es normal. Las mujeres quizá no tienen todavía una autoconciencia perfecta como grupo, pero tienen algo que empieza a parecerse. Y son muy capaces de darse cuenta cuando se les está tomando el pelo. El voto femenino, tradicional soporte del PSOE, está cayendo.

Amelia Valcárcel, tras una conferencia en el Congreso de los Diputados. Nieves Díaz

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