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Amigo de todos y rehén de casi nadie: Kazajistán se adelanta a la inminente 'guerra del agua' y pide a la ONU que la prevenga

Amigo de todos y rehén de casi nadie: Kazajistán se adelanta a la inminente 'guerra del agua' y pide a la ONU que la prevenga
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El país más rico en materias primas de Asia Central propone desde la cumbre ecológica RES 2026 una gobernanza global del recurso más básico del planeta, desde la región que más sufre ya el calentamiento global. La Eurasia Group incluyó "el agua como arma" entre los 10 principales riesgos globales. La ONU declaró 2026 el año en que el mundo ha entrado en "bancarrota hídrica": la demanda supera las tasas de reposición natural. Más información: El país que tiene todo lo que Europa necesita: Kazajistán, el petroestado que busca ser verde, encerrado entre Rusia y China.

El presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, en la inauguración de la Cumbre Ecológica Regional de Asia Central RES 2026, en Astaná.

Asia EMERGENCIA CLIMÁTICA / RES 2026 Amigo de todos y rehén de casi nadie: Kazajistán se adelanta a la inminente 'guerra del agua' y pide a la ONU que la prevenga

El país más rico en materias primas de Asia Central propone desde la cumbre ecológica RES 2026 una gobernanza global del recurso más básico del planeta, desde la región que más sufre ya el calentamiento global.

La Eurasia Group incluyó "el agua como arma" entre los 10 principales riesgos globales. La ONU declaró 2026 el año en que el mundo ha entrado en "bancarrota hídrica": la demanda supera las tasas de reposición natural.

Más información:El país que tiene todo lo que Europa necesita: Kazajistán, el petroestado que busca ser verde, encerrado entre Rusia y China.

Astaná (Enviado especial) Publicada 24 abril 2026 02:44h Las claves

Las claves Generado con IA

Hay un momento en la historia de los países en que la debilidad se convierte en oportunidad. Kazajistán lleva tres décadas buscando ese momento. Y esta semana lo ha encontrado.

La Regional Ecological Summit 2026 (RES 2026), que se ha celebrado en Astaná esta semana, ha acogido la primera ronda de consultas internacionales sobre la futura Organización Internacional del Agua —una agencia propia dentro de la ONU—, ante las más de 55 delegaciones presentes y los representantes de otras 18 agencias de Naciones Unidas.

El presidente, Kassym-Jomart Tokáyev, ya llamó la atención, en diciembre de 2025, en una cumbre en Turkmenistán sobre la paradoja de que el recurso más básico del planeta no cuente con una gobernanza global real. Y más ahora que la propia ONU ha declarado la "bancarrota hídrica" global.

Ya en la 78ª Asamblea General de la ONU, en 2023, Tokáyev lanzó la idea de esta cumbre ecológica regional. Y lo que empezó como un evento de diplomacia pública se ha convertido, ahora, en una propuesta concreta y, sobre todo, en una apuesta geoestratégica.

"El principal valor de esta cumbre será pasar del nivel de debate al nivel práctico", afirma el ministro de Ecología, Yerlan Nyssanbayev, en un encuentro con EL ESPAÑOL. "Los desafíos ecológicos no conocen fronteras. Las soluciones deben desarrollarse en colaboración."

El año más difícil de la ONU

La propuesta llega en el momento exacto. 2026 es el año en que las Naciones Unidas debe elegir nuevo secretario general. Y es también el año en que su arquitectura está más cuestionada desde 1945.

Mientras los Estados Unidos de Donald Trump arremeten contra el multilateralismo y cancelan su contribución a varias agencias, el llamado Sur Global exige una reforma que le dé más representación en el Consejo de Seguridad.

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Y Rusia y China aprovechan ese malestar para aliarse con los países emergentes para que esa reforma de fondo erosione la influencia occidental.

La RES 2026 dedicó una mesa redonda específica a esa reforma, enfocándose en la gobernanza global del agua como punto de apoyo. Porque en ese escenario de fracturas, Kazajistán ha encontrado la rendija perfecta: proponer una agencia concreta, técnica, urgente, que ningún bloque puede rechazar.

El agua no tiene ideología. Pero su gestión sí tiene geopolítica.

Amigo de todos: el arte de no elegir

El noveno país más extenso del mundo es un actor de poco peso en el panorama global. Necesita mantener relaciones equilibradas con todas las potencias sin unirse a ningún bloque. Ese "multivectorismo" lo formuló Nursultan Nazarbáyev en los años noventa. Y sigue siendo el ADN de la política exterior kazaja.

Pero no lo practica diluyéndose, sino tratando de ser parte activa, eligiendo los escenarios que más le convienen a Astaná.

Por ejemplo, Kazajistán es miembro de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), una alianza militar intergubernamental liderada por Rusia. Pero también socio estratégico de la UEen materias primas.

Es parte de la Organización de Cooperación de Shanghái, dominada por Pekín y Moscú. Pero firmante de la Asociación para la Paz de la OTAN. Exporta uranio a las nucleares europeas que quieren dejar de depender de Rosatom y, al mismo tiempo, acoge inversión china masiva en su industria extractiva.

La guerra de Ucrania radicalizó ese equilibrio hacia un "multivectorismo duro": Kazajistán se negó a reconocer los territorios ucranianos ocupados por Rusia, evitó ser plataforma para eludir sanciones occidentales y apostó por el Middle Corridor —la ruta China-Europa que esquiva el territorio ruso— como señal de independencia logística.

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Pero al mismo tiempo, cuando en enero de 2022 las protestas amenazaron con derribar el gobierno, fue Tokáyev quien llamó a las tropas rusas de la OTSC para restablecer el orden.

Eso es el "amigo de todos": no hay altruismo, ni valores necesariamente compartidos. Sino un interés nacional calculado con precisión milimétrica.

Rehén de (casi) nadie: el grifo de Moscú y Pekín

El casi no es retórico, tiene nombre y coordenadas geográficas precisas.

Kazajistán comparte 25 ríos transfronterizos con China. Los más críticos son el Irtysh y el Ili que nacen en la región china de Xinjiang. Y con la expansión del regadío chino, la cuota kazaja del río Ili podría reducirse en un 40% para 2050.

Por el norte, el Ural llega desde Rusia a desembocar en el extremadamente estresado Mar Caspio. Y ninguno de esos cursos de agua está regulado por un tratado internacional con capacidad de arbitraje vinculante.

Astaná no puede presionar a Pekín: necesita su inversión y el agua baja desde sus montañas. No puede presionar a Moscú: el agua llega también desde su territorio, y los oleoductos kazajos cruzan suelo ruso.

Y la víspera de esta cumbre, el martes 21 de abril, Rusia anunció que suspenderá el 1 de mayo el tránsito de petróleo kazajo a Alemania por el Druzhba. La demostración perfecta de que el casi existe.

El ministro Nyssanbayev lo articula sin eufemismos: "El Mar Caspio es una de las claves principales para nosotros. Su temperatura y el nivel de evaporación crecieron en los últimos años. Necesitamos una cooperación básica entre los países ribereños."

Tokáyev fue más directo en la plenaria inaugural: el Caspio "debe ser declarado un mar exento de armas". No es una declaración ecológica. Es una declaración geoestratégica disfrazada de multilateralismo.

El Caspio no sólo está en peligro: está desapareciendo a una velocidad que no tiene precedentes en cuatro siglos.

Mapa de batimetría del Caspio con sus cinco países ribereños —Rusia, Kazajistán, Turkmenistán, Azerbaiyán e Irán— y las curvas de profundidad. Nature

Desde mediados de los años 90 del siglo pasado, el nivel del mar ha caído más de tres metros. Sólo en los últimos cinco años, el descenso ha sido de casi 80 centímetros: hasta 20 veces más rápido que el ascenso del nivel de los océanos globales.

En la costa kazaja, la línea de playa se ha retirado hasta 30 kilómetros tierra adentro en algunas zonas. En total, más de 30.000 kilómetros cuadrados —casi el 10% de la superficie del Caspio— han desaparecido en los últimos 20 años.

Y es que la temperatura superficial del mar subió 1,5 grados en tres décadas. El río Volga, que aporta el 80% del agua del Caspio, desemboca mermado por las 40 presas rusas construidas en su cuenca. Y si se cumplen los escenarios moderados, el Caspio podría perder entre 20 y 21 metros de nivel antes de 2100: una superficie de agua del tamaño de Islandia desaparecería del mapa.

Los puertos kazajos y azerbaiyanos se están quedando sin calado para operar. El lecho marino expuesto libera sal y contaminantes industriales, igual que ya ocurrió con el Mar de Aral. Y los 15 millones de personas que viven en la costa ya respiran ese polvo.

Kazajistán y Azerbaiyán lo sufren más que nadie lo sabe. Por eso, Astaná aprovecha para pedir que el Caspio sea declarado "un mar sin armas" e impulsa desde esta cumbre una agencia de la ONU que obligue a Rusia, China e Irán a sentarse en la misma mesa.

¿Ha empezado la 'guerra del agua'?

Hay algo que une la IA, los chips, la energía nuclear y el hidrógeno verde con la seguridad alimentaria, la higiene y la mera supervivencia humana: todos necesitan agua en cantidades masivas. Y el agua escasea.

Un proveedor de Inteligencia Artificial puede consumir hasta 757 millones de litros de agua al año para refrigerar sus servidores: el equivalente al consumo anual de una ciudad de 100.000 habitantes.

Fabricar una oblea de silicio —la base de cualquier procesador, desde un smartphone hasta un sistema de defensa— requiere hasta 3.000 litros de agua ultrapura. TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo, consumió 101 millones de m³ de agua en 2023. Esa cifra se duplicará antes de 2035.

Producir hidrógeno verde exige electrólisis: agua como materia prima. Las centrales nucleares necesitan agua para refrigerar reactores. Y en conflictos armados como el de Ucrania, atacar infraestructuras hídricas —presas, depuradoras, bombeos— se ha convertido en una táctica de guerra sistemática.

La Eurasia Group —la firma de investigación y consultoría de riesgo político líder a nivel mundial— incluyó "el agua como arma" entre los diez principales riesgos globales de 2026. La ONU declaró este año que el mundo ha entrado en una era de "bancarrota hídrica": la demanda supera las tasas de reposición natural.

En la ciudad porturaria de Aktau (Kazajistán), el Mar Caspio ha retirado su costa y ya ha perdido calado para la navegación. Meteored

En Asia Central, donde las temperaturas medias suben a un ritmo cinco veces superior a la media global, esa bancarrota tiene consecuencias inmediatas. Sin agua no hay agricultura. Sin agricultura no hay estabilidad. Sin estabilidad no hay inversión. Sin inversión no hay transición energética.

Una jugada diplomática inteligente

El actual marco de la ONU en materia hídrica, UN-Water, agrupa a 36 entidades y 47 organizaciones internacionales. Pero no tiene mandato propio, presupuesto independiente ni capacidad de arbitraje.

A diferencia de la OMS, la FAO o la OIEA, no puede actuar. Sólo puede coordinar.

El precedente existe: si el átomo tiene su propia agencia internacional, ¿por qué no el recurso que determina la supervivencia de 2.200 millones de personas sin acceso a agua potable segura?

La propuesta llega además en el momento oportuno. La próxima Conferencia del Agua de la ONU se celebra en diciembre de 2026 en los Emiratos Árabes. Kazajistán presenta su iniciativa exactamente cuando la arquitectura global del agua está en revisión activa.

Pero la jugada es más profunda que el calendario. El país que más depende de ríos controlados aguas arriba por Rusia y China se convierte en el arquitecto del régimen internacional que forzaría a esas dos potencias a sentarse a negociar bajo normas multilaterales.

Astaná pretende, pues, convertir su mayor vulnerabilidad en su mayor activo diplomático.

"Se requiere mucho esfuerzo y tiempo", admite Nyssanbayev con honestidad. "Esta organización puede unir a muchos países que tienen problemas similares o compartidos".

Azerbaiyán, la gran solución de futuro que Europa prepara para abandonar completamente el gas ruso que llega por tubo

Y hay un detalle en la lista de participantes de la RES 2026 que vale más que cualquier declaración oficial. El presidente de Armenia, Vahagn Khachaturyan, el de Georgia, Mikheil Kavelashvili, y el primer ministro de Azerbaiyán, Ali Asadov, han participado juntos y al más alto nivel, a pesar de llevar décadas en conflicto bélico intermitente por el Cáucaso Sur.

Los tres países se han disparado misiles, han librado dos guerras por Nagorno-Karabaj y sus fronteras siguen en disputa, sin estar plenamente delimitadas ni reconocidas. Que los tres hayan aceptado compartir mesas, debates y conclusiones bajo el paraguas de una cumbre ecológica explica a las claras que cuando el recurso más básico escasea, hasta los enemigos encuentran una mesa común.

Reformas políticas

Pero detrás de la cumbre hay también una operación de imagen. Un país que exporta petróleo como el 50,5% de sus ventas exteriores, que depende del carbón para la mayor parte de su electricidad y que ha prometido neutralidad de carbono en 2060 —diez años después que la UE—, se presenta al mundo como líder verde regional.

Es cierto que Kazajistán recuperó la población de antílopes saiga desde el borde de la extinción, reintrodujo el caballo de Przewalski en la estepa y logró la restauración parcial del Mar de Aral Norte con la presa de Kok-Aral.

Pero la nueva Constitución, aprobada en referéndum el 15 de marzo con el 87,15% de los votos, cuenta otra historia de reformas políticas en busca de estabilidad.

El país más rico de Asia Central aún tiene el 13% de sus niños en pobreza y altas tasas de desigualdad, el 60% de sus activos en manos del 10% más acaudalado.

Nyssanbayev lo vincula a la agenda ambiental: "La responsabilidad no recae sólo en el Gobierno, sino en cada ciudadano, como establece la enmienda constitucional. Pero no perdemos la preocupación por la rentabilidad de las empresas, por supuesto".

España, en el mapa sin saberlo

España no figura entre los diez principales inversores en Kazajistán. Ninguna gran empresa española aparece en los 3.500 registrados en el AIFC, el hub financiero de Astaná que opera bajo common law británico.

La ciudad española en la que han descubierto una nueva forma de producir hidrógeno verde más barata y eficiente

Y sin embargo, los documentos oficiales de la ruta transcaspia —el Middle Corridor que une China con Europa sin cruzar Rusia— citan Valencia y Barcelona como destinos finales del corredor.

Además, el proyecto H2Med, que convertiría la Península Ibérica en el mayor hub europeo de hidrógeno verde, necesita exactamente el tipo de socios productores que Kazajistán puede ser.

La 'guerra del agua' afecta también al sureste español, con los embalses del sur peninsular en mínimos históricos y el debate del trasvase Tajo-Segura sin resolver.

"Los países no sólo deben hablar sobre este tema, sino proponer soluciones conjuntas para todos", concluye Nyssanbayev. "Agenda conjunta y responsabilidad compartida para el futuro."

Kazajistán ha decidido que esa agenda empieza aquí, en una especie de centro del mundo, entre los dos gigantes que desafían el orden global, que encierran al norte y al este al país, y controlan el agua que le llega. Y a pesar de ello, la UE no ha estado representada a alto nivel en esta cumbre, ni España ha decidido si quiere estar en esa mesa.

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