En otros deportes ya se había comprobado la fórmula exitosa, pero con el anillo del de Michigan, el baloncesto aún fortalecerá más la huida hacia la NCAA
El estadio Lucas Oil, donde se jugó la final de la NCAA- GERARDO RIQUELME
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Hace unos días, poco antes de viajar a Indianápolis para jugar la Final Four ante 70.720 espectadores, el entrenador Dusty May cogió una canasta portátil, unos sacos de arena para que actuasen como lastre, y la movió al centro del campo del estadio de football de la Universidad de Michigan, el más grande de Estados Unidos y con un aforo de 107.000. Entonces invitó voluntariamente a que sus chicos acudiesen a una sesión de tiro ahí, sobre un céspe
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