El balonmano, un milagro en la elite, sobrevive ahora gracias a las sagas de leyendas. Urge un plan específico para un deporte arraigado en la sociedad
Marcos Fis, en un ataque frente a Alemania en el EuropeoGETTY IMAGES- GERARDO RIQUELME
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El balonmano en este país, como ya le ocurría al hockey —antes al de patines—, se ha convertido en un deporte de sagas. Cuatro apellidos, los dos Duishebaev, Dani y Álex; Marcos Fis e Ian Barrufet dan relieve a la selección española que estos días disputa el Campeonato de Europa, donde ya está en al segunda fase. En tiempos de transición constante, este deporte, de una manera casi autómata, ha sabido competir de forma sobresaliente en los Juegos
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