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"KITT, ven a por mí": ¿qué fue del auténtico 'Coche Fantástico' cuando terminó el rodaje de la serie de TV?

"KITT, ven a por mí": ¿qué fue del auténtico 'Coche Fantástico' cuando terminó el rodaje de la serie de TV?
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KITT, el mítico Coche Fantástico de la serie de televisión, fue el sueño para toda una generación de chavales de los años ochenta.<span class=""></span>
Coches"KITT, ven a por mí": ¿qué fue del auténtico 'Coche Fantástico' cuando terminó el rodaje de la serie de TV?

KITT, el mítico Coche Fantástico de la serie de televisión, fue el sueño para toda una generación de chavales de los años ochenta.

La carátula de la serie ya daba todo el protagonismo al coche.@knight_rider_oficial_
  • CARLOS ESPINOSA
Actualizado 16/04/2026 - 07:17CESTMostrar comentarios0

Si naciste en los años setenta u ochenta, damos por hecho que conoces la serie El Coche fantástico. En ella, el protagonista, Michael Knight, debía combatir las injusticias bajo el amparo de la Fundación para la Ley y el Orden, contando siempre con el apoyo de un deportivo de color negro que se convirtió casi en el icono de una década. Corría el año 1982 y aquel coche fue casi el personaje principal de la serie, apoyado en un cerebro de Inteligencia Artificial llamado KITT que hacía gala de un sarcasmo elegante y una lealtad inquebrantable hacia su dueño.

El coche era capaz de hacer todo tipo de acrobacias por sí solo.@knight_rider_oficial_

El modelo elegido para encarnar ese deportivo humanizado fue el Pontiac Firebird Trans Am de tercera generación. Aquella silueta afilada y futurista acababa de aterrizar en los concesionarios estadounidenses aquel mismo año, permaneciendo en producción hasta 1992. Bajo su capó de líneas aerodinámicas latía un motor V8 de 5,0 litros, un motor muy grande que tampoco es que ofreciera un rendimiento espectacular, ya que sus 165 CV le capacitaban para alcanzar 200 km/h y pasar de 0 a 100 en 9 segundos. Todo ello por un precio que rondaba los 11.000 dólares.

Luz roja oscilante

El proceso de adaptación estuvo dirigido por el diseñador Michael Scheffe bajo las órdenes del creador de la serie, Glen A. Larson. Scheffe fue el responsable de integrar la famosa luz roja oscilante en el frontal, inspirada en los Cylons de otra obra de Larson: Battlestar Galactica. El interior fue transformado en una cabina de mando digna de un caza de combate, repleta de botones luminosos y pantallas que nos hacían soñar a los niños con la posibilidad de conducir algo parecido de mayores.

La serie también catapultó la fama del actor David Hasselholf@knight_rider_oficial_

Durante los cuatro años que duró el rodaje, entre 1982 y 1986, se estima que la producción necesitó entre 20 y 22 unidades de KITT para cubrir las necesidades de grabación. Existían coches destinados solo a planos cortos, relucientes y cuidados al detalle, mientras que otros sufrían el castigo de los saltos y las persecuciones. Estos últimos eran conocidos como coches de acrobacias, reforzados con refuerzos y barras antivuelco para soportar los impactos contra el suelo tras realizar el famoso "Turbo Boost".

Lo más llamativo es que entre estas unidades también hubo algunas modificadas para que pareciera que el coche conducía solo. Insistimos: "pareciera", porque en realidad un especialista se ocultaba en el asiento trasero y manejaba el volante mediante un sistema de poleas que quedaba oculto a la vista del espectador.

En España, desde 1984

En España, la serie la trajo Televisión Española en agosto de 1984, produciendo una especie de impacto sísmico entre los más jóvenes. La sintonía de la cabecera, compuesta por Stu Phillips, todavía hoy es capaz de erizar la piel de quienes esperábamos cada día el inicio del capítulo. Y así, la serie se mantuvo en antena durante varias temporadas, convirtiéndose en un fenómeno social que llenó las tiendas de juguetes con réplicas a escala y cromos del coche.

El habitáculo era un ejemplo de lo que entonces se entendía por la máxima modernidad.@knight_rider_oficial_

Cómo no, las dificultades también formaron parte de la historia de estos coches. En 1983, un descarrilamiento de un tren que transportaba unidades recién salidas de fábrica de Pontiac provocó que varios coches sufrieran daños estéticos. General Motors, en lugar de repararlos, decidió venderlos a la productora por el precio simbólico de un dólar por coche. Pero con una condición: todos los coches debían ser destruidos una vez finalizara la serie para evitar reclamaciones legales por posibles fallos de seguridad en coches que ya habían sido dañados antes del rodaje. No se sabe si esta orden se cumplió de forma total, pero lo cierto es que la mayoría de los KITT auténticos terminaron bajo la prensa de un desguace al concluir la cuarta temporada. Menos mal que de aquello no nos enteramos entonces los seguidores de la serie...

Cinco supervivientes

Por suerte, el destino permitió que un puñado de supervivientes escapara de la destrucción. Se sabe que apenas cinco unidades auténticas lograron sobrevivir al paso del tiempo. Algunos de estos ejemplares pasaron por museos de coches de cine y otros terminaron en manos de coleccionistas privados. David Hasselhoff, el actor que se haría mundialmente famoso con la serie, siempre mantuvo un vínculo especial con el coche que le dio la fama pero nunca se quedó con un ejemplar auténtico. Se tuvo que conformar con comprar réplicas posteriores que años más tarde ha empleado en actos benéficos y promociones.

Algunos ejemplares se empleaban solo para las acrobacias.@knight_rider_oficial_

A día de hoy, encontrar un KITT genuino que haya participado en el rodaje de la serie original es una misión casi imposible. De hecho, solo se tiene constancia de cinco ejemplares auténticos: dos de ellos están en la colección de los Knight Rider Historians (Pensilvania, Estados Unidos), y son el ejemplar que aparece en la introducción de la serie y otro empleado en las acrobacias que fue rescatado de un desguace en 2008 y se encuentra restaurado a la perfección. Otro se encuentra en el Museo Automovilístico Marconi de Tustin (California). El cuarto se puede ver en el Orlando Auto Museum de Florida (Estados Unidos), y el quinto se encuentra en Reino Unido en manos de un coleccionista privado.

Así que la mayoría de los coches que se pueden ver en concentraciones son réplicas construidas sobre la base de otros Pontiac Trans Am de la época, algunas de ellas con una fidelidad asombrosa. Estos tributos pueden alcanzar precios elevados, pero se alejan mucho del valor de un ejemplar con pedigrí televisivo. La escasez de supervivientes reales y el peso emocional que este coche tiene en la cultura popular han disparado su cotización de forma estratosférica en los últimos tiempos.

El valor de mercado para una de las cinco unidades auténticas y certificadas empleadas en la serie alcanza puede ascender a tanto como esté dispuesto a pagar un coleccionista millonario. Así que no nos extraña que su precio se pudiera acercar al millón de euros.

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