MARCA vivió desde dentro el torneo de leyendas disputado en el Rockefeller Center, donde 25 iconos del fútbol se reunieron a un día de la final del Mundial. Hubo risas, pelotazos, protestas, piques, una copa entregada por Infantino... y la misma obsesión por ganar que cuando estaban en la élite.
- JOEL DEL RÍO Y VÍCTOR ROMERO Nueva York
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"¡Nos han hecho trampas!". Míchel Salgado acababa de terminar el torneo y todavía seguía protestando. Lo decía entre risas, pero sin ocultar ese punto de indignación que acompaña a quien nunca ha sabido perder ni siquiera cuando aparentemente no hay nada importante en juego. La queja resumía perfectamente lo que había ocurrido durante unas horas en pleno Rockefeller Center. Aquello estaba anunciado como un torneo de leyendas, un espectáculo organizado en el corazón de Manhattan para calentar el ambiente a un día de la final del Mundial. Sobre el papel, una exhibición. En cuanto comenzó a rodar el balón, dejó de serlo.
Porque las leyendas nunca juegan una pachanga. Pueden pasar los años, terminar las carreras y desaparecer los grandes estadios de cada fin de semana. Pueden cambiar las camisetas, reducirse las dimensiones del campo y sustituirse los títulos oficiales por un pequeño trofeo de exhibición. Lo que no desaparece es el instinto. La necesidad de ganar. La protesta ante una decisión arbitral. El reproche al compañero que pierde la marca. El orgullo herido después de una derrota.
o quiero hablar del torneo. Nos han hecho trampas, seguro. Para que esté Puyol de portero, imagínate
Míchel Salgado
Bastaba mirar la colección de nombres reunida alrededor del pequeño campo instalado en uno de los lugares más reconocibles de Nueva York. Vieri, Maxi Rodríguez, Suker, Puyol, Higuita, Salgado, Del Piero, Pastore, Mascherano, Stoichkov, Zanetti, Trezeguet, Podolski, Hierro, Solari, Gignac, Kaká, Vozinha, Materazzi, Cafú, Ustari, Casillas, Cambiasso, Terry y Kluivert. Veinticinco iconos del fútbol. Campeones del mundo, ganadores de Champions, Balones de Oro y futbolistas que durante años convirtieron la presión en su hábitat natural. Demasiado carácter concentrado en un terreno de juego demasiado pequeño como para esperar un partido tranquilo.
Puyol seguía siendo Puyol
Carles Puyol fue la mejor demostración de que hay comportamientos que no desaparecen con la retirada. El excapitán del Barcelona se pasó el torneo corrigiendo, ordenando y regañando a sus compañeros después de cada error. Si alguien perdía una marca, Puyol aparecía inmediatamente para recordárselo. Si el equipo quedaba desordenado, levantaba los brazos y exigía concentración y más implicación. Si una acción no salía como esperaba, su reacción era la misma que durante sus mejores años en la élite.
Las leyendas nunca juegan una pachanga: "No quiero hablar, nos han hecho trampas..."¿Y si Puyol se equivocó de trabajo? Locura... y enfado con sus compañerosMARCANo importaba que aquello se disputara en Rockefeller Center y no en el Camp Nou. Tampoco que las gradas fueran reducidas, que el partido durara mucho menos o que la mayoría hubiera acudido a disfrutar del espectáculo. En cuanto el balón entró en juego, Puyol volvió a convertirse en el futbolista incapaz de conceder una acción. Incluso acabó poniéndose de portero.
Salgado se lo tomó con humor cuando terminó todo. "No quiero hablar del torneo. Nos han hecho trampas, seguro. Para que esté Puyol de portero, imagínate", bromeó ante MARCA. Después matizó lo evidente. "A Puyol le da igual. Sea portero, defensa o delantero, siempre va a darlo todo". Nadie quería perder. El torneo reunió a cuatro equipos que fueron enfrentándose hasta dejar a dos aspirantes en la final. El formato invitaba al entretenimiento, pero cada partido terminó convirtiéndose en una pequeña batalla de orgullo.
En un campo tan reducido apenas había tiempo para pensar. Los disparos llegaban desde cualquier posición, los rebotes se multiplicaban y más de un pelotazo terminó impactando donde no debía. Hubo choques, entradas, reclamaciones, bromas y gestos de desesperación. "Hace mucho tiempo que no jugábamos juntos. Siempre hay piques, porque cuando entras a un campo quieres ganar. Eso no cambia nunca", explicó Maxi Rodríguez
Todos querían a Vozinha
Entre tantos campeones apareció una estrella inesperada. Vozinha terminó convertido en el futbolista más solicitado del torneo. Cada vez que uno de los equipos necesitaba un portero, todas las miradas se dirigían hacia él. Jugó para varios conjuntos, cambió de compañeros y se colocó bajo palos tantas veces como fue necesario. Todos querían tenerlo. El guardameta de Cabo Verde, uno de los grandes personajes que ha dejado este Mundial, volvió a ganarse al público con su naturalidad.
"La fama no me ha cambiado mucho. Tengo que seguir siendo la persona que soy", explicó a MARCA. Agradeció el cariño recibido por él y por su país y volvió a demostrar por qué ha conectado con tantos aficionados. Entre campeones del mundo y ganadores de todo, la gran estrella de Rockefeller Center fue el portero al que todos querían fichar durante unos minutos... que está sin equipo y espera que le llegue un buen proyecto pronto.
Infantino les entregó la copa a los argentinos... y cantó con ellos el "campeones, campeones"
Infantino le entregó la copa al equipo de leyendas... ¡cargado de argentinos!MARCAEl triunfo final terminó en manos del equipo argentino, con Cambiasso, Zanetti, Ustari y Maxi Rodríguez entre sus integrantes. Los argentinos celebraron el título y Gianni Infantino fue el encargado de entregarles la copa... para terminar cantando junto a ellos el "campeones, campeones". Una imagen que inevitablemente provocó bromas entre los españoles presentes. El presidente de la FIFA volvía a colocar un trofeo en manos argentinas en la víspera de la gran final frente a España.
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