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"Tapia o Galán, ¿quién es el mejor jugador de pádel del mundo?"

"Tapia o Galán, ¿quién es el mejor jugador de pádel del mundo?"
Artículo Completo 1,137 palabras
La opinión de Alberto Bote
PádelTapia o Galán, ¿quién es el mejor jugador de pádel del mundo?

La opinión de Alberto Bote

Ale Galán y Agustín Tapia, una rivalidad histórica.
  • ALBERTO BOTE
Actualizado 06/07/2026 - 10:48CESTMostrar comentarios0

Es la pregunta del millón. ¿Quién es mejor, Agustín Tapia o Ale Galán? Esta, que parece y es una duda razonable, define un cara a cara histórico entre dos jugadores que por diferentes se retroalimentan y potencian y que han tomado el relevo generacional de un deporte que les ve y siente cómo sus dos cabezas de cartel y que se miden torneo a torneo por definir quién acabará con más títulos (59-58).

Porque uno es talentoso, juega sin esfuerzo y tiene esa facilidad donde todo parece que le mana y lo vive a x 0.5. Es natural, lo lleva en la genética. El Mozart es la personificación de todo aquello que a cualquier nos gustaría ser, un superdotado, un genio atemporal, alguien que se dedicó al pádel porque estaba predestinado a ello. Lo suyo no se puede aprender; se pule, sí, pero se tiene o no. Quizá por ello cuando entra en trance alcanza picos de rendimiento a los que el resto no aspiran y que le permiten ya sentarse en la mesa por ser el mayor genio de nuestro deporte. 

El otro es esfuerzo, dedicación y método. El Alien es la encarnación del que encontró en el don del trabajo el talento y la pasión por mejorar cada día, por pulir cada detalle y darse motivos de tener el valor para levantarse tras cada caída recordándose que puede. Aptitud y actitud que conforman un todo. Sin duda la conjugación perfecta de qué es ser un atleta en el pádel, apostarlo todo a no tener aristas, y que le hacen asumir el rol de ser el jugador más completo de la historia.

Tapia, del cual no soy dudoso, es para paladares finos. Como esos bocados con matices en un restaurente chic con estrella Michelín que lucen y sorprenden y después llenan. Autocomplaciente, su tendencia a la desconexión es innata a una forma de ver, sentir y vivir el pádel y la vida. Puede ser relajado y cambiar a depredador en un instante. Y, de ahí, a volver a vivir como si con él no fuera la cosa. Esa dualidad en la que viven inmersos los genios y que asombra y desespera por igual.

Tapia es talentoso, juega sin esfuerzo y tiene esa facilidad donde todo parece que le mana

Galán, al cual me han vinculado siempre aún sin saber por qué y por eso puedo ser menos dudoso aún, es para estómagos golosos. Un festival edonista en todos y cada uno de sus pases que llena, satisface y complace hasta a todos los comensales. Sin lugar al error, sin minuto de descanso, su perfeccionismo y exigencia alimentan un ego que le ha llevado a visitar con regularidad la cima cuando probablemente sus condiciones no daban para tanto. Asombra, pero también agobia la imposición con la que vive.

Agustín, más listo de lo que parece, juega al despiste y es frío y calculador. A pesar de su emocionalidad en pista, se desenmascaró cuando apostó por un todavía imberbe Coello. Él, que venía de jugar con Bela, Lima o Sanyo (casi nada) supo detectar qué le aportaba el español para dar el salto final. Y, no, no era pegada. Con un perfil por pulir y moldear el argentino invirtió a corto, medio y largo plazo en alguien que le ayudara a desgastarse menos, que ocupara pista y redujera su ratio de acción a un 35-40 por ciento de pista para ser eficaz y vistoso.

Galán es el don del trabajo, el talento y pasión por mejorar cada día, por pulir cada detalle

Galán, que ha evolucionado a base de aprendizajes, se ha hecho. No es frío, pero tampoco caliente. Tibio, quizá. Con Lebrón lo tenía todo hasta que se rompió. Lo intentó más de lo que pudo soportar, no salió y acabó por refugiarse en un perfil amable que le diera equipo, hogar y estabilidad. Con Chingotto encontró construir ese rol jerárquico que ansiaba y la paz necesaria para asumir el mayor reto de su carrera porque el argentino no piensa descansar hasta lograr lo que para muchos es imposible. Y, sí, junto a él ha mostrado la mejor versión de su carrera.

Pero, quién es mejor. El análisis, por acertado o errático, no deja de ser tan solo la reflexión a una pregunta sin respuesta porque cada lector que le dedique un tiempo a esta columna la verá con los ojos que quiera mirar. Habrá quién piense que Tapia, quien crea que Galán y, por supuesto, quien meta en la ecuación a Coello o Chingotto. O puede que a Lebrón o Stupa. Para gustos, ya se sabe.

Coello/Tapia y Galán/Chingotto, en semifinales de Valladolid.PREMIER PADEL

En una sociedad cada vez más polarizada, más de conmigo o contra mí, yo me niego a disociar entre dos figuras que se necesitan. Tapia es virtud y Galán es excelencia. El ying y el yang de un enfrentamiento que hace a ambos mejores y que ha elevado el pádel a un nivel que no por esperado nos ha dejado de sorprender a todos. Como le ocurrió a Messi con Cristiano, a Federer con Nadal o a Schumacher con Alonso.

Y, sí, Tapia es mejor. No, mentira, es Galán. ¿O era al revés? No tengo ni idea. Unos días pienso una cosa y otros la contraria, qué diablos. A quién no le ha pasado eso de vivir en contradicción mirándose al espejo. Acabo yo también sin respuesta, aunque hoy lo tenga claro, y supongo que mañana, mientras sigo y seguimos buscando argumentos para convencernos, ellos seguirán a lo suyo, dándonos y quitándonos motivos. Y ojalá dure mucho tiempo.

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Fuente original: Leer en Marca
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