“Me gusta Ayuso. La izquierda es regañona y mentirosa” | Andrés Trapiello en 'Una hora con Lorena'
Opinión Una hora con Lorena Andrés Trapiello: "Me gusta Ayuso. La gente ha dejado la izquierda por reaccionaria, regañona y mentirosa""Las joyas de Zapatero dan vergüenza, pero lo grave es su pacto con ETA y su ley de memoria histórica".
"No comparto con el Papa su idea del aborto o la eutanasia, pero él dice en público lo que piensa en privado, al contrario de lo que hacen los del Parlamento".
"Nunca me he podido acostar con una persona de la que no estuviera enamorado, aunque fuese media hora".
Lorena G. Maldonado Publicada 24 julio 2026 14:34h Actualizada 24 julio 2026 14:36h10/06/2026
Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)
Hoy vino a verme Andrés Trapiello y me dijo que era su cumpleaños. ¿No es magnífico entrevistar a un escritor de diarios en el aniversario de su nacimiento? Aquí cada jornada tuvo importancia. También ésta, qué suerte. Soplamos las velas del mundo 73 veces.
Dice Andrés, citando a Galdós, que por donde quiera que el hombre vaya, lleva consigo su novela, y que esa novela nace entremezclada con la vida pero que luego se edita, se purga. Yo imagino que se limpia como un pescado. Al diario se le quita lo incomible, que es la raspa, y se mastica entonces como literatura.
Así que Andrés vino con su camisa azul y ese pelo cano que desusa peinar, y su rostro franco y suave, tan bello. Le dije que no se enfadase conmigo por comentarle eso, pero que es un hombre muy guapo, y le pregunté cómo afecta la cara que uno tiene, tenga la que tenga, a la vida y a la escritura, y le pregunté también qué sabe de cómo es mirado el hombre que mira.
Él se rió bastante y me dijo que era muy “desenvuelta”. Pero creo que estaba pensando en “descarada”.
Trapiello, sin embargo, es muy oportuno siempre, se esté de acuerdo con él o no. Tan exquisito en el trato. Charlar con él siempre es un acontecimiento.
Trapiello visita nuestro set. Tomás Berrio.
Es afable y elegante pero no está exento de severidad cuando el tema le escama. Le pasa cuando le pregunto por la izquierda, o por Zapatero, o por el Papa cuando vino al Congreso a criticar el aborto y la eutanasia. “No comparto esas ideas, pero él dice en público lo que piensa en privado, al contrario de lo que dicen la mayor parte de los del Parlamento”, sostiene, con ese matiz genial.
Acaba de publicar De todo tiene, la vigesimoquinta entrega del Salón de pasos perdidos, su crónica personal del mundo y de la vida: ésta da cuenta del 2011. ¿Qué pasó ahí? Pues de todo. Ese fue el año del 15-M, el año en que ETA puso fin a la violencia o el año en el que el PP de Rajoy se hizo con la victoria. También sucedieron otras cosas, las suyas: sus paseos por el Rastro de Madrid, sus escapadas al campo extremeño, la hipocondría, el retrato de los amigos, un homenaje a Machado, un pensar en Van Gogh.
Escribe Andrés: “Nos sucede con algunos viejos amigos lo que con los dientes: los apreciamos más por nuestros que por bonitos”. Y: “Las ciudades en España las hacen los albañiles. En Italia, los artistas. En Francia, los notarios”.
Le digo a Trapiello que siempre dicen de sus diarios que son una obra “monumental”, pero que no sé si a él le interesan más los monumentos o las ruinas. Su respuesta es extraordinaria: les recomiendo escucharla.
Andrés Trapiello. Tomás Berrio.
Yo escuchando a Andrés. Tomás Berrio.
Y hablamos de esto y de aquello: de cuál es la mejor edad, de si es mejor acostarse con la gente o hablar con la gente, de lo que le hace sentir vivísimo y de lo que le da miedo, de su esposa, de cómo se reconoce a un hombre bueno, del columnismo español, de la muerte.
Al comienzo de sus diarios, la rúbrica.
“En las viejas casas había siempre un Salón Chino, un Salón Pompeyano, un Salón de Baile, otro de Retratos, cada uno empapelado o pintado de un color, con unos muebles apropiados y decoración idónea… En estos palacios españoles, un tanto vetustos y destartalados, había también un salón que llamaban de Pasos Perdidos. La casa que no lo tenía no era una buena casa. Era el salón donde nadie se detenía, pero por donde se pasaba siempre que se quería ir a alguno de los otros. Al autor le gustaría que estos libros llevaran el título general de Salón de pasos perdidos”, explica.
“Libros en los que sería absurdo quedarse, pero sin los cuales no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo. A ese espejismo lo llamamos novela, y a ese algo lo llamamos vida”.
Dice Andrés que él es un mastín y que yo soy una ardilla. Eso me hace sonreír y planear la próxima travesura.