Es uno de los iconos del movimiento MAGA, promotor de la misoginia y un factor decisivo en la victoria de Trump entre los jóvenes. Un grupo de mujeres se ha atrevido a denunciarlo ante un tribunal. Esta es su truculenta historia.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarlos Manuel Sánchez
03/07/2026 a las 13:19h.Andrew Tate, de 39 años, excampeón mundial de kickboxing con doble nacionalidad británica y estadounidense y residencias en Rumanía y en Dubái, donde posee una ... mansión de más de 25 millones de dólares, es un ídolo de la machosfera, ese ecosistema digital de gurús de la virilidad y vendedores de resentimiento que está moldeando la mente de toda una generación de adolescentes.
«Las mujeres son un activo»
La conversión de Tate en empresario parece inspirada en un manual de superación personal perverso. En 2014 era cuatro veces campeón del mundo de kickboxing y estaba arruinado: en su deporte la gloria no paga el alquiler. Una noche hizo inventario de sus posesiones y el resultado fue tan deprimente que tuvo lo que él considera su epifanía empresarial. La ha contado en redes: tenía cinco novias repartidas por Europa, ninguna sabía de las demás, «y las mujeres son un activo». Solo había que «monetizarlo».
Según sus cuentas, llegó a tener 75 mujeres trabajando para su negocio de trata, muchas procedentes de hogares precarios; más de 30, alardeaba, con su nombre tatuado en la piel
Lo que vino después fue una huida hacia delante con destino a Rumanía, adonde Andrew y su hermano Tristan –su socio y su sombra en todo lo que vino después– se mudaron en 2015 con las denuncias británicas pisándoles los talones. Andrew se había asesorado sobre qué pasaría allí si una mujer lo acusaba de agresión, y le habían garantizado que sin «pruebas físicas» no habría caso. «No soy un violador –dijo en un vídeo–, pero me gusta poder hacer lo que me dé la gana».
En Bucarest, el negocio artesanal se volvió industrial. Según el sumario rumano, los hermanos perfeccionaron lo que los expertos en trata llaman el método lover boy: rastreaban aplicaciones de citas y redes sociales con cientos de mensajes idénticos, seleccionaban a jóvenes vulnerables –muchas venían de hogares rotos o de la precariedad–, las enamoraban con una intensidad de novela rosa y las trasladaban a sus chalés de las afueras, donde el príncipe azul se transformaba en tirano. No podían salir solas ni relacionarse con nadie ajeno a la casa. Llegaron a tener, según sus propias cuentas, 75 mujeres trabajando a la vez; más de 30, alardeaba, llevaban su nombre tatuado. Las que se rebelaban conocían a las capatazas: dos rumanas –una, expolicía– que imponían multas por llorar ante la cámara o sonarse la nariz.
En redes se anuncia una pelea entre Tate y Sergio Ramos. Aunque viral, ninguno la confirma... ni desmiente.La Policía británica ha advertido de que sus enseñanzas están radicalizando a los jóvenes de manera «aterradora» y ha declarado la violencia contra las mujeres emergencia nacional, con las denuncias de agresiones sexuales en colegios disparadas, algunas con víctimas de 5 años. En 2024, un británico que acababa de atiborrarse de vídeos de Tate violó a su exnovia y la asesinó con una ballesta junto con su madre y su hermana. Cuando la demócrata Kamala Harris repasó su derrota electoral ante Trump, citó a Tate entre los factores que movilizaron en su contra a los varones jóvenes. El propio interesado lo resumió la noche del triunfo de Trump con estas palabras en mayúsculas: «EL PATRIARCADO HA VUELTO».
La investigación de The New Yorker documenta cómo el entorno de Tate cultivó a Barron y Donald Trump Jr. mucho antes de las elecciones. A su llegada a Florida, tras eludir a la Justicia rumana, los hermanos se fotografiaron con Roger Stone, asesor de los republicanos y experto en promover falsedades y teorías conspirativas, y fueron recibidos en un octógono de la UFC, las artes marciales mixtas. Frente a esa maquinaria –abogados MAGA, detectives privados, una red de afiliados adiestrada para enterrar en estiércol digital a las acusadoras…– hay un puñado de mujeres valientes.
Está la joven estadounidense cuya llamada de auxilio desde una de las villas de Bucarest –«estos tíos son malvados de verdad, están traficando con mujeres»– provocó la redada de 2022 que lo destapó todo. Pagó su osadía con una campaña de acoso planetaria: demandas millonarias contra ella y contra sus padres, sus datos personales publicados, amenazas de muerte a diario…. «El abuso que viví en Rumanía fue traumático –escribió en un documento judicial–, pero las represalias por cooperar con la Justicia han sido peores».
Está también Lauren Southern, exactivista de ultraderecha que se hizo famosa a los 19 años por negar que existiera la cultura de la violación, y que ha contado –con un parte médico de 2018 que registra estrangulamiento y agresión sexual– que Andrew la violó en Bucarest tras citarla para un supuesto negocio. Calló durante años para no ser expulsada de ese mundo ideológico, pero tras renegar de parte de sus posiciones será testigo en Londres.
Y están las cuatro británicas anónimas que denunciaron hace 12 años a un don nadie con un negocio de porno y se encontraron con que el sistema protegió al verdugo. Como la vía penal les falló, abrieron una campaña de micromecenazgo para costearse la civil. La recaudación supera las 300.000 libras, donativo a donativo. Mujeres anónimas dejando cinco libras y una frase: «Tu valentía es asombrosa. Estamos todas contigo». Diez libras: «A por él».
El personaje es, precisamente, su última línea de defensa: sus abogados sostienen que todo –el grado en proxenetismo, el machete, los mensajes...– era un papel interpretado «para entretener» y que su cliente «niega todas las acusaciones en los términos más enérgicos posibles». Tate, en todo caso, ya ha conseguido atributos de leyenda entre sus fans. Lo prueba la viralización del anuncio, falso, realizado por varias cuentas en redes sociales, de que se enfrentaría al futbolista Sergio Ramos en un combate de boxeo a seis asaltos en Catar el próximo 22 de agosto. Es decir, ¿una noticia falsa sobre uno de los grandes maestros de la desinformación de nuestros días?
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