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Antígona ya no es lo que era

Antígona ya no es lo que era
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El Teatro Echegaray programa seis funciones de la última propuesta de este curso de Factoría Echegaray: 'Antígona en Jerusalén'.

Crítica de teatro

Antígona ya no es lo que era

El Teatro Echegaray programa seis funciones de la última propuesta de este curso de Factoría Echegaray: 'Antígona en Jerusalén'.

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Carlos Zamarriego

20/06/2026 a las 09:44h.

El otro día fui al cine a ver 'He-Man y los Masters del Universo'. Ya saben, esos juguetes con hipertrofia muscular de Mattel cuya ... serie animada no se perdía nadie en los 80 a la hora de la merienda. El nirvana de cada capítulo sucedía cuando el príncipe Adam, levantando la espada, decía eso de «Por el poder de Grayskull, yo tengo el poder», y se convertía en He-Man. Que, para los chavales que estábamos al otro lado de la tele masticando un bollicao, era un chute de autoestima importante en un ambiente bastante propicio al 'bullying'. Y, queriendo o sin querer, conllevaba una enseñanza implícita sobre el poder: el estado propone, pero es el individuo el que dispone. Somos nosotros los que tenemos la última palabra, los que decidimos qué votar, qué rezar, qué ser. Como diría Kant, el hombre como fin en sí mismo. También es verdad que era una época donde no existía el término mileurista y nadie pensaba que la vivienda iba a ser un bien de lujo. El caso es que la nueva película con actores reales, dicen los mentideros, tiene todas las papeletas para ser el gran fracaso de taquilla del año (fracaso según cómo se mire, se gastaron 200 millones y van recaudados cerca de 100 en las dos primeras semanas). He-Man ya no es lo que era.

Así que nada que reprochar a un planteamiento que cambia la vieja Tebas por la actual Jerusalén, una ciudad dividida como Antígona e Ismene, en un libreto muy expresivo de Olga Amarís. Tampoco a la polifonía de voces ni al formato de perfomance que Fernández decidió como vehículo de expresión para esta obra, con un espacio sonoro vivo y muy chulo de María Luisa Tomás, con ayuda de Jorge Colomer a las luces, excepto que convertía las palabras en mero ruido. Sí me resultó bastante fría la propuesta gestual de las interpretes. Fernández quiere trasladar tragedia de la forma más física posible, con cuerpos en contorsión permanente, pero a los cinco minutos parece que ya lo has visto todo. Por momentos, la escena parece la pantalla de un ordenador en el que se abren decenas de pestañas al mismo tiempo. Eso sí, tanto Alba Selva, Carla Morera, María Luisa Tomás y Olga Zarandieta se dejan la piel y la voz.

Antígona para mí es un personaje esencialmente político. Puedo ver una Antígona sin tragedia, pero no una Antígona sin política. Ayer vi poesía, trasgresión, sufrimiento. Vi confusión y belleza. Vi gente marchándose a mitad de la función, no debería asustar porque Fernández sabe que su propuesta no es fácil. Pero no vi política, no vi un posicionamiento moral o un intercambio de ideas. No vi a Antígona. O, si estaba, parecía un juguete articulado de Mattel. Al final será verdad que hay que dejarla tranquila. Ningún teléfono sonó en medio de la función y, al finalizar, las actrices salieron dos veces a saludar entre buenos aplausos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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