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La ingeniería financiera está permitiendo que los inversores conservadores reacios al riesgo participen con entusiasmo.
En el mundo de las inversiones, Beignet y Big Sky quizás no sean nombres familiares. Pero eso no significa que las familias no vayan a estar expuestas a sus idas y venidas financieras. Estos dos "vehículos de propósito especial" ilustran cómo las empresas de IA están segmentando sus deudas para que incluso los inversores más conservadores puedan participar.
Beignet fue creada el año pasado por Meta Platforms, propietaria de Facebook, y la gestora de crédito privado Blue Owl para canalizar casi 30.000 millones de dólares (26.000 millones de euros) en financiación para construir un centro de datos en Luisiana llamado Hyperion. El martes, el proyecto "Big Sky" adoptó un concepto similar y lo llevó a una escala aún mayor: respaldado por Apollo Global Management, Broadcom, Google y Anthropic, recaudó 35.000 millones de dólares.
Big Sky utilizará el dinero de los inversores para comprar TPU, un tipo de chip para IA diseñado por Google y Broadcom. Anthropic, que necesita urgentemente potencia de cómputo para ejecutar sus grandes modelos de lenguaje, alquilará los chips, lo que le permitirá seguir creciendo mientras se dirige hacia una oferta pública de venta que podría valorarla en más de un billón de dólares.
Si bien el acuerdo implica cierta complejidad, la idea principal es permitir que las TPU se financien con deuda con grado de inversión. Los cupones de los bonos que emita Big Sky serán inferiores al 6%. El secreto reside en Broadcom: se ha comprometido a respaldar la mayor parte de los 35.000 millones de dólares de deuda en caso de que Anthropic no pueda cumplir con sus obligaciones, por ejemplo, si sus ofertas de IA no cumplen con las expectativas. Meta ofreció algo similar en su propia versión.
Apollo y Blackstone, como gigantes del capital riesgo, trabajarán con varios bancos tradicionales de gran tamaño para colocar este papel aparentemente seguro entre una variedad más amplia de compradores institucionales, incluidas las aseguradoras reacias al riesgo con las que están afiliados.
La propia Broadcom no tendría ningún problema para obtener esa financiación con cargo a su balance. Su deuda posee una calificación crediticia A; tiene una capitalización bursátil de 2 billones de dólares y sólo 65.000 millones de dólares de deuda pendiente. Pero la "garantía de valor residual" que ofrece a Big Sky no se consideraría deuda convencional, por lo que no afectaría negativamente a su balance. Dicho esto, incluso Anthropic, con tan solo cinco años de existencia, ha resultado atractiva para los inversores en deuda: el tramo de deuda subordinada y no garantizada de Big Sky se vendió con un rendimiento cercano al 10%.
La revolución de la IA es extremadamente intensiva en capital. Sólo Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft, los cuatro grandes hiperescaladores prevén inversiones de 725.000 millones de dólares. Las valoraciones son cada vez mayores, aunque los flujos de caja subyacentes a menudo son bastante reducidos todavía. Por ejemplo, los ingresos declarados por Anthropic crecen rápidamente, pero su valoración estimada aún rondaría las 20 veces esa suma.
Esto aumenta el valor de la ingeniería financiera para estas empresas hambrientas de liquidez. Big Sky, al igual que Beignet, demuestra cómo la exposición a tecnologías incipientes se puede segmentar de forma que permita a los inversores más conservadores y reacios al riesgo participar con entusiasmo. Es una estrategia inteligente, sin duda. Pero si los ambiciosos planes de los prestatarios fracasan y las pérdidas empiezan a aparecer más adelante en lugares inesperados, los inversores podrían llegar a pensar que se pasaron de listos.
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