Hemos crecido con la idea de que no se habla de dinero, pero hay que hacerlo, especialmente si compartes techo y saldo con otra persona... porque no tener esa conversación te puede salir muy caro
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 16/09/2026 Actualizado a las 20:51h.Hablar de dinero suele resultarnos incómodo. Podemos contarle a un amigo o a un compañero de trabajo cuánto nos ha costado el coche o incluso ... la casa, pero es muy raro que charlemos abiertamente de nuestro sueldo o de cómo nos organizamos con nuestra pareja para pagar los gastos corrientes. Los estadounidenses dicen que nos falta cultura financiera e igual tienen parte de razón. Hemos crecido con la idea de que hablar de pasta es de mal gusto, pero hay que hacerlo, especialmente si compartimos techo y saldo con otra persona. Porque, como también dice el refranero, las cuentas claras... y el chocolate espeso.
Para entender hasta qué punto pueden complicarse estas decisiones, vamos con un caso práctico. Imaginemos una pareja (María y Javier) en la que él gana 1.400 euros al mes y ella 2.100. Empiezan una relación y deciden irse a vivir juntos a la casa de María. Un apartamento de su propiedad por el que paga 650 euros al mes de hipoteca. Hasta ese momento, cada vez que tenían un gasto en común lo pagaban todo a medias: las vacaciones, las cenas... Ella gana más, pero se adaptaba al bolsillo de Javier. Ahora, sin embargo, viven juntos y tienen la intención de formar una familia. Javier le propone sumar todos los gastos (hipoteca, suministros, alimentación, suscripciones, ocio...) y dividirlos a la mitad. Vamos a suponer que son 1.400 euros. La idea es abrir una cuenta juntos y que cada parte ingrese 700 euros al mes.
Esta propuesta no parece descabellada... hasta que llegamos a la letra pequeña. La casa es de María y ella quiere seguir siendo la única propietaria. ¿Qué ocurre? Que si Javier paga parte de las cuotas de la hipoteca y la pareja se separa, él podría reclamar la cantidad proporcional del dinero que ha aportado, según las circunstancias de cada caso. ¿Solución? Que esas cuotas las pague María íntegramente y Javier destine ese dinero a otros gastos ordinarios como, por ejemplo, la alimentación o las suscripciones.
Aclarado el tema de la vivienda, que es de los más peliagudos, entra en juego una nueva variable. Resulta que a Javier tampoco le parece bien que aporten la misma cantidad a la cuenta compartida cuando ella gana mucho más. ¿Es justo? «En este tipo de 'negociaciones' el objetivo es que ambas partes lleguen a un acuerdo que sea justo para ellos. Y para eso se debe ser muy transparente no solo con los ingresos sino también con el proyecto de vida en común. ¿Alguno de los dos va a renunciar a su carrera laboral en caso de tener hijos? Esa renuncia va a reducir los ingresos de una de las partes, pero se hace por el bien de la familia. ¿Se compensa de alguna forma? En caso de divorcio, ¿cómo se cuantifica?... La gente no se casa o empieza una relación con la idea de separarse, pero los datos están ahí y no podemos darles la espalda. El 56% de los matrimonios se rompen», advierten en Winkels Abogados.
El impuesto de los solteros
Hablar de dinero con la pareja es complicado, pero vivir solo para no tener que discutir con nadie sobre quién paga el alquiler o la compra es... caro, muy caro. La brecha económica entre las personas solteras y las que viven en pareja es cada vez más grande, hasta el punto de que casi cuatro de cada diez españoles que comparten techo reconocen que siguen en su relación actual únicamente porque no se pueden permitir vivir solos, según revela un estudio realizado por la plataforma de ahorro e inversión Raisin.
Este mismo informe calcula que una persona soltera gasta unos 764 euros más al mes que una pareja que comparte los gastos de una casa, lo que se traduce en un desembolso adicional para los 'singles' de más de 9.000 euros al año. «Un soltero en España necesitaría ganar 50.000 euros al año como mínimo para poder cubrir los gastos básicos de una casa y mantener un nivel de vida equiparable al de una pareja en la que cada miembro ingresa 27.000 euros anuales, que es el salario medio bruto que se cobra en nuestro país», precisan.
¿Qué animal financiero eres?
El castor: La seguridad y la estructura son su lenguaje. «Lo tiene todo planeado, cuenta con un plan B y duerme más tranquilo si dispone de un colchón de emergencia bien surtido», explican en el banco digital Bunq.
El águila: Su mirada está fija en el horizonte. Busca constantemente la próxima oportunidad para hacer crecer su dinero e invertir, convencido de que la riqueza se construye actuando.
El labrador: Para este perfil, el dinero cobra sentido cuando mejora la vida de los demás. Prioriza el bienestar de sus seres queridos y apoya a sus allegados libremente y sin llevar la cuenta.
La mariposa: Cree que la vida es demasiado corta para mantener el dinero parado. Disfruta del momento, valora las experiencias y prefiere guardar recuerdos inolvidables antes que acumular saldo.
El ciervo: La gestión financiera le resulta abrumadora y prefiere posponerla. Evita afrontar las cuentas no por pereza, sino como un mecanismo de defensa ante el estrés financiero.
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