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Aprender a vivir cada día: autonomía y discapacidad intelectual

Aprender a vivir cada día: autonomía y discapacidad intelectual
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Actividades cotidianas como salir de compras o elegir una talla de ropa pueden suponer un reto: Fundatul trabaja para eliminar esas barreras

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Daniel y Alejandro, inseparables, ayudándose con la colocación de los guantes durante el taller. Ñito Salas Aprender a vivir cada día: autonomía y discapacidad intelectual

Actividades cotidianas como salir de compras o elegir una talla de ropa pueden suponer un reto: Fundatul trabaja para eliminar esas barreras

Cristina Pinto

Lunes, 23 de marzo 2026, 00:10

... entra dentro de la normalidad de la rutina de muchos. Pocos se imaginan o saben que hay personas para las que esta cotidianidad se convierte en todo un reto: aprender a manejar el dinero, decidir sobre qué prenda es la idónea o qué talla de zapato o pantalón tienen. Personas con discapacidad intelectual luchan por aprender a vivir cada día con autonomía y sin prejuicios, en este caso de la mano de Fundatul, entidad social marbellí que lucha por eliminar esas barreras junto con una veintena de personas. Lo hacen día tras día con su proyecto, uno entre tantos, 'Dejar de ser: Vida plena en casa', que cuenta con el impulso de la Convocatoria de Proyectos Sociales de Fundación 'la Caixa'.

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María junto con Henry, siempre de la mano. Ñito Salas

Otros inseparables son María y Henry. Ella no le suelta la mano y asegura tener clara su misión: «Es que voy siempre con él y lo llevo de la mano para que no le pase nada malo», comenta la joven sobre su compañero, que tiene un grado alto de discapacidad. Juntos hacen la visita al supermercado y el taller de repostería, donde María le echa un cable para untar el chocolate en la tostada.

Primera vez solo en autobús

Pura complicidad, bondad e inocencia. Y, a su vez, superación: en uno de los pasillos del supermercado, Jorge cuenta cómo gracias a Fundatul ha conseguido a sus 23 años formar parte de una pandilla e incluso coger el autobús solo para llegar cada día a las diversas actividades de la entidad social e incluso a sus prácticas formativas en una de las tiendas del centro comercial. «Antes no tenía amigos, ahora sí. En Fuengirola tengo una pandilla, hacemos quedadas, nos vamos a comer o al cine, tenemos fiestas de cumpleaños... Esto es muy interesante porque siempre aprendo cosas buenas, nos llevamos todos muy bien», explica Jorge, que justo este día ha hecho su primer viaje sólo en transporte público. «Le he pillado el truco y sé llegar cada día a mis prácticas», insiste el joven, que ha estado trabajando en esta autonomía junto con Fundatul gracias a llamadas telefónicas o incluso videollamadas para saber en qué parada tenía que bajarse: «Contabilizamos las paradas, las anotan en un papel... Muchos han superado la fobia que tenían a subirse solos en un autobús. Les acompañamos por teléfono hasta que consiguen su propia autonomía en el transporte público», aclara Lola Alcántara.

«Antes no tenía amigos, ahora sí. Gracias a Fundatul aprendo cosas buenas; me llevo muy bien con mis compañeros», confiesa Jorge, de 23 años

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Jorge, durante el taller de repostería. Ñito Salas

Desde la entidad social marbellí lo tienen claro, hay que dotar de herramientas a este colectivo combinando apoyo emocional, psicológico e instrumental: «La cuestión es que terminan la etapa escolar y de repente tienen que empezar a aprender a vivir como adultos sin ningún servicio público que se encargue de esto. No queremos para su futuro un centro residencial, nuestro objetivo es que vivan como cualquier otra persona, por eso día a día los dotamos de herramientas», defiende la trabajadora social Lola Alcántara.

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El grupo, de camino al taller de repostería con Alcampo. Ñito Salas

Hay un gran trabajo y una enorme dedicación detrás de cada paso que dan hacia la autonomía las personas con discapacidad, que no tienen las mismas facilidades que el resto de la sociedad para convertir lo extraordinario en cotidiano. Gracias a entidades como Fundatul, ellos saben su talla de ropa, tienen una pandilla y cogen el autobús solos, entre otras tantas cosas. Gracias a esta dedicación y esfuerzo personal, aprenden a vivir cada día.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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