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Arletys, la 'viuda negra' cubana que mató a su novio Gerard de 118 puñaladas: él se dejó atar en una silla para "un juego sexual"

Arletys, la 'viuda negra' cubana que mató a su novio Gerard de 118 puñaladas: él se dejó atar en una silla para "un juego sexual"
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La asesina ha sido condenada a 20 años de prisión por la Audiencia Provincial de Barcelona tras alcanzar un pacto con la Fiscalía en el que reconoce los hechos. Además, deberá indemnizar con 300.000 a la familia del difunto. Más información: El drama de Gabriel, el policía fuera de servicio al que un 'rider' le hundió un ojo con su casco: "No podré volver a patrullar".

A la izquierda, una foto de Gerard G., y a la derecha, su asesina, Arletys C., posando con su hija. RR.SS

Reportajes Arletys, la 'viuda negra' cubana que mató a su novio Gerard de 118 puñaladas: él se dejó atar en una silla para "un juego sexual"

La asesina ha sido condenada a 20 años de prisión por la Audiencia Provincial de Barcelona tras alcanzar un pacto con la Fiscalía en el que reconoce los hechos. Además, deberá indemnizar con 300.000 a la familia del difunto.

Más información: El drama de Gabriel, el policía fuera de servicio al que un 'rider' le hundió un ojo con su casco: "No podré volver a patrullar".

J. C. Ruiz Aguilar Publicada 14 enero 2026 02:44h

Alguien que sabía bien de qué hablaba definió una vez el asesinato como "un caso vulgar, un hecho más o menos vivo de bestialidad, de ferocidad".

Todo fue vulgar, bestial y feroz en el asesinato de Gerard G. R., perpetrado el 16 de noviembre de 2023 donde menos podía esperárselo y por alguien de quien nunca habría sospechado: su pareja, Arletys C.; en la casa donde ambos convivían en el municipio barcelonés de Sant Adrià del Besòs.

Ya no hace falta hablar en clave de "presuntamente" porque la Audiencia Provincial de Barcelona ha cerrado el caso con sentencia firme, después de que la homicida, una mujer de 28 años nacida en Santiago de Cuba, reconociera los hechos tras pactar con Fiscalía.

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El resultado de este acuerdo son 20 años y un día de prisión para la asesina confesa. En la resolución judicial, a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, las autoridades judiciales describen un crimen descarnado propio de una película gore.

"Sobre las 13.30 horas, la acusada se encontraba con su pareja sentimental, Gerard G.R., en el salón del domicilio que ambos compartían. Y haciéndole creer que formaba parte de un juego sexual, le ató las manos por detrás del cuerpo, dejándole así completamente inmovilizado".

Una foto de archivo de dos mossos. Europa Press

"A continuación, la acusada, con el claro ánimo de acabar con la vida de Gerard o conociendo y asumiendo que como consecuencia de su conducta podría quitarle la vida, le propinó un total de 118 navajazos que le causaron la muerte por shock hipovolémico", detalla la sentencia.

Este término se emplea para describir una emergencia médica que se produce cuando una persona pierde una gran cantidad de sangre. El hombre no pudo defenderse. Solo pudo limitarse a aceptar su destino, lamentando el momento en el que aceptó dejarse maniatar en aquella silla.

Pero tampoco tenía ningún motivo para imaginar que aquella tarde, en la que ambos estaban solos, uno de los pilares de su vida querría acabar con él. "Las 118 puñaladas causadas por la acusada a Gerard por todo el cuerpo se provocaron mientras se encontraba con vida", continúa el documento judicial.

"51 navajazos en la cara y cuello, 53 en la zona torácico abdominal posterior, manos y glúteos y 14 navajazos en la zona abdominal anterior, lo que incrementó su padecimiento de forma totalmente gratuita e innecesaria para causar la muerte".

"La acusada actuó contra Gerard de forma completamente inesperada para la víctima, cuando se encontraba confiadamente en su hogar, iniciando lo que creía era un juego sexual con su pareja, con las manos atadas a la espalda y sin poder ejercer ningún tipo de defensa eficaz ante el ataque perpetrado contra él".

"La señora C. [Arletys] reconoció expresamente su autoría de los hechos", concluye la sentencia.

Ahora, además de las dos décadas que Arletys deberá pasar entre rejas, la sentencia la obliga a pagar una indemnización a los familiares de la víctima: 120.000 euros a cada uno de sus progenitores y 30.000 a cada uno de sus dos hermanos, sumando un total de 300.000 euros.

Además, deberá hacerse cargo de las costas procesales, y se le impone una inhabilitación absoluta durante el tiempo de condena y la medida de libertad vigilada durante cinco años, tras el cumplimiento de la pena de prisión.

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Sin embargo, ninguno de estos castigos podrá curar a esta familia catalana de los padecimientos que supone perder un hijo, un hermano. Gerard tenía solo 33 años cuando su pareja le quitó la vida. Ambos vivían en la misma casa de la población de Sant Adrià de Besòs.

Una vivienda en la que, además, vivían el padre de Arletys y dos compañeros de piso, según recoge la sentencia. Aunque Gerard era originario del municipio gerundense de Palafrugell, donde su asesinato causó una gran conmoción entre sus 24.000 habitantes.

En la web de la emisora local, Radio Palafrugell, un amigo publicó una desoladora carta de despedida: "Gerard, donde estés, cuidaremos de tu abuelo, de tu madre, de tu familia". El joven catalán, según revela este allegado en su emotivo mensaje de despedida, esperaba el nacimiento de su primer hijo.

Móvil desconocido

Arletys, la asesina, tenía una hija procedente de otra relación. Solo disponía de la nacionalidad cubana y no contaba con antecedentes penales, hasta ahora. A pesar de que ha tardado dos años en reconocer su culpabilidad, todavía se desconoce qué la llevó a matar a su pareja.

Durante la mayor parte del proceso, la homicida ha intentado justificar el crimen. Algo que los familiares de la víctima siempre han negado, y ahora la justicia les ha dado la razón. "Es falso que mi hijo fuera a hacerles daño a ella o a su hija", aseguraron los padres de Gerard al diario El Periódico.

"La aceptamos como una más en nuestra familia. Y nos engañó. La asesina de mi hijo no ha dejado de mentir ni después de matarlo".

Lo primero que Arletys contó a los investigadores una vez que encontraron el cadáver de Gerard fue que unos asaltantes de rasgos árabes habían entrado en casa por la fuerza y habían perpetrado el crimen.

Pero en diciembre de 2023, poco más de una semana después del crimen y de que la policía catalana tomara cartas en el asunto, la homicida -entonces sospechosa- fue detenida.

Desde ese momento y hasta el final del proceso judicial, Arletys permaneció en prisión provisional. Su versión tenía muchos cabos sueltos, y por eso, su relato sobre lo sucedido fue cambiando con el tiempo.

Incluso llegó a hacerse un considerable corte en la pierna para dar fuerza a la historia del asalto al hogar que compartía con Gerard. Pero la Justicia recopiló suficientes indicios como para ponerla entre la espada y la pared.

Finalmente, entre finales de diciembre y principios de enero de este año, accedió a pactar con la Fiscalía para evitar ir a juicio. A la familia catalana nada podrá devolverle a su hijo. Pero podrán descansar sabiendo que el crimen no ha quedado impune, y que su asesina perderá su juventud entre rejas.

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