Domingo, 19 de abril 2026, 02:00
... la paz del Papa en la Basílica de San Pedro, el día 11, taladró la burbuja de adulación e impunidad que rodea a Donald Trump sin necesidad de pronunciar su nombre. La declarada satisfacción del presidente de Estados Unidos por la elección de su compatriota Robert Prevost para liderar a 1.400 millones de fieles ya se había convertido en distancia en los últimos once meses, a medida que la agenda más deshumanizada del republicano topaba con la censura del Vaticano. En casa, en forma de críticas de los obispos de Chicago, Washington o Newark por la deportación masiva de inmigrantes y los asesinatos del ICE; y en el exterior, una vez que el mandatario comenzó a encadenar aventuras militares que prometió no emprender. León XIV verbalizó el estremecimiento del mundo ante la amenaza de borrar en una noche la civilización iraní. Frente a una poderosa voz moral a escala global, a la Administración Trump solo le queda la arrogancia de JD Vance, convertido al catolicismo hace seis años, cuando aconseja al pontífice «tener cuidado al hablar de teología».Límite de sesiones alcanzadas
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