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Art Basel Qtar: cómo el Golfo reinventa el ecosistema del arte

Art Basel Qtar: cómo el Golfo reinventa el ecosistema del arte
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Mientras estoy en Doha para Art Basel Qatar (ABQ), caen en mis manos varios artículos de prensa anglosajona que reproducen, casi de manera rutinaria, la interpretación tradicional de feria: ventas estimadas, precios, número de expositores, volumen de negocio, los mejores estands y el tan citado 'fairtigue' (cansacio ferial). A esta mirada limitada se suma un segundo problema: la moralina. Muchos análisis occidentales observan el Golfo apelando a supuestas excepcionalidades políticas co- mo si esos condicionantes no existieran en Londres, Nueva York o París. Ese doble rasero oscurece el diagnóstico y refuerza la idea de que sólo hay un camino legítimo para construir ecosistemas culturales: el occidental. Y así, entre clichés y juicios morales, se obvia lo fundamental.Noticias relacionadas reportaje Si Lujuria, celos, pasión y deseo: las 'Metamorfosis' de Ovidio, 2.000 años de inspiración Natividad Pulido estandar Si CITA INTERNACIONAL Preguntas con respuestas en el Nápoles español Francisco CarpioSi dejamos atrás entonces esta lectura mercantil obsoleta y tentación moralizante, aparece lo que realmente está en juego: la región se ha convertido en un espacio donde se disputa la competencia global por generar infraestructuras culturales competitivas capaces de atraer ese recurso escaso del siglo XXI que es, a decir de Herbert A. Simon, la atención humana. Y es en este marco donde la Global Art Fair (GAF) –la feria de arte global entendida no solo como infraestructura comercial, sino también como dispositivo institucional y diplomático– permite comprender por qué Art Basel Qatar no imita a Occidente, sino que está redefiniendo las reglas del juego.Estructuralmente distintaLa I edición celebrada esta semana en Doha no es pequeña: es estructuralmente distinta. Dirigida por el artista egipcio Wael Shawky, con el apoyo del director global de ferias de Art Basel, Vincenzo de Bellis, arrancó bajo el título 'Becoming'. Articulada como una suerte de 'anti-feria', desapareció la arquitectura tradicional de estands, pasillos y cuadrícula –el modelo 'dealer-booth-and-alley' vigente hasta finales de los 90–, dando paso a una constelación de instalaciones curatoriales dispersas por distintos edificios de Msheireb Downtown y el Doha Design District. Así, ABQ cuenta con la presencia de 87 galerías de 31 países: desde las mega Gagosian, Hauser, Pace, David Zwirner y White Cube, pasando por galerías regionales como Gallery Misr (El Cairo), Saleh Barakat (Beirut), Tabari Artspace (Dubái), Hafez Galery (Riad), ATHR (Yeda), Al Hosh Gallery (Doha) para terminar con la española Sabrina Amrani. Este formato permite que varias propuestas destaquen no por su 'vendibilidad', sino por su capacidad para articular la lógica de lo que yo llamé el modelo 'curator-open-space': una feria donde el curador asume un rol protagónico a través de secciones que se salen del formato tradicional –pensemos en Art Unlimited– adentrándose incluso en el espacio público.A todo trapo. En las imágenes, algunos de los estands de Art Basel Qtar, como el que exhibe obras de Imran Qureshi o el de la española Sabrina Amrani, con los trabajos de Manal Aldowayan Basel Art Fair / Paco BarragánCentrada en gran parte en artistas y galerías de la región, Art Basel Qatar privilegia instalaciones que dialogan con aspectos muy propios del Golfo como territorio, urbanismo, transculturalidad e identidades en transición, reforzando así una dimensión más institucional y epistémica de la feria. ABQ opta por un 'soft selling' priorizando la producción de significado, la visibilidad geopolítica y la legitimidad cultural. Y esto sólo es comprensible dentro de una estrategia mayor que se encuadra dentro de un ecosistema complejo conformado, entre otros, por el Mathaf (Museo Árabe de Arte Moderno) , el Museo de Arte Islámico, la futura Cuadrenial de Rubaiya o la prestigiosa universidad VCUarts Qatar. La cultura deja de ser superestructura y se convierte, contra el esquema clásico de Carlos Marx, en infraestructura: un marco que condiciona decisiones de orden político, económico o social. Art Basel Qatar es la manifestación visible de un proyecto institucional de Estado concebido a largo plazo. O como señaló el propio Shawky: «El mercado entendido también como espacio cultural».La cultura como infraestructuraLa realidad del Golfo es compleja. Catar ha consolidado un modelo robusto apoyado en icónicos museos, educación artística y diplomacia cultural. Abu Dhabi desarrolla un sistema híbrido que combina alianzas internacionales – del Louvre al futuro Guggenheim – con una estabilización del mercado ahora reforzada por Frieze Abu Dhabi. Dubái funciona como una plataforma dinámica de industrias creativas, con Christies y Sotheby's y la zona comercial Alserkal Avenue, mientras que Arabia Saudí construye un proyecto monumental: Saudi Vision 2030. Bahrein, finalmente, cultiva un enfoque más identitario y patrimonial. Las diferencias son claras, pero todas convergen en una misma premisa: la cultura ya no es superestructura, sino infraestructura, el dispositivo que define la autoridad institucional, mercantil y epistémica del siglo XXI.'Canción' de Jenny Holzer, con poemas de Mahmoud Darwish © 2026 de la Fundación Mahmoud Darwish y ©️ 2026 Jenny Holzer, miembro de Artists Rights Society (ARS), NY Tras su debut, Art Basel Qatar demuestra algo esencial: el Golfo no está siguiendo la evolución tradicional de Occidente, sino que está obligando al sistema del arte a seguirle a él consiguiendo en apenas 15 años lo que en Occidente se necesitó siglos. Art Basel Qatar no solo permite ver obras diferentes –y presentadas de una forma más original–, sino entender sofisticadas estrategias de Estado que combinan diplomacia 'soft power', 'branding' de ciudad y culturas creativas con políticas de identidad.arte_abc_0724Cuando en EE.UU. y Europa la financiación pública continúa en retroceso, el Golfo, en particular, Catar, está escribiendo uno de los capítulos más significativos del arte global.

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Mientras estoy en Doha para Art Basel Qatar (ABQ), caen en mis manos varios artículos de prensa anglosajona que reproducen, casi de manera rutinaria, la interpretación tradicional de feria: ventas estimadas, precios, número de expositores, volumen de negocio, los mejores estands y el tan ... citado 'fairtigue' (cansacio ferial).

A esta mirada limitada se suma un segundo problema: la moralina. Muchos análisis occidentales observan el Golfo apelando a supuestas excepcionalidades políticas co- mo si esos condicionantes no existieran en Londres, Nueva York o París.

Ese doble rasero oscurece el diagnóstico y refuerza la idea de que sólo hay un camino legítimo para construir ecosistemas culturales: el occidental. Y así, entre clichés y juicios morales, se obvia lo fundamental.

Si dejamos atrás entonces esta lectura mercantil obsoleta y tentación moralizante, aparece lo que realmente está en juego: la región se ha convertido en un espacio donde se disputa la competencia global por generar infraestructuras culturales competitivas capaces de atraer ese recurso escaso del siglo XXI que es, a decir de Herbert A. Simon, la atención humana. Y es en este marco donde la Global Art Fair (GAF) –la feria de arte global entendida no solo como infraestructura comercial, sino también como dispositivo institucional y diplomático– permite comprender por qué Art Basel Qatar no imita a Occidente, sino que está redefiniendo las reglas del juego.

La I edición celebrada esta semana en Doha no es pequeña: es estructuralmente distinta. Dirigida por el artista egipcio Wael Shawky, con el apoyo del director global de ferias de Art Basel, Vincenzo de Bellis, arrancó bajo el título 'Becoming'. Articulada como una suerte de 'anti-feria', desapareció la arquitectura tradicional de estands, pasillos y cuadrícula –el modelo 'dealer-booth-and-alley' vigente hasta finales de los 90–, dando paso a una constelación de instalaciones curatoriales dispersas por distintos edificios de Msheireb Downtown y el Doha Design District.

Así, ABQ cuenta con la presencia de 87 galerías de 31 países: desde las mega Gagosian, Hauser, Pace, David Zwirner y White Cube, pasando por galerías regionales como Gallery Misr (El Cairo), Saleh Barakat (Beirut), Tabari Artspace (Dubái), Hafez Galery (Riad), ATHR (Yeda), Al Hosh Gallery (Doha) para terminar con la española Sabrina Amrani.

Este formato permite que varias propuestas destaquen no por su 'vendibilidad', sino por su capacidad para articular la lógica de lo que yo llamé el modelo 'curator-open-space': una feria donde el curador asume un rol protagónico a través de secciones que se salen del formato tradicional –pensemos en Art Unlimited– adentrándose incluso en el espacio público.

Centrada en gran parte en artistas y galerías de la región, Art Basel Qatar privilegia instalaciones que dialogan con aspectos muy propios del Golfo como territorio, urbanismo, transculturalidad e identidades en transición, reforzando así una dimensión más institucional y epistémica de la feria. ABQ opta por un 'soft selling' priorizando la producción de significado, la visibilidad geopolítica y la legitimidad cultural. Y esto sólo es comprensible dentro de una estrategia mayor que se encuadra dentro de un ecosistema complejo conformado, entre otros, por el Mathaf (Museo Árabe de Arte Moderno), el Museo de Arte Islámico, la futura Cuadrenial de Rubaiya o la prestigiosa universidad VCUarts Qatar.

La cultura deja de ser superestructura y se convierte, contra el esquema clásico de Carlos Marx, en infraestructura: un marco que condiciona decisiones de orden político, económico o social. Art Basel Qatar es la manifestación visible de un proyecto institucional de Estado concebido a largo plazo. O como señaló el propio Shawky: «El mercado entendido también como espacio cultural».

La realidad del Golfo es compleja. Catar ha consolidado un modelo robusto apoyado en icónicos museos, educación artística y diplomacia cultural. Abu Dhabi desarrolla un sistema híbrido que combina alianzas internacionales –del Louvre al futuro Guggenheim– con una estabilización del mercado ahora reforzada por Frieze Abu Dhabi. Dubái funciona como una plataforma dinámica de industrias creativas, con Christies y Sotheby's y la zona comercial Alserkal Avenue, mientras que Arabia Saudí construye un proyecto monumental: Saudi Vision 2030. Bahrein, finalmente, cultiva un enfoque más identitario y patrimonial.

Las diferencias son claras, pero todas convergen en una misma premisa: la cultura ya no es superestructura, sino infraestructura, el dispositivo que define la autoridad institucional, mercantil y epistémica del siglo XXI.

Tras su debut, Art Basel Qatar demuestra algo esencial: el Golfo no está siguiendo la evolución tradicional de Occidente, sino que está obligando al sistema del arte a seguirle a él consiguiendo en apenas 15 años lo que en Occidente se necesitó siglos. Art Basel Qatar no solo permite ver obras diferentes –y presentadas de una forma más original–, sino entender sofisticadas estrategias de Estado que combinan diplomacia 'soft power', 'branding' de ciudad y culturas creativas con políticas de identidad.

Cuando en EE.UU. y Europa la financiación pública continúa en retroceso, el Golfo, en particular, Catar, está escribiendo uno de los capítulos más significativos del arte global.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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