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Cultura

Arte urbano: de la marginalidad a la institucionalización

Arte urbano: de la marginalidad a la institucionalización
Artículo Completo 1,099 palabras
El arte urbano ha recorrido una larga trayectoria desde los grafitis clandestinos en los barrios de Nueva York hasta su –paradójico– reconocimiento por las instituciones culturales más prestigiosas. Su capacidad para adaptarse, innovar y conectar con la sociedad lo convierte en una de las manifestaciones artísticas más vivas y notables de nuestro tiempo. La Fundación Canal presenta 'Arte Urbano: desde los inicios hasta Banksy', una muestra que trata de ser un amplio panorama de la historia del arte urbano a lo largo de su reciente historia. El objetivo fundamental es ofrecer al gran público la evolución, características y principales figuras de este movimiento, subrayando asimismo su impacto en la sociedad y su repercusión internacional. Las intenciones son loables pero alberga junto a sus luces también algunas sombras que trataré de señalar.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El mercado del arte, explicado en 7 artistas y 7 minutosEs cierto que se trata de una exposición que reúne un notable conjunto de artistas vinculados a esta práctica, pero no lo es menos que se observan algunas fallas en esa representación. Por ejemplo, la presencia de nombres tan emblemáticos como Keith Haring o Jean-Michel Basquiat resulta bastante pobre y exigua. Por otro lado, dentro del contexto español se echan en falta creadores tan significativos como Muelle, un personaje de culto, o también el colectivo Boa Mistura, entre otros. Se nota mucho que es una exposición que ya viene prácticamente 'armada' desde Art Trust (Suiza), lo que, a mi juicio, explica algunas de estas ausencias y debilidades.Un desafío a los cauces establecidosHay que empezar por decir que el arte urbano, también conocido como 'street art', es una forma de expresión artística que utiliza los espacios públicos como lienzo. Desde sus comienzos, ha significado en gran medida un desafío con respecto a los cauces más tradicionales del arte, proponiendo una serie de expresiones creativas vinculadas a la vida cotidiana de las ciudades, desempeñando un importante papel en la transformación de los espacios públicos, y generando nuevas formas de interacción y participación ciudadana. Ha sido asimismo vehículo de denuncia social, visibilizando problemáticas como la desigualdad, el racismo o la gentrificación, y, además, debido a su carácter casi siempre ilegal y efímero, ha conllevado una nada desdeñable carga de controversias y enfrentamientos con las autoridades sobre la propiedad del espacio urbano. En las últimas décadas, puede observarse un curioso y singular fenómeno de institucionalización del arte urbano, con la aparición de festivales e incluso ferias (como UVNT en España, CAN desde este 2026 para unificar marca con su versión ibicenca), la incorporación de obras a colecciones privadas y museísticas, la puja en salas de subasta, y la realización de proyectos en colaboración entre artistas urbanos e instituciones. Lógicamente, estos hechos tienen un sesgo positivo porque permiten visibilizar y normalizar un tipo de manifestación artística hasta no hace mucho casi marginal, y reconocerla como instrumento de transformación social y cultural.Las calles como un libro abierto. En las imágenes, de arriba abajo, obras de PichiAvo, El Xupet Negre y Never Crew ABCPero, por otra parte, suponen igualmente una evidente paradoja y un claro dilema: ¿qué ocurre cuando un arte que nació contra el sistema se convierte en uno de los lenguajes más rentables y exhibibles, gracias a las pantagruélicas tragaderas del mercado? Dejemos abierto espacio a posibles respuestas.No hay duda, pese a estas reflexiones, que la muestra madrileña ofrece también bastantes aspectos válidos, como, por ejemplo, acercar al público este importante movimiento junto a sus orígenes y desarrollo, y ayudar a destacar su incontestable impacto y repercusión en nuestra sociedad actual. Del mismo modo, y aunque, como ya he señalado, adolece de algunas ausencias significativas, sí que presenta obras de algunos de sus principales representantes, como pueden ser, junto a los ya nombrados, Crash, Seen, Blek le Rat, Miss.Tic, Invader, RAVO, OBEY, JR, Os Gêmeos, Vhils, y los españoles SUSO33 o El Xupet Negre. Los más de sesenta trabajos que se exhiben corresponden a diversas épocas, técnicas, estilos, medios y materiales, y han sido articulados alrededor de cinco apartados cronológicos, de los comienzos hasta nuestros días.En ascensoAsí, los años 70 nos ofrecen los reivindicativos orígenes del arte urbano, especialmente en Nueva York, con la proliferación sobre todo de 'tags' en los vagones del metro y las paredes de la ciudad. En la siguiente década este movimiento se expandió rápidamente por otras ciudades: Londres, Berlín, París o Sao Paulo, aumentando asimismo su diversidad técnica y estilística: murales, plantillas, pósters, pegatinas o mosaicos. Es cuando surgen la mayoría de figuras referenciales: Haring, Basquiat, Banksy, Blek le Rat y Shepard Fairey, algunas operando ya en el mercado, lo que supone una cierta domesticación de su potencia crítica. Nuestro país está también representado –si bien, como digo, faltan nombres icónicos–, con artistas urbanos como SUSO33, El Xupet Negre o el dúo PichiAvo. La siguiente etapa supone una gran expansión internacional durante la que se privilegia la importancia del mensaje sobre la firma. La calle deja de ser solo un espacio de combate identitario para convertirse en un espacio discursivo. Nuestro tiempo actual asiste a una todavía mayor globalización y legitimación, con la creciente presencia de murales y proyectos en equipo, institucionalmente patrocinados, la aparición de festivales y ferias, y una mayor documentación de las obras, vía Internet y redes sociales.'Arte Urbano: De los orígenes a Banksy' Fundación Canal. Madrid. C/ Mateo Inurria, 2. Comisaria: Patrizia Cattaneo Moresi. Hasta el 3 de mayo. Tres estrellas. Dos últimos capítulos completan el proyecto. Una sala dedicada al ubicuo Banksy, quien se ha convertido al parecer en salsa y condimento obligatorio de todas estas manifestaciones artísticas, y un interesante espacio final que reflexiona a través de dos series de fotografías documentales sobre el cuestionable impacto del arte urbano en espacios públicos y, más aún, en monumentos de patrimonio histórico y bienes culturales.

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El arte urbano ha recorrido una larga trayectoria desde los grafitis clandestinos en los barrios de Nueva York hasta su –paradójico– reconocimiento por las instituciones culturales más prestigiosas. Su capacidad para adaptarse, innovar y conectar con la sociedad lo convierte en una de las manifestaciones ... artísticas más vivas y notables de nuestro tiempo.

La Fundación Canal presenta 'Arte Urbano: desde los inicios hasta Banksy', una muestra que trata de ser un amplio panorama de la historia del arte urbano a lo largo de su reciente historia.

El objetivo fundamental es ofrecer al gran público la evolución, características y principales figuras de este movimiento, subrayando asimismo su impacto en la sociedad y su repercusión internacional. Las intenciones son loables pero alberga junto a sus luces también algunas sombras que trataré de señalar.

Es cierto que se trata de una exposición que reúne un notable conjunto de artistas vinculados a esta práctica, pero no lo es menos que se observan algunas fallas en esa representación. Por ejemplo, la presencia de nombres tan emblemáticos como Keith Haring o Jean-Michel Basquiat resulta bastante pobre y exigua. Por otro lado, dentro del contexto español se echan en falta creadores tan significativos como Muelle, un personaje de culto, o también el colectivo Boa Mistura, entre otros. Se nota mucho que es una exposición que ya viene prácticamente 'armada' desde Art Trust (Suiza), lo que, a mi juicio, explica algunas de estas ausencias y debilidades.

Hay que empezar por decir que el arte urbano, también conocido como 'street art', es una forma de expresión artística que utiliza los espacios públicos como lienzo. Desde sus comienzos, ha significado en gran medida un desafío con respecto a los cauces más tradicionales del arte, proponiendo una serie de expresiones creativas vinculadas a la vida cotidiana de las ciudades, desempeñando un importante papel en la transformación de los espacios públicos, y generando nuevas formas de interacción y participación ciudadana.

Ha sido asimismo vehículo de denuncia social, visibilizando problemáticas como la desigualdad, el racismo o la gentrificación, y, además, debido a su carácter casi siempre ilegal y efímero, ha conllevado una nada desdeñable carga de controversias y enfrentamientos con las autoridades sobre la propiedad del espacio urbano.

En las últimas décadas, puede observarse un curioso y singular fenómeno de institucionalización del arte urbano, con la aparición de festivales e incluso ferias (como UVNT en España, CAN desde este 2026 para unificar marca con su versión ibicenca), la incorporación de obras a colecciones privadas y museísticas, la puja en salas de subasta, y la realización de proyectos en colaboración entre artistas urbanos e instituciones. Lógicamente, estos hechos tienen un sesgo positivo porque permiten visibilizar y normalizar un tipo de manifestación artística hasta no hace mucho casi marginal, y reconocerla como instrumento de transformación social y cultural.

Pero, por otra parte, suponen igualmente una evidente paradoja y un claro dilema: ¿qué ocurre cuando un arte que nació contra el sistema se convierte en uno de los lenguajes más rentables y exhibibles, gracias a las pantagruélicas tragaderas del mercado? Dejemos abierto espacio a posibles respuestas.

No hay duda, pese a estas reflexiones, que la muestra madrileña ofrece también bastantes aspectos válidos, como, por ejemplo, acercar al público este importante movimiento junto a sus orígenes y desarrollo, y ayudar a destacar su incontestable impacto y repercusión en nuestra sociedad actual.

Del mismo modo, y aunque, como ya he señalado, adolece de algunas ausencias significativas, sí que presenta obras de algunos de sus principales representantes, como pueden ser, junto a los ya nombrados, Crash, Seen, Blek le Rat, Miss.Tic, Invader, RAVO, OBEY, JR, Os Gêmeos, Vhils, y los españoles SUSO33 o El Xupet Negre. Los más de sesenta trabajos que se exhiben corresponden a diversas épocas, técnicas, estilos, medios y materiales, y han sido articulados alrededor de cinco apartados cronológicos, de los comienzos hasta nuestros días.

Así, los años 70 nos ofrecen los reivindicativos orígenes del arte urbano, especialmente en Nueva York, con la proliferación sobre todo de 'tags' en los vagones del metro y las paredes de la ciudad. En la siguiente década este movimiento se expandió rápidamente por otras ciudades: Londres, Berlín, París o Sao Paulo, aumentando asimismo su diversidad técnica y estilística: murales, plantillas, pósters, pegatinas o mosaicos. Es cuando surgen la mayoría de figuras referenciales: Haring, Basquiat, Banksy, Blek le Rat y Shepard Fairey, algunas operando ya en el mercado, lo que supone una cierta domesticación de su potencia crítica. Nuestro país está también representado –si bien, como digo, faltan nombres icónicos–, con artistas urbanos como SUSO33, El Xupet Negre o el dúo PichiAvo.

La siguiente etapa supone una gran expansión internacional durante la que se privilegia la importancia del mensaje sobre la firma. La calle deja de ser solo un espacio de combate identitario para convertirse en un espacio discursivo. Nuestro tiempo actual asiste a una todavía mayor globalización y legitimación, con la creciente presencia de murales y proyectos en equipo, institucionalmente patrocinados, la aparición de festivales y ferias, y una mayor documentación de las obras, vía Internet y redes sociales.

Fundación Canal. Madrid. C/ Mateo Inurria, 2. Comisaria: Patrizia Cattaneo Moresi. Hasta el 3 de mayo. Tres estrellas.

Dos últimos capítulos completan el proyecto. Una sala dedicada al ubicuo Banksy, quien se ha convertido al parecer en salsa y condimento obligatorio de todas estas manifestaciones artísticas, y un interesante espacio final que reflexiona a través de dos series de fotografías documentales sobre el cuestionable impacto del arte urbano en espacios públicos y, más aún, en monumentos de patrimonio histórico y bienes culturales.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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