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Una obra incendiándose mientras pujan por ella en la «subasta suicida». Le Febrè Artistas españoles subastan sus obras mientras las quemanEn la semana de Arco y otras ferias se realiza la «subasta suicida» de creadores contemporáneos con precios simbólicos y una puja que empieza junto a la destrucción del arte
Madrid
Lunes, 2 de marzo 2026, 00:28
... para coleccionistas hispanoamericanos, que pululan de las instalaciones de Ifema a centros culturales y fiestas de marchantes y artistas. En medio de esos trajines, varios artistas contemporáneos, capitaneados por los irreverentes Eugenio Merino y Le Febrè, reunirán sus obras para que salgan a la venta en una «subasta suicida». Una acción que utiliza la parodia y cierta iconoclastia para retar y criticar las reglas del mundo del arte.Acosadas por el fuego (para las pinturas e ilustraciones) o el mazo (para las esculturas o instalaciones) las obras expuestas el sábado estarán en una sala, como si fuera una galería. En esta edición participan Cristina Llanos, Colectivo Democracia, Dos Jotas, Lara Lars, Lúa Gándara. María Cañas y María Moldes, «todos bastante top y bien posicionados en el mundo del arte», define Le Febrè. «Si creen que esto es para ganar dinero o quedar bien no les vuelvo a invitar, porque se trata de arriesgar, de hacer lo que en otros lugares no les dejarían».
Luego se pasa a un escenario, donde cada artista expone su creación. Después de sus palabras empieza la destrucción de la obra y se inicia la subasta, a partir de un precio simbólico que ronda los 50 euros, y que va bajando a medida que desaparece. «Lo que vale lo decide el artista, siempre contra los precios hinchados de las galerías. En una ocasión se pagaron dos euros por una esquinita de un cuadro, porque las llamas avanzaron muy rápido», recuerda Le Febrè, que ha logrado reunir a unos 60 artistas en 27 ediciones.
Emociones y cartera
Con la primera oferta se paraliza el destrozo. Si hay dos o más interesados, se pasa a la «subasta emocional», cuando cada interesado explica las razones por las que quiere la obra. «A veces inventan razones, como que terminaron con su pareja o se murió su gato», refiere Le Febrè, que siempre comienza eliminando una obra propia. «Es el público el que decide quién la merece con sus aplausos». También está la llamada «subasta liberal», en la que el comprador «puja por destruir una obra porque el artista quiere que así sea».
A los asistentes les decimos que no deben tener piedad con las obras, porque como en la vida misma son ellos, el mercado, los que deciden qué debe vivir y qué no. Con perfil de «microcoleccionista», el que quiere salvar una obra debe pujar o dejarla desaparecer. «Se crea un vínculo entre la gente y la experiencia artística contemporánea, mientras se celebra vivir el momento y se reivindica la creatividad al ciento por ciento», reflexiona. Esta edición, que reta al 'mainstream' del arte español será «más provocativa» con los consejos de Merino, que como otros años expondrá en Arco sus obras revulsivas. «Más nivel de destrucción, más mensaje».
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