Se llama exclusión digital y es igual de preocupante que si le ignoran en el patio: «No es una tontería, para ellos es un espacio importante de relación»
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Regala esta noticia (R. C.) 01/05/2026 Actualizado a las 01:02h.Si te preguntaran por la peor pesadilla de tus hijos, seguramente responderías que quitarles el teléfono móvil. Y no andarías muy desencaminado, pero no por ... la razón que piensas. Más allá del componente adictivo de los 'smartphones', muchos adolescentes tienen en ellos su particular patio de recreo, en el que hacen amigos. Es decir, socializan ahí, ya sea entablando amistades virtuales o ahondando en aquellas que vienen del mundo real.
«Muchos niños y adolescentes sienten vergüenza y silencio al quedarse fuera de estos espacios», prosigue la colaboradora de la plataforma de seguridad online y bienestar digital Qustodio. Y «no siempre lo cuentan en casa porque sienten que no deberían darle importancia o porque temen que los adultos lo minimicen». En otros casos, sí expresan ese malestar, pero de forma sutil: «Con una ansiedad constante por no perderse nada, por no enterarse de planes o por ser siempre el último en saber lo que ocurre». Son víctimas del FOMO ('fear of missing out').
Incluso «pueden aparecer sentimientos de culpa –'algo habré hecho mal'– o una resignación silenciosa –esto es así, no encajo'–» ante la que conviene estar atentos. Son vivencias muy intensas, desgrana la especialista, donde el daño psicológico viene dado por la afectación de una necesidad básica en la construcción identitaria de cualquier joven: el sentimiento de aceptación, el reconocimiento y la pertenencia a un grupo.
Las 'red flags'
Aunque no existe un único motivo por el que los adolescentes decidan aislar a otro compañero en sus interacciones virtuales (dinámicas de popularidad o grupo, conflictos previos...), se ha contrastado que la exclusión digital puede dar paso a distintas formas de ciberacoso «cuando el rechazo deja de ser pasivo y pasa a ser explícito», explica Ben. Por esto mismo, los padres deberían estar pendientes del comportamiento anormal de sus hijos. Si hay «cambios bruscos de humor, mayor irritabilidad o tristeza sin causa clara, rechazo repentino del móvil o una vigilancia constante del dispositivo acompañada de frustración evidente», cuidado.
Las cifras
1,2
millones
de niños de 11 países han protagonizado imágenes de contenido sexual manipulado con IA durante el último año, según un informe de Unicef.
84
%
de las adolescentes españolas entre 12 y 16 años se sienten preocupadas porque su imagen pueda usarse para estos fines, según otro estudio de la ONG Plan International.
La exclusión digital también puede hacer que el niño sienta menos ganas de quedar con los amigos, hable de sí mismo en malos términos y se resista a ir al colegio. «Toda forma de exclusión genera malestar emocional, pero en el caso concreto de la digital, el problema se agrava porque esta acompaña al adolescente más allá del aula. El móvil y las redes actúan como recordatorios constantes de lo que ocurre –o no ocurre– en el plano social, lo que incrementa la preocupación, la rumiación y la sensación de estar al margen», precisa Ben.
Esto también tiene su reflejo en las notas. «En este contexto, la capacidad de concentración disminuye y el rendimiento académico puede resentirse. Además, el colegio puede dejar de percibirse como un espacio seguro cuando la marginación digital se prolonga en silencios, miradas o dinámicas presenciales». ¿El resultado? Un círculo vicioso difícil de romper.
¿Le quito el móvil?
La exclusión digital también puede venir provocada por aquellos padres que deciden retirarle el 'smartphone' o el ordenador a su hijo como método de castigo. ¿Qué hacemos entonces? ¿Se lo dejamos? «Aunque limitar el acceso al móvil o a las redes puede ser necesario en determinados momentos, si no lo hacemos con cuidado, el menor puede vivirlo como una doble exclusión: quedarse fuera del grupo y, además, sentirse incomprendido en casa», desliza Ben.
Para evitar esto último, si detectamos que los compañeros de nuestro hijo están haciéndole de menos en WhatsApp, Instagram o TikTok, lo mejor es hacer un acompañamiento emocional que le haga sentirse comprendido. «Desde nuestra mirada adulta puede parecer 'solo un chat' o 'solo una red social', una tontería, pero para ellos es un espacio importante de relación y pertenencia. En este sentido, lo mejor es abrir conversaciones sin juicio, interesarnos de verdad por cómo lo están viviendo y transmitirles que pueden hablar con nosotros sin miedo a que minimicemos su malestar ni les juzguemos».
Ben lanza, además, un doble consejo. A los centros educativos les pide que fomenten una cultura de cuidado y responsabilidad colectiva «educando en la empatía». Y a los propios padres, que ayuden a los menores a «construir una autoestima que no dependa de la aprobación externa». Algo muy difícil en tiempos de 'likes' y 'retuits', pero necesario para que afronten satisfactoriamente cualquier dificultad relacional.
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