El clearance es el proceso de revisión legal de cualquier obra audiovisual que busca detectar elementos protegidos por derechos de terceros.
"Creo que vamos a por un poco de Bohemian Rhapsody, señores...". Con esa frase, Wayne se sube al coche de Gath al comienzo de El mundo de Wayne (1992), la comedia dirigida por Penelope Sheeris en la que Mike Myers y Dana Carvey acaban cantando a pleno pulmón el clásico de Queen. La escena se convirtió en uno de los momentos más icónicos del cine de los noventa. Pero para que esos minutos de música y headbanging llegaran a la gran pantalla primero tuvieron que conseguir los derechos para poder utilizarla. Detrás de esa negociación estaba el equipo de clearance legal, encargado de que pudiera usarse sin riesgo legal.
Esta práctica —poco visible para el espectador— es el proceso de revisión legal de cualquier obra audiovisual con el objetivo de detectar elementos protegidos por derechos de terceros (como obras musicales, marcas, obras artísticas o datos personales) y verificar si dichos derechos están vigentes, y en su caso, obtener las autorizaciones necesarias para su uso legal. "Cuando lanzas al mercado un producto audiovisual partes de la premisa de que es una creación artística original de quién la produce. Sin embargo, para dar contexto o porque son parte de la vida misma, aparecen productos o elementos que no lo son", explica Mabel Klimt, socia directora de Elzaburu y directora de medios y entretenimiento, un área que cuenta con un largo recorrido asesorando en este tipo de proyectos.
Entre los derechos de terceros involucrados pueden encontrarse derechos de autor —como obras cinematográficas, literarias, pinturas, fotografías, esculturas, obras fotográficas, música o tipografías —, propiedad industrial, como marcas comerciales o diseños industriales, o incluso temas relacionados con la protección de datos personales, derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen.
El mejor momento para intervenir en el proceso es al iniciar el proyecto. "Si nosotros entramos desde el principio, nos leemos el guión y vamos analizando escena a escena todos los posibles riesgos que pueda haber o autorizaciones que tengamos que solicitar", explica Inés de Casas, asociada sénior del área de medios y entretenimiento. Este análisis se realiza coordinado con el departamento de arte y localizaciones, encargados de elegir el atrezo, las localizaciones o el entorno. "De esa manera si hay que cambiar algo se puede hacer a tiempo, porque cuando el proyecto ya está rodado, el trabajo se intensifica y la única manera es blurear, eliminar o asumir el riesgo", añade.
El objetivo, no obstante, es que el asesoramiento pase inadvertido. "Nuestro trabajo es intentar creativamente afectar en lo mínimo, y si pasa desapercibido quiere decir que no hay reclamaciones o demandas y que está bien hecho", explica Klimt. A veces, confiesa, incluso proponen pequeñas sugerencias creativas para que el proyecto sea viable y conseguir no quitar realismo al relato, siempre respetando los derechos de terceros.
A pesar de que la dimensión del asesoramiento cambia completamente según cada proyecto, y de que cada caso se debe estudiar de manera individual, el clearance es un requisito indispensable para la proyección internacional del contenido, sobre todo porque las propias productoras lo exigen, especialmente en mercados como Estado Unidos. Además, sin un informe de clearance adecuado, las distribuidoras no tienen acceso al seguro de errores y omisiones. "Cuando uno tiene una explotación mundial está expuesto a que 200 jurisdicciones distintas pudieran, hipotéticamente, tener una reclamación" explica De Casas.
En definitiva, igual que ocurrió en El mundo de Wayne, detrás de momentos icónicos del cine y la televisión hay un trabajo jurídico silencioso que permite que la creatividad llegue a la pantalla sin conflictos legales. Y, como en este caso, logra que una canción vuelva a las listas de éxitos décadas después.
LA IMPORTANCIA DEL 'CLEARANCE' LEGAL
- La cerveza preferida de Homer Simpson: La famosa bebida de 'Los Simpsons' fue creada originalmente por los guionistas de la serie como una parodia a las cervezas comerciales y, en parte, para evitar utilizar marcas reales dentro de la ficción. El éxito de la serie llevó a que varias empresas intentaran vender sus propios productos con ese mismo nombre en distintos países. Uno de los casos más conocidos ocurrió en Australia en los años noventa, cuando una empresa comenzó a vender 'Duff' con un diseño similar. La productora 20th Century Fox llevó el asunto a los tribunales y retiraron la cerveza.
- Un tatuaje polémico: En una escena de la película 'Resacón en las Vegas 2' el personaje Stu Price (Ed Helms), despierta con un tatuaje tribal alrededor del ojo igual que el que lleva en la realidad Mike Tyson. Victor Whitmill, diseñador del tatuaje que ganó fama tras tatuar al boxeador, presentó una demanda contra la Warner Bros., por infringir los derechos de autor y utilizar un diseño registrado. A pesar de que la Warner alegó que se trataba de una parodia irónica, el caso debía ir a juicio. Nunca se supo cómo hubiera acabado el caso porque Whitmill y la Warner llegaron a un acuerdo privado.
- Una excavadora 'malvada': En 2003 el fabricante estadounidense de maquinaria Caterpillar presentó una demanda contra Walt Disney Pictures por utilizar una excavadora de su marca durante el rodaje de 'George de la Jungla 2'. Durante la escena, el personaje protagonista consigue sabotear la máquina, que termina averiada. La empresa alegaba que la película dañaba su reputación y su imagen de marca. Sin embargo, el tribunal estadounidense desestimó la demanda. Consideró que el uso de la marca formaba parte de una obra creativa protegida por la libertad de expresión.
- Una escultura entre inspiración y copia: En la película 'El abogado del diablo' ('The Devils Advocate') protagonizada por Al Pacino y Keanu Reeves, se vulneró el derecho de autor del escultor Frederick Hart. La película reprodujo una escultura similar a su obra 'Ex Nihilo', situada en la Catedral Nacional de Washington, sin autorización. Además, la demanda presentada en 1997, sostenía que la copia representaba una distorsión de su significado religioso. Tras la demanda, el estudio Warnes Bros. acordó modificar digitalmente la escultura y editar las escenas en versiones posteriores.
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