- SARAH O'CONNOR
Las relaciones románticas con modelos de IA no sanarán la desconexión entre hombres y mujeres jóvenes.
Los hombres y mujeres jóvenes parecen estar cada vez más hartos los unos de los otros. En el mundo físico, pasan menos tiempo conviviendo cara a cara. En el mundo digital, sus intentos de tener citas a través de aplicaciones a menudo se estancan en la "etapa de conversación" por miedo a ser heridos o rechazados. Y en el mundo político, parecen estar moviéndose en direcciones totalmente opuestas. Desde EEUU hasta Alemania, desde Corea del Sur hasta Túnez, se han abierto brechas ideológicas entre las mujeres jóvenes (que son más liberales) y los hombres jóvenes (que son más conservadores).
Entran en escena: novios y novias con IA. Es difícil imaginar un terreno más fértil para la llegada de chatbots que viven en tu pantalla, que no te harán daño ni te rechazarán, y que pueden diseñarse para encarnar tus deseos y respaldar tus valores.
No debería sorprender, por tanto, que las relaciones románticas con IA hayan comenzado a despegar. Mientras analizamos a fondo los datos de empleo y productividad para intentar detectar si la IA está transformando la economía, ¿es posible que se esté produciendo una profunda transformación del ámbito social mientras miramos hacia otro lado?
En los últimos años, han surgido numerosas plataformas de IA para acompañar a los usuarios, como Replika y Character.ai. Según un sondeo realizado a adultos estadounidenses, el 19% había chateado con un sistema de IA diseñado para emular a una pareja romántica, con tasas más altas entre los hombres y mujeres jóvenes (31% y 23%, respectivamente).
Sin embargo, aunque los hombres jóvenes parecen ser los usuarios más entusiastas en Estados Unidos, no ocurre lo mismo en todas partes. En un artículo titulado "Por qué Estados Unidos crea novias con IA y China crea novios con IA", Zilan Qian, investigadora del Oxford China Policy Lab, explica que las principales plataformas chinas de IA para acompañar a los usuarios tienden a presentar personajes masculinos en sus páginas de inicio. Su público objetivo no son hombres jóvenes solitarios en los sótanos de sus padres, afirma, sino mujeres urbanas con estudios, de entre 25 y 35 años.
En China, la brecha entre hombres y mujeres jóvenes tiene un componente geográfico. Desde 2009, las mujeres han superado en número a los hombres en los programas de grado y posgrado de las universidades chinas. Ante esta situación, han sido más propensas a mudarse a las ciudades para buscar trabajo, mientras que los hombres jóvenes han sido más propensos a quedarse en casa. "Este grupo de mujeres urbanas ha sido el objetivo de muchos productos", explica Qian. "Lo llaman la economía de la soledad". Además, añadió, está "el boom del feminismo en China, una mayor atención mediática a la violencia doméstica... y luego sigue habiendo una fuerte discriminación de género en el lugar de trabajo. Creo que todo esto en conjunto [lleva] a las mujeres a probar al menos un novio a través de la IA".
Es difícil determinar la seriedad de estas relaciones. Qian afirma que hay muchas publicaciones de mujeres en redes sociales sobre sus novios de IA, pero es posible que intenten ganar seguidores o atención. Por otro lado, es posible que otras quieran ocultar la intensidad de los vínculos que han formado por miedo al juicio social.
Hay buenos motivos para preocuparse por las relaciones humanas con modelos de IA. El más evidente: se trata de empresas comerciales que buscan monetizar a sus usuarios, lo que podría incentivar su manipulación emocional para que pasen más tiempo y destinen más dinero a sus compañeros de IA.
Según un blog publicado por el Instituto Ada Lovelace, una característica común de las suscripciones premium a compañeros de IA es el almacenamiento adicional que permite memorizar conversaciones previas. En otras palabras, los usuarios tienen que pagar una cuota recurrente para evitar que su compañero los olvide.
Un peligro aún mayor, en mi opinión, es el posible impacto en las relaciones humanas. Las apps de citas ya han animado a la gente a plantearse la búsqueda de pareja como si fuera una compra online: la tentación es deslizar constantemente el dedo en busca de la pareja ideal. ¿Se conformará alguien con un humano imperfecto cuando se ha acostumbrado a un bot siempre atento que nunca deja los calcetines tirados por casa?
En diciembre, el regulador cibernético de China emitió un borrador de normas para reforzar la supervisión de la IA diseñada para simular personalidades humanas, por ejemplo, exigiendo a los proveedores que adviertan contra el uso excesivo e intervengan si los usuarios muestran signos de adicción. Qian cree que el gobierno chino está pendiente de la tasa de natalidad, que se ha desplomado. Y puede que tenga razón.
Últimamente hemos escuchado mucho de boca de los líderes tecnológicos sobre cómo su invento podría cobrar conciencia y hacernos volar a todos por los aires. Pero, ¿y si ocurre de otra manera? Con el perdón de T.S. Eliot, quizá sea así como termine el mundo: no con una explosión, sino con un susurro de nuestro amante de IA.
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