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"Hay que rodearse de gente más inteligente que uno, que conozca los temas más en profundidad que tú"
Amado Franco Lahoz (Zaragoza, 1945) se incorporó al Servicio de Estudios de Ibercaja el 1 de enero de 1970, tras aprobar las oposiciones a los dos meses de terminar Ciencias Económicas y Derecho en la Universidad de Deusto. Fue el número 1. "Era la primera oposición que hacía la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y La Rioja para licenciados. Cuando entré, con título universitario solo estaban el secretario general y el jefe del servicio jurídico", recuerda el presidente de la Fundación Ibercaja, que hoy cumple 150 años. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza "nacía en 1876 para trabajar por Aragón y los aragoneses".
Y así sigue. Con un presupuesto de inversión en el año 2026 de 60 millones de euros, centra su actividad en cuatro líneas de actuación: acción social, educación, empleabilidad y cultura. Lo último en este sentido, la ampliación y rediseño del Museo Goya, en Zaragoza, y la restauración del esplendor de una de las cúpulas de Bayeu en la basílica del Pilar, entre otras iniciativas.
A la izquierda, fachada del Museo Goya, quese reinaugura en octubre, con, entre otras, la colección más completa de grabados del pintor.Director general de Ibercaja de 1987 a 2004 y hasta 2017 presidente del Consejo de Administración de la Caja y del banco, bajo el mandato de Franco la entidad se consolidó con presencia nacional. Sus funciones actuales son "representativas, de control, de unificación de criterios en el patronato y de, sobre todo, definición y planificación". Si antes se enfrentaba a una cuenta de resultados, ahora el termómetro de medir gran parte de su éxito es "el aprecio que tiene la sociedad por lo que estás haciendo con la fundación, cómo lo aprecia, lo valora, lo estima", explica el presidente de Fundación Ibercaja, accionista mayoritaria de Ibercaja, con el 88%, "aunque no gestionamos el banco", aclara.
En su día a día, y también en el despacho, Franco confiesa ser "muy roncero, como decimos en nuestra tierra. Una persona que se junta con todo el mundo, desde el arquitecto hasta al albañil. Y creo que esta característica es muy reseñable para puestos de alta dirección". El ejecutivo también destaca como elemental el poder de la escucha, "que ninguno hemos nacido sabiéndolo todo. Tengo un amigo que siempre me ha recomendado: 'Amado, tú habla poco, escucha mucho y no se te ocurra firmar nada", recuerda riéndose el ejecutivo.
Como los jefes también se equivocan, "es fundamental rectificar cuando lo haces. Así se aprende y más, a mi parecer, que de las virtudes", opina Franco.
Cuatro décadas en la dirección
En estos 56 años de trayectoria profesional y casi cuatro décadas en la más alta dirección, ¿ha cambiado su estilo de liderazgo? "Más que cambiar, yo creo que he evolucionado con los tiempos, que van muy rápido. En 1987 [ese año le nombraron director general de Ibercaja], la tecnología era relativamente sencilla y la dominaba. Hoy es imposible saber de todas las áreas tecnológicas, por eso resulta obligatorio confiar en las personas y permitir que fallen para que aprendan; que se equivoquen y sepan levantarse. Con la edad también he aprendido a distinguir entre lo urgente y lo importante. Y cuanto más arriba estés, más tiempo debes dedicar a lo importante y delegar el resto. Como decía Michael Jordan: un jugador puede ganar un partido, pero para ganar una liga necesitas un equipo", responde el presidente de la Fundación Ibercaja desde 2017.
Para competir en la élite y salir a ganar, como entrenador que fomenta un vestuario "ilusionado que trabaja por un objetivo común bien definido", Franco recomienda hacer buenos fichajes: "Hay que rodearse de gente más inteligente que uno, que conozca los temas más en profundidad que tú, reconocerlo y aceptarlo. Es decir, el máximo responsable no tiene que saber de todo porque aquí todos estamos aprendiendo. En este aspecto sí que el concepto de liderazgo es muy diferente; antes el directivo sabía todo y estaba acostumbrado a que le dijeran que qué listo era o cuánta razón tenía. Hoy eso no sirve para nada, es contraproducente de hecho", destaca. "Yo he tenido la suerte de tener equipos humanos fenomenales, tanto en el banco como en la fundación. Y gracias a ellos, he llegado a donde he llegado", reconoce el ejecutivo.
Además, entiende que como máximo responsable del grupo, "si el líder no se compromete, difícilmente la tropa le va a seguir".
Con 80 años y medio -no cumple los 81 hasta el 9 de noviembre y, bromeando, subraya que le queda mucho-, Franco no tiene en mente retirarse. "No me gustaría jubilarme del todo; si soy sincero, no. Es completamente diferente mi rol actual, que el de director general o el de presidente de Ibercaja. Ahora sufro mucho menos, es más relajado", confiesa. "Mientras tenga fuerzas, que el primer perjudicado si no las tuviese sería yo, y sigan confiando en mi trabajo y me aguanten... no quiero ponerme fecha. Tampoco voy a estar 20 años más, ¿eh?", ironiza el ejecutivo, recién investido como académico de la Real Academia de Ciencias de Zaragoza y doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza desde hace un par de cursos.
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