No es falta de voluntad. Tenemos dos núcleos que influyen en la toma de decisiones, los estupefacientes anulan al que ejerce de 'Pepito Grillo'
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Regala esta noticia Añádenos en GoogleJesús J. Hernández e Isabel Toledo (gráfico)
24/05/2026 Actualizado a las 02:52h.Cuando alguien recae en la droga, surge un cóctel de culpa y frustración difícil de llevar. En el entorno familiar y social suele reinar la incomprensión y empiezan las preguntas: «¿Por qué lo ha hecho?», «¿no se acuerda de lo mal que lo pasó?». También los reproches: «Le falta voluntad». ¿Realmente es eso? La respuesta de la ciencia es que hay otras cosas que influyen, una serie de trampas de la materia gris que hacen más fácil la recaída. Lo han visto en concreto con una sustancia: la cocaína.
Emilia Redolar, neurocientífica de la Universitat Oberta Catalunya (UOC), tira de ejemplos para explicarlo. Imagina que te levantas hambriento de la cama y tienes que elegir para desayunar entre un yogur desnatado y un dónut de chocolate, que supongamos que es uno de tus placeres confesables. «Ante el dónut, el núcleo accumbens –un pequeño lugar del cerebro que gestiona los sistemas de recompensa– se activa mucho. Nos dice, con un chute de dopamina, que lo necesitamos», retrata la especialista. Es entonces cuando entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral. «Es la encargada de recordarnos que nuestra última analítica muestra niveles altos de colesterol y azúcar y que sería mejor el yogur. Es el 'Pepito Grillo'. Y la toma de decisiones es un tira y afloja entre los dos».
AUX STEP FOR JS
¿Qué pasa cuando consumimos algunas drogas? Que deprimen la actividad de esa zona del cerebro que hace de 'Pepito Grillo' y facilitan la recaída. De hecho, se observa incluso en el cerebro, donde esa área aparece atenuada. «En las adicciones, la corteza prefrontal dorsolateral funciona por debajo de lo normal. Algunas personas tienen, además, una predisposición genética, que conocemos bien, a través del transportador de la dopamina y algunos genes. Pero es que el propio consumo intensifica ese efecto, también en personas sin esa predisposición, y hay cada vez un menor control de la conducta, una menor capacidad de pensar a largo plazo», detalla Redolar.
¿Se puede revertir? Aquí viene la buena noticia: «Sí, con neuromodulación». Básicamente, los expertos de la UOC han probado ya a estimular en el laboratorio esa zona del cerebro que está 'apagada' para que vuelva a hacer su tarea correctamente. Y los resultados son alentadores. «Cuando activamos esa parte de la corteza con estimulación magnética se mantienen los efectos positivos a largo plazo. No vas a dejar de ser adicto, pero vas a tener más control de tu propia conducta y menos deseo porque controla mejor el núcleo accumbens».
Una proteína
En un estudio publicado en la revista científica 'Science Advances' hecho por la Universidad de Michigan se confirma todo esto. Muestra cómo la cocaína altera el funcionamiento del hipocampo, lo que contribuye a la compulsión continua de buscar la droga. En esta droga, el efecto se dispara, particularmente porque «afecta directamente a los transmisores de dopamina». La cocaína «bloquea la recaptación de dopamina, lo que permite que se acumule en el accumbens y prolonga sus acciones, mientras que los opiáceos (como la heroína o el fentanilo) provocan un aumento de la actividad de las neuronas dopaminérgicas en el área tegmental ventral, lo que hace que liberen más dopamina en el accumbens».
En España, según los registros del Ministerio de Sanidad en 2023, más de 100.000 personas de entre 15 y 64 años son «usuarios problemáticos de cocaína», retratados como aquellos con un consumo habitual y clara dependencia. «Observamos que el consumo repetido de cocaína aumenta los niveles de la proteína DeltaFosB en las neuronas del hipocampo. Esta proteína actúa como un interruptor genético, activando y desactivando otros genes. A medida que se acumula, cambia el funcionamiento de las neuronas» explica el investigador Andrew Eagle. Todos estos hallazgos científicos mejoran los tratamientos. Se están testando ya «en modelos de ratón y podrían tener aplicaciones directas en los seres humanos, que comparten muchos de los mismos genes y circuitos similares».
El estudio de Eagle destaca que, además de ahondar en la comprensión general del procesamiento de las recompensas en el cerebro, estos avances «pueden ayudar a desestigmatizar los trastornos por consumo de sustancias y hacer que la percepción social avance hacia la comprensión de que la adicción es una enfermedad, y no simplemente una debilidad o un fallo de la fuerza de voluntad».
Emilia Redolar detalla que la UOC «ya está tratando desde hace tiempo a algunas personas con estas adicciones y también hay otros centros que lo están haciendo.Tiene bastante éxito». Saben, además, que funciona bien con problemas diferentes. «En la cocaína es más fácil ver los buenos resultados, pero nosotros lo hemos usado en otros casos, como el juego patológico o en algunas formas de adicción a la comida». El circuito de recompensas, esa lucha entre el 'disfrutón' núcleo accumbens y el 'Pepito Grillo' de la corteza prefrontal, es similar.
El verdadero enemigo para la recuperación es la mente tóxica
Cuesta cambiar, incluso cuando algo nos daña. «La recuperación no consiste sólo en abandonar una sustancia sino en reconstruir la forma de vivir, pensar y relacionarse con uno mismo. Hay que evitar caer en el autosabotaje porque complica la salida», explica el fundador de Esvidas, Guillermo Acevedo. En una charla con Jonathan Falcón, terapeuta y adicto en recuperación, explica que «la droga no es el verdadero enemigo sino la mente tóxica». Un complejo laberinto donde es fundamental «la adicción aprende a generar malestar y ansiedad para que busques ese alivio inmediato y hay que identificar esa voz interna y separarla de la propia identidad. No hablas tú sino la adicción». Para sostener los malos momentos un andamiaje de buenas rutinas diarias es «la mejor medicina».
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