- IÑAKI GARAY
Pedro Sánchez desde China pedía ayer a la Justicia, con un giro redundante, "que haga justicia", pero su reclamación sonaba un poco impostada. Parecía obedecer más a aquel proverbio que dice que "cuando un hombre pide Justicia, lo único que quiere es que le den la razón", que a una vocación real de respeto al Estado de Derecho.
El presidente intentaba aparentar ser un equilibrado hombre de Estado rendido a los procedimientos de la democracia. Y hasta hubiera resultado creíble si no fuera porque en esos momentos varios ministros ya estaban atacando con todas sus armas al Poder Judicial para amedrentarlo. Lo hacían sin pudor y sin recato, como si alguien en la distancia hubiera tocado a rebato y estuvieran obligados a ir con el cuchillo entre los dientes.
El más vehemente en sus amenazas fue precisamente quien más debería guardar las formas. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, intentó desacreditar por enésima vez al juez instructor, asegurando que la preocupación por las actuaciones de Peinado, "es muy generalizada en el mundo judicial".
Desde luego Bolaños no precisó ese nivel de generalización, pero debía ser más bien poco teniendo en cuenta que poco después las principales asociaciones de jueces de este país, la Asociación Profesional de la Magistratura y la Francisco de Vitoria, ya le estaban recordando al ministro que sus palabras eran "inadmisibles", por lo que suponen de ataque a la independencia del Poder Judicial y a la separación de poderes, dos de los pilares básicos de cualquier democracia.
Lo cierto es que el Gobierno ha venido eludiendo con vehemencia que Begoña Gómez dé explicaciones de sus actividades, mientras ha intentado sin éxito por todos los medios que el Consejo General del Poder Judicial frene al juez Peinado de forma abrupta.
La realidad es que, al margen de que en algunos momentos la instrucción del juez Peinado haya podido ser poco ortodoxa, y que la Audiencia Provincial de Madrid le haya tumbado algunas actuaciones por falta de motivación o por vulnerar principios de proporcionalidad, en general la sala ha entendido que el núcleo de la instrucción tiene todo el sentido y que hay base para juzgar a la esposa del presidente.
Hechos
Al margen de la valoración penal que estimen los jueces, el auto de procesamiento de Peinado es para algunos juristas consultados totalmente correcto. Tan solo algunos consideran una extravagancia la referencia que hace al felón Fernando VII, pero eso es anecdótico y no eclipsa la relevancia de los hechos que se describen y que llevan al juez instructor a proponer la apertura de juicio oral a la mujer del presidente por los delitos de corrupción, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
Las cartas de recomendación que Begoña Gómez redactó para favorecer al empresario Juan Carlos Barrabés, cuya empresa obtuvo contratos públicos por 21 millones entre 2021 y 2022 o la redacción de los pliegos para contratar el software en la Complutense sin cualificación técnica, o la apropiación que hizo de ese mismo software, unido a la utilización de una asesora de Moncloa para las gestiones personales de la cátedra son elementos suficientes para que Begoña se siente en el banquillo. Que se supiera que había que crear esa cátedra para la mujer del presidente es difícil de justificar políticamente.
De aquí se desprende la virulencia con la que el Ejecutivo se está empleando para embarrar el proceso. Bolaños estuvo acompañado ayer en su ofensiva por otros miembros del Ejecutivo. Elma Saiz, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, reclamó su condición de jurista para cargar contra el escrito de Peinado al que calificó como "un auto con argumentos inéditos". También el ministro de Transportes, Óscar Puente, se puso el traje de condición de jurista para atacar a Peinado. "Es vital que todos nos preguntemos si estamos ante decisiones judiciales que refuerzan nuestra democracia y persiguen la impunidad o si estamos ante decisiones que la debilitan", dijo el ministro.
Lo cierto es que para muchos juristas esta declaración vehemente de Puente debilita más a la democracia de lo que la puede debilitar el escrito de Peinado. Puente dijo ayer que, después de leerse el auto del juez, no llega a ver qué es lo que se le reprocha a Begoña Gómez. Alguien le proponía un ejercicio para refrescarle la imaginación. Imagine, señor ministro, venían a decirle, que los hechos cometidos por Begoña Gómez que se describen en el auto de procesamiento de Peinado hubieran sido protagonizados no por la esposa de Sánchez, sino por la mujer de Feijóo siendo este presidente. ¿Qué diría entonces Puente?
España también necesita un Péter MagyarSánchez eleva su apuesta por China y reta a los Estados Unidos de TrumpRecortes de Arcadi Comentar ÚLTIMA HORA-
09:11
Los inversores se alejan de las aseguradoras de vida
-
09:00
Ataque preventivo al Poder Judicial
-
08:57
Renta 2025: cambios en la declaración que afectan a artistas e influencers y otras novedades
-
08:48
Silbon aspira a duplicar ventas en tres años y facturar 200 millones
-
07:55
Los robots humanoides que pueden dar volteretas, rodar, bailar e incluso boxear