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Atar al diablo: el enigmático rito de San Marcos que aún se practica en Málaga

Atar al diablo: el enigmático rito de San Marcos que aún se practica en Málaga
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En algunos pueblos de la provincia los vecinos salen al campo para amarrar jaramago y ahuyentar al mal

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Anudar plantas sin que se rompa es parte de esta tradición. J. A. Atar al diablo: el enigmático rito de San Marcos que aún se practica en Málaga

En algunos pueblos de la provincia los vecinos salen al campo para amarrar jaramago y ahuyentar al mal

Javier Almellones

Málaga

Sábado, 25 de abril 2026, 00:18

Uno de los lugares donde esta tradición cobra más sentido es Cuevas de San Marcos. No sólo por llevar el nombre del evangelista, sino porque aquí se sitúa la leyenda que da origen a este rito. En la cercana Cueva de Belda, en la Sierra del Camorro, la tradición oral sitúa la presencia del mismísimo diablo, un ser temido que, según los relatos, impedía incluso el avance de los ejércitos cristianos en tiempos de la Reconquista.

Ante aquella amenaza, fue enviado un fraile que, según la tradición oral, tras varios intentos fallidos, logró someter a la criatura. Lo hizo empuñando una cruz y pronunciando unas palabras que aún resuenan en el imaginario popular: «con esta cruz yo te ato». Para culminar el gesto, utilizó una planta de jaramago, cuyos tallos anudó como símbolo de dominio sobre el mal. Desde entonces, según la leyenda, el diablo quedó vencido y no volvió a manifestarse.

Arriba, la Cueva de Belda. Abajo, la salida de la romería de San Marcos y la falla de la Sierra del Camorro, en Cuevas de San Marcos. J. A. y Ayuntamiento de Cuevas de San Marcos

Ese episodio, situado por la tradición en la madrugada de un 25 de abril, habría dado origen a una práctica que aún hoy se repite durante la romería de San Marcos. Vecinos y visitantes salen al campo y, entre comida y convivencia, buscan jaramagos —o alguna planta similar— para hacer un nudo que reproduce aquel gesto simbólico del fraile.

El rito, aunque sencillo, tiene sus matices. La tradición marca que los tallos no deben romperse al anudarlos, ya que el gesto pierde su sentido si no se realiza con cuidado. En algunos lugares se entrelazan dos jaramagos; en otros, se utilizan tallos de cereal o plantas silvestres que se encuentran en el entorno. Ese nudo simboliza la victoria sobre el mal, una forma de «atar» al diablo para que no interfiera ni en la vida cotidiana ni en el ciclo agrícola.

Más allá de la leyenda concreta de la Cueva de Belda, este gesto se interpreta también como un acto de protección. Según recogen distintas tradiciones populares, sirve para alejar desgracias, enfermedades o malas influencias, pero también para garantizar buenas cosechas. No es casual que se realice en pleno campo y en una fecha clave del calendario agrícola, cuando los sembrados empiezan a definir su futuro.

Otros pueblos

Aunque Cuevas de San Marcos concentra el origen más definido de esta práctica, lo cierto es que «atar al diablo» o realizar el llamado «nudo de San Marcos» se repite, con variantes, en otros municipios de la provincia. En localidades como Casabermeja, Villanueva de Algaidas o El Borge se conserva esta tradición, aunque adaptada a cada entorno. En algunos casos se habla directamente de «amarrar el diablo», y el rito puede realizarse sobre jaramagos, pero también sobre otras plantas o incluso sobre los propios sembrados de trigo o cebada. La intención, en cualquier caso, es la misma: dejar simbólicamente fuera de juego a las fuerzas del mal.

En paralelo a este ritual, el 25 de abril mantiene en muchos de estos pueblos otra costumbre muy arraigada: salir al campo para pasar el día. Es lo que en la Axarquía se conoce como 'sanmarqueo', una jornada de convivencia en la naturaleza en la que no faltan las comidas compartidas y recetas tradicionales como los hornazos, esas roscas de pan con huevo cocido que se preparan para la ocasión.

Este componente festivo convive con el simbólico sin que uno anule al otro. Al contrario, ambos forman parte de una misma forma de entender el territorio y sus tradiciones, donde lo religioso, lo agrícola y lo social se entrelazan de manera natural.

Así, entre nudos de jaramago, meriendas al aire libre y relatos transmitidos de generación en generación, San Marcos sigue siendo en Málaga mucho más que una fecha en el calendario: una forma de mantener vivo un legado en el que, al menos por un día, el diablo vuelve a quedar atado.

En torno a San Marcos, también existe otra tradición muy arraigada en algunos de los pueblos mencionados y otros de la provincia de Málaga, el de elaborar el hornazo, una masa de pan con un huevo cocido incrustado que da la nota gastronómica a esta fiesta tan popular.

Entre los pueblos que también celebran de alguna forma el Día de San Marcos, además de los ya citados, están Villanueva del Rosario, Villanueva de Tapia, Iznate, Villanueva de la Concepción, Cuevas Bajas, Benaoján, Alfarnate o Alfarnatejo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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